John Banville – El mar

“Tuvimos una tormenta. Duró toda la noche y a media mañana aún seguía, una cosa extraordinaria, no he visto nada semejante, en estas zonas templadas, ni en violencia o duración. Disfruté de lo lindo, incorporado en mi adornada cama como si fuera un catafalco, si ésa es la palabra que quiero, la habitación sumida en un parpadeo de luz y el cielo a patada limpia, rompiéndose los huesos. ¡Por fin, me dije, por fin los elementos han alcanzado un extremo de magnificencia acorde con mi torbellino interior! Me sentía transfigurado, me sentía como uno de los semidioses de Wagner, flotando sobre una nube tronante y dirigiendo los estruendosísimos acordes, el choque de los címbalos celestiales. En este estado de euforia histriónica, en medio de la efervescencia de los vapores del coñac y de la electricidad estática, consideré mi posición bajo una luz nueva y crepitante. Me refiero a mi posición en general. Siempre he poseído la convicción, inmune a todas las consideraciones racionales, de que en algún momento futuro y sin especificar, el permanente ensayo que es mi vida, con sus numerosas malinterpretaciones, sus deslices y pifias, terminará, y la obra propiamente dicha, para la que me he estado preparando siempre y con tanto ahínco, comenzará por fin. Es una ilusión muy corriente, lo sé, todo el mundo la tiene. No obstante, ayer por la noche, en mitad de esa espectacular exhibición de petulancia valhalliana, me pregunté si sería inminente el momento de mi entrada, de mi  adelante, por así decir. No sé cómo será, este salto dramático al meollo de la acción, ni qué se espera que tenga lugar exactamente en escena. No obstante, preveo algún tipo de apoteosis, algo imponente y climatérico. No estoy refiriéndome a ninguna transfiguración póstuma. No contemplo la posibilidad de que haya otra vida, ni que exista ninguna deidad capaz de ofrecerla.

Dado el mundo que Dios creó, sería una impiedad contra él creer en su existencia. No, lo que anhelo es un momento de expresión terrenal. Eso es, eso es exactamente: seré expresado, totalmente. Seré pronunciado, como un noble discurso de clausura. Seré, en una palabra, dicho. ¿Acaso no ha sido siempre mi objetivo, no es, de hecho, el objetivo secreto de todos nosotros, dejar de ser carne y transformarnos por completo en la sutileza del espíritu que ya no sufre? Pum, bam, barrabum, las paredes tiemblan.”

No he escogido estos párrafos de El Mar de John Banville por sus referencias a Wagner, sino porque me parece una muy buena muestra de la calidad de este escritor irlandés que desconocía antes de que Imma y Neus hablasen de él aquí y finalmente Neus me regalase este libro para mi cumpleaños. Gracias dobles, por el regalo y por el descubrimiento. Y antes de seguir, un poco de música. Debussy no iría mal, pero el narrador admira los Nocturnos de Fauré (y es selectivo: “Toca Chopin muy bien. Espero que no empiece con John Field, eso no podría soportarlo”), de manera que respetaremos su buen gusto con este Nocturno Nº 1 en Mi bemol menor interpretado por Germaine Thyssens-Valentin.


Bien escrita,  aunque su prosa no me ha parecido tan brillante como se proclama y me pregunto cuánto habrá perdido en la traducción, muy bien construida, triste y a veces dolorosa, tiene un peculiar lirismo, seco y carente de recursos fáciles, en las antípodas de la sensiblería. Pero de un libro tan introspectivo como éste, ni me es fácil hablar ni creo que valga mucho la pena hacerlo. Hay que catarlo y decidir.

“¿Podíamos, podía yo, haber actuado de otro modo? ¿Podía haber vivido de otro modo? Infructuosos interrogantes. Naturalmente que podía, pero no lo hice, y ahí reside el absurdo de incluso preguntarlo. De todos modos, ¿dónde están los parangones de la autenticidad con que se pueda comparar mi yo inventado? En esos últimos cuadros que Bonnard pintó en el cuarto de baño, en los que retrató a la septuagenaria Marthe, nos la muestra como la adolescente que él creía que era cuando la conoció. ¿Por qué me exijo a mí más veracidad en mi visión que a un gran y trágico artista? Hicimos lo que pudimos, Anna y yo. Nos perdonamos el uno al otro por todo lo que no éramos. ¿Qué más podía esperarse, en este valle de lágrimas y tormentos? No pongas esa cara de preocupación, dijo Anna, yo también te odié, un poco, éramos seres humanos, después de todo. No obstante, a pesar de todo eso, no puedo desembarazarme de la convicción de que me perdí algo, de que nos perdimos algo, sólo que no sé qué pudo ser.”

Dicen que la mejor forma de escribir una buena novela, o al menos cierto tipo de buena novela, es hacerlo intentando dibujar, no una historia sino una sensación. Si ese fue el punto de partida de El Mar, la sensación de John Banville debió ser la que describe en su última página.

“Mientras estaba allí, de repente, no, no de repente, pero en una especie de paulatino empujón, todo el mar se hinchó, no fue una ola, sino una marea lenta y constante que pareció alzarse de las profundidades, como si se hubiera removido algo inmenso ahí abajo, y por un momento me vi levantado y transportado un par de metros hacia la orilla, y entonces caí sobre mis dos pies, como antes, como si nada hubiera pasado. Y de hecho no había pasado nada, una memorable nada, tan solo otro de esos grandes encogimientos de hombros con que el mundo manifiesta su indiferencia”

Así resume la historia su narrador y protagonista, como una memorable nada a la que se ha reducido lo que le supuso sin embargo un mareante vértigo en el que no faltó mucho dolor.

“Qué pequeño recipiente de tristeza somos, navegando en este apagado silencio a través de la oscuridad del otoño”.

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Interesantísima crítica de Francisco Casavella en Babelia

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John Banville nació en Wexford, Irlanda, en 1945. Autor de novelas como Imposturas, El libro de las pruebas, Mefisto y La carta de Newton, y de biografías como Copérnico y Newton, es, en palabras de George Steiner, ‘el escritor de lengua inglesa más inteligente, el estilista más elegante’. Su novela The sea ha ganado el Premio Booker 2005. También escribe novela negra con el seudónimo Benjamin Black, a quién considera el trabajador, mientras él sería el artista.

Ha sido comparado con Nabokov y reconoce la influencia del Joyce de Dublineses. Dice odiar todos sus libros y no leer las críticas, aunque es un género que también practica.

“La mejor crítica que he recibido fue una vez paseando por la calle. Se me acercó un hombre en su bicicleta, yo pensé que me iba a asaltar, y me gritó: “¡De puta madre!”. Llevaba El libro de las pruebas. Lo cierto es que no leo las críticas, no me interesa. Yo hago mi trabajo. Y mi trabajo consiste en algo denso y exigente, como la poesía.”

“Si pregunta por el significado del mar en mi novela, puedo decirle que es muy simple: el mar es el entorno en el que pasé tantos veranos cuando era niño. Sinceramente, quise que el ritmo del mar estuviera en mi prosa, y algunos han sido bastante amables diciendo que lo logré.”

Entrevista de Gastón Garcia en “La voz del Interior”

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Nota frívola para variar: Su foto me recuerda, por aspecto, vestimenta y pose, a una muy famosa de alguien que no logro recordar.

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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11 respuestas a John Banville – El mar

  1. allau dijo:

    Por los fragmentos que reproduces creo que en inglés ha de sonar formidable. Tomo nota.

    • José Luis dijo:

      Le ponen por las nubes como prosista, pero la forma de abordar la historia es impresionante. Voy a dejar arriba un enlace con una crítica muy interesante que había olvidado.

  2. Angels dijo:

    Tengo que leer el libro ,para hacerme una opinión.Ahora estoy con 1Q84 de Murakami
    (es que el titulo se las trae ) es facil de leer ,estoy en el principio cuando llegue al final de leer,ya opinaré.Normalmente los libros de Murakami pasan bien pero cuando llegas
    al final es cuando reaccionas (en algunos ni reaccionas).No sé,me he vuelto escéptica ante muchas cosas,hago al revés que mucha gente,ante la vida,ante todas las cosas a las que daba importancia,no digamos las creencias religiosas; ya te digo a medida que me !ejem!hago mayor,doy menos importancia a las cosas.
    Bueno ,aun me quedan cosas que me importan : el cariño de mis hijas yernos nietos etc
    todo lo superficial me importa 3 pepinos;aunque sigo siendo presumida,como toda la
    vida.Se acabó aqui de decir chorradas MUASsssssssss

    • José Luis dijo:

      De chorradas nada, que sin bombo ni platillos vas diciéndolas buenas. “3 pepinos” sería un buen nombre para un blog.

      Leí Tokyo Blues, me quedé sin reacción 🙂 y sin ganas de repetir nada de este señor.

      MUasssssssssssss

  3. kalamar dijo:

    Me recuerda mucho a El mar, el mar de Iris Murdoch: un artista se retira a la costa para evocar, huir, vivir. La probaremos.
    Mura-kaka-mi lo dejé tras leer Al sur de la frontera, al oeste el sol . No creo que le dé una 2ª oportunidad.
    Me voy a merendar, que me toca MET-icària!

  4. kalamar dijo:

    me lo acabo de comprar en inglés pq está en ed bolsillo, mucho más baratito. Cuando acabe el que tengo entre manos (marvilloso Pushkin), será el siguiente. Qué ganas!

    • José Luis dijo:

      No sabes la envidia que me dais los anglo-leyentes. Si llega la jubilación, es casi seguro que me pongo, que para leerlo tampoco me falta tanto, creo

      ¿Qué Pushkin?

      • kalamar dijo:

        No te creas, me cuesta un esfuerzo. Suerte que con el Word Reference on line, traducir palabras es más rápido.
        Tras “Eugenio Oneguin”, me puesto con las narraciones completas, (Belkin, dama picas, hija del capitán…) llenas de héroes y heroinas.

  5. elena dijo:

    Me ha encantado el mar y también tus reflexiones. Bamville me enamoró con antigua luz y aún sigo en trance… 🙂

    • José Luis dijo:

      Gracias, creo que eres nueva por aquí, bienvenida. Ultimamente oigo hablar más de las novelas que firma como Benjamin Black, pero creo que tendría que leer más cosas de esta, como esa Antigua luz que citas

  6. jjiraceburu dijo:

    Reblogueó esto en Club de lectura la Txany comentado:
    Aquí os dejo esta página sobre el libro que nos toca para el verano. Contiene varios enlaces que pueden ir preparándonos para leerlo.
    ¡Felices lecturas!

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