India VIII – Autorregulación

Fotografiada en Delhi el primer día de viaje, esta caseta de la policía de tráfico con más pinta de abandonada que de enseguida vuelvo, resultó ser premonitoria y resumir lo que parece una característica de la sociedad India: Autorregulación y escasa intervención de una autoridad que, en el extremo opuesto a lo que sucede en Egipto (o sucedía cuando lo conocí hace pocos años), brilla por su ausencia en las calles.

Foto de Ramón

También es cierto que la función crea el órgano y vivir en estos mundos debe exigir echar mano a los recursos propios sin esperar a que los poderes públicos promulguen y además hagan cumplir unas leyes. Lo cual no deja de tener sus ventajas, porque hecha la ley hecha la trampa, y, por ejemplo, aunque este colorido carrito de “agua refrigerada” nos anuncie  que posee licencia, sólo un nativo ya inmune o un turista incauto que haga más caso de la palabra ley que del sentido común se atreverán a beberla.

Es en el tráfico donde la palabra autorregulación se hace más evidente, aunque parece lógico pensar que ese mecanismo actúe también en otros ámbitos. Normas muy flexibles y vamos a ver como salimos adelante por nuestra cuenta. En las carreteras, con todo lo que se verá, ni un solo guardia, y en las ciudades, los urbanos son tan raros que hasta se les hacen fotos. El decidido gesto del de aquí abajo, absolutamente excepcional,

Fotos de Borja

y ya se ve cuánto les importa el otro a estas chicas que se cruzan a un palmo del conductor y motor de nuestro rickshaw, sin que tampoco él deje por eso de pedalear e interrumpa ni un segundo el antológico paseo que nos dieron en Jaipur, ciudad y aventura que todavía esperan su turno.


No recuerdo muchas esperas ante un semáforo y a los urbanos les ví acompañando y dejándose llevar mucho más que ordenando y dirigiendo. Más o menos como algún director de orquesta y como el guardia que en este video está cubriendo el expediente en la misma ciudad de Jaipur, un objeto decorativo al que nadie hace ni caso, aunque me pregunto si en circunstancias parecidas los nuestros sirven de más por mucho que se desgañiten.

Se habrá podido advertir que los cláxones no paran. Tampoco en la carretera, dónde todo el mundo advierte permanentemente de su presencia y de sus intenciones, impidiéndonos la menor siestecilla. Conducen de forma pacíficamente agresiva. Si alguien va a interponerse en su camino, en vez de frenar un poco y analizar la situación, aceleran a muerte y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga, sin inmutarse. No obstante, a raíz del citado paseo en rickshaw, me quedé con la impresión de que, en caso de empate, se cede ante el débil: Una educada ley del más fuerte.

Vacas en la autovía, ya tópico, pero también un hombre dormido en el arcén con las piernas atravesadas en plena carretera que no provoca más gesto en nuestra tripulación que el del chofer para evitarlo. Pensar en que los camiones reúnan unos mínimas condiciones y en regular la carga y la forma en que debe ser transportada es asignatura que aún no toca, ni siquiera cuando lo que se acarrea son personas. Seguridad es una palabra que queda muy alta en la pirámide de las necesidades, y los obreros de la construcción que se ven en la foto de abajo tampoco saben de cascos ni barandillas.

Foto de Ramón                                                                                                                                                               Foto de Mercé

Nos encontramos con más de un aparatoso embotellamiento que luego se resolvía con relativa rapidez (especialmente para los que no teníamos prisa) y el único que hubiera puesto a prueba nuestra paciencia, dio lugar a un buen ejemplo de autorregulación en uno de los episodios más memorables del viaje. Fue un bautismo de carretera, en el primer desplazamiento largo, en una autovía entre Delhi y Jaipur con tramos en construcción

El tráfico era denso, con muchísimos camiones. Pronto empezó un acordeón, y en una de las paraditas nos quedamos atónitos al ver un vehículo que nos adelantaba por la vía de la derecha, circulando en dirección contraria. Aún no habían cesado las exclamaciones cuando nuestro conductor daba un golpe de volante, saltaba suicidamente la mediana y nos encontrábamos también nosotros yendo tan ricamente por donde venía lo que venía y se nos venía encima.

Algún inconsciente se puso a hacer fotos y a reír por no llorar, mientras otros, como el que se ve tras el guía, se mantenían petrificados y en absoluto silencio, apretando el cogote contra el reposacabezas por intentar alejarse del impacto que en algún momento pareció bastante probable. Unos y otros nos refugiábamos en la idea de que “eso” debía ser normal “allí” y en el deseo de que el chofer supiera lo que se hacía.

Bienvenidos a India, y esperemos que el colgante huevo Kinder con templete tenga las propiedades protectoras que parece prometer. Al fondo, de la caravana que estamos adelantando, salta un camión que ha decidido sumarse a la fiesta, y lo de mal de muchos consuelo de tontos adquiere un nuevo sentido, porque si somos muchos y otros nos abren paso, es menos probable que la primera bofetada nos la llevemos nosotros. Por la derecha, otros aventureros circulan también en sentido contrario, y, observando la jugada ya de vuelta en casa, se me plantea una pregunta que tumbaría a muchos en el examen teórico para el carnet de conducir: Si uno va por el carril contrario en un país en el que se circula por la izquierda, ¿por dónde debe hacerlo?  ¿Por la derecha? ¿Por la izquierda? ¿Por donde Vicente? ¿Por donde se pueda escapar antes?

Aunque esta última foto no es tan inquietante, en ningún momento fue “lo mismo que aquí pero sin conos”. He tenido la fortuna de dar con un video de unos jóvenes ingleses que vivieron algo parecido por no perder un avión y de veras que vale la pena verlo de cabo a rabo, hasta la pirueta de la rentrée final. Nada más empezar, puede apreciarse que hay dos variedades de suicidas: el discreto, que enseguida se pasa al arcén, y el que tiene más prisa que miedo, como estos chicos, que al final perdieron igualmente el vuelo.

Se habrá observado también que nadie les hizo luces y que era su bocina la que más sonaba. Nosotros no abríamos camino pero más de un camión nos pasó también muy cerquita.

Hicimos así unos cuatro o cinco kilómetros antes de encontrar el accidente que había provocado el atasco, un camión vencido en la mediana, seguramente apartado hacía poco rato, porque no parecía despertar tanta curiosidad en sus colegas como para ser esa la causa de la retención. Enseguida volvemos a nuestro carril ya absolutamente despejado. Hemos ganado mucho tiempo y una aventura que ha acabado bien, con lo que el conductor se lleva un sentido aplauso y una ovación mezclada con suspiros de alivio. Durante el resto del viaje comprobamos que conduce muy bien, con suavidad y decisión, haciendo pasar el autocar por donde no parece posible cuando conviene. La única vez que, en una carretera secundaria, desistió inesperadamente y se detuvo para ceder el paso al vehículo que venía en dirección contraria, acertó, porque no cabíamos.

Aun tardamos bastante en llegar al palacio reconvertido donde debíamos comer a medio camino, pero aunque estas fotos sugieran lo contrario, ya no hubo ocasión de volver a repetir la suerte. Embotellados pero seguros

y tomando ejemplo.

El hecho es que hasta el último día no vimos más accidentes, y ninguno parecía grave. Nada de choques frontales por circular en sentido contrario: Un camión patas arriba

nada raro teniendo en cuenta como los cargan,

y otro que se había salido de la carretera

y que estaban retirando en ese momento. Obsérvese por dónde pretendía pasar nuestro conductor.

Foto de Mercé

Por lo oído y lo poco que llevo viajado, India no es el único país con un tráfico delirante. Seguramente los raros, al menos por infrecuentes, somos nosotros y nuestro orden. Todo tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y como muestra, este breve video de un cruce que ningún urbano ni semáforo gestionaría mejor. Creo que es en Hyderabad.

En todo caso, el azar también influye, la suerte es caprichosa,

y siempre conviene saber esquivar los golpes

o al menos procurar caer en blando.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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10 respuestas a India VIII – Autorregulación

  1. kalamar dijo:

    Qué mal rato he pasado, JL. Campi qui pugui muy angustioso. Pero al final la conclusión, después del magnífico video de Kashsoldier, es que todo fluye sin ley. Aquí, la ley, muchos se la saltan. Qué es mejor? Ni lo uno ni lo otro es apto para cardíacos. Los hombres se convierten en animales enjaulados dentro del coche..

    • José Luis dijo:

      Salvando lo de ir en contradirección, especialmente como los ingleses del video, ese campi qui pugui no es angustioso. Circulan muy atentos, porque no hay más remedio, pero yo creo que menos tensos y agresivos que aquí. Tampoco se va tan rápido, y me parece a mí que sufrirá más un cardíaco aquí que allí.

  2. Angels dijo:

    Es alucinante esta forma de circular ,como dice kalamar se ha de tener el corazón a prueba de bomba. Quizás si que sufriria más un cardíaco aqui en la mal llamada civilización,pero en estas ciudades de la India !!Deu ni dó!!!.. Haces referencia a la no velocidad pero ya me dirás, que velocidad pueden alcanzar con esos vehiculos que bastante hacen con andar.Son experiencias muy buenas que luego vas almacenando en tu “coco”.Yo les
    pondría la medalla al mérito civil a los conductores profesiona les y obligatoriamente una revisión médica con
    bastante frecuencia (lo veo con ojos occidentales) Me alegro que lo hayas vivido y que lo cuentes tan ricamente
    Bona nit y MUASSSsssssss

    • José Luis dijo:

      No me metería en una situación de esas expresamente, pero cuando no puedes optar por dejarlo, el riesgo tiene su gracia. Y como recuerdo, sin nada roto y tan ricamente como dices, más. 🙂

  3. Assur dijo:

    Ahir al vespre vaig llegir dues vegades aquest “post”, i avui he repetit. Que per què?… Per favor no et posis vermell, que ja et conec, però et sóc molt sincer dient-te que m’encanta com en aquest i en d’altres “posts” aconsegueixes, fent servir l’humor que et caracteritza, que el lector no vulgui perdre el fil de la narració, és a dir i utilitzant com a símil la manera de conduir de l’Índia: De la mateixa manera que els conductors d’aquell país no s’aturen per res, ja que l’important és arribar, jo tampoc, a la primera lectura, vaig aturar-me en cap moment malgrat les ganes de riure que em feien alguns fragments de la narració, i no ho vaig fer perquè volia arribar al final, i això provoca que, un cop arribat, faci marxa enrere i torni a llegir el text, que ja sé com acabava però, ara, gaudir-lo tot “paladejant-lo” poquet a poquet.

    Tal i com li deien a em sembla que era la Carmen Maura, oi?, jo, José Luis, et dic amb tota sinceritat que “tú vales mucho”. M’encanta com escrius i, com diria en Joan Tardà a l’espai “Polònia”, de TV3, “ho sento, però algú ho havia de dir!”

    • José Luis dijo:

      ¿Jo vermell? Que va! El que si es cert es que un sobtat augment de pes ha trencat la cadira i t’escric assentat a terra. De fet quan he llegit “Ahir al vespre vaig llegir dues vegades aquest “post” , i avui he repetit” he pensat que seguiries “i encara no se que c. vols dir” I ara no sé que més dir-te. ¿Et trobes bé? 😆

    • José Luis dijo:

      Jo ja he llegit el teu comentari quatre vegades. En mitja hora.

  4. Angels dijo:

    !Anda,anda, que con tantos piropos ,tan merecidos claro que has roto la silla,pero es de satisfacción de ver el éxito que tienes,ganado a pulso y habiendo hecho una recolección de amigos que refrenda el dicho de :”quien siembra recoge” ,tu en vez de patatas nos recolectas a nosotros !Vale, pues Vale!! Pueden haber productos más
    exquisitos ,pero nosotros somos como las”trufas blancas “(de verano) Bueno,adiós y MUASSSSsssssss.!!hay
    que ver lo “repelente” que me he puesto Excusame y Adiós

    • José Luis dijo:

      Y tu de trufa blanca y jaleando más aún… 🙂 Los elogios de Assur me ha dejado pasmado, y sé que es sincero, de manera que o tiene mal gusto, o se había tomado algo, o puede que a veces suene la flauta. Yo me suelo ver muy retórico y grandilocuente, pero supongo que con la práctica todo puede mejorar. En confianza, y al oido te lo digo: Creo que me sale mejor cuando no digo mentiras 🙂

  5. Pingback: Música para conducir y para no conducir ® | Ancha es mi casa

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