India IX – Guiris en Jaipur

Aunque, según la Real Academia, cualquier turista extranjero es un guiri, no todos saben lucir tan naturalmente los atributos que les son más propios, como el excelente y discreto gusto en el vestir, incluyendo el jersey anudado en la cintura y algún amistoso detalle integrador, la inevitable cámara fotográfica y también la capacidad para fastidiar las fotos de sus colegas como lo hacía este ejemplar, que, dicho sea de paso, me ha recordado a aquel Javier Martin que en un momento dado imitaba a Johann Cruyff y al poco meneaba el mocho con inigualable estilo en un programa de Alfonso Arús. Porque, un buen guiri, además de pasar de la imagen propia, pasa también de las ajenas y pasa siempre por delante cuando estás a punto de lograr la foto de tu vida. Suerte que, en ese intento, lo único que se había autorretratado era la cámara y enseguida pude cumplir con otra actividad típica del gremio, cuyos miembros tampoco podemos pasar ante un espejo sin valorar la posibilidad de dejar constancia de quién es el artista.

Un momento inmortalizado para la posteridad durante la visita al Fuerte Amber, en una etapa del viaje que puede resumir muy bien las maravillas de guirilandia. Desde luego, la primera, las prisas.

Ese día amanecimos en Jaipur y empezamos la jornada deteniéndonos un momento ante el Palacio de los vientos o Hawa Mahal; sólo un momento, porque esa misma mañana hay que acercarse al Fuerte, luego volvemos para un paseo en rickshaw y aún queda antes de comer una cosilla de las que nunca puede faltar, o séase, compras. Hay prisa, y ante un edificio que es el símbolo de la ciudad y que merecería ser disfrutado y sentido con una contemplación prolongada, solo hay tiempo para hacerlo a través del visor de la cámara.

En el autocar nos han explicado que la casucha era el harén de un palacio ya desaparecido, y que las casi mil ventanas eran para que las cortesanas  pudieran ver al personal sin ser vistas, como en cualquier bardemiana Calle Mayor, porque el palacio fue construido en una de las principales vías de la ciudad y el precio del suelo no debía permitir rodearlo de los habituales jardines de recreo. Y en algo hay que entretenerse, sobre todo si eran tantas las cortesanas como las ventanas y el marajá de turno no poseía muchos y muy mágicos poderes. Lo de “Palacio de los vientos” viene de las corrientes de aire que se formaban con tanta ventana. En España le hubieran llamado “el pulmonías”, como al estadio del Valladolid.

Un par de minutos después de haber bajado del autocar, hay que irse. El guía nos dice que volveremos a la tarde con… ¡tiempo libre para pasear! Algo increíble (y algunos ingenuos nos las pintábamos muy felices), con lo que después de alguna foto de detalle

nos vamos más conformados a pesar de no haber podido obtener una buena imagen de la fachada con los respectivos acompañantes en primer plano exclusivo, otra actividad propia de nuestra condición. Pero ello no se ha debido sólo a la falta de tiempo, sino también a la nube de vendedores de baratijas y mendigos que nos han rodeado nada más bajar del autocar, como esta pobre cría, una oscura sombra en la sombra que, de puntillas, cuenta las monedas que ha podido lograr. Los guiris estamos por las fotos y ellos  por conseguir unas rupias. Imágenes como estas se descubren y duelen a la vuelta, sobre el papel, porque allí se rehúyen muchas miradas y porque hay prisa y no podemos detenernos, aunque sólo esté prohibido aparcar en la misma acera del palacio.

Reemprendemos pues el camino hacia el Fuerte Amber abandonando el centro de Jaipur, una ciudad muy bonita y viva que hoy tiene unos tres millones de habitantes. Conocida como “la ciudad rosa“, es cierto que la mayoría de sus edificios tienen el mismo color,  y no sólo en las zonas turísticas,

aunque el tiempo lo ha oscurecido felizmente y vemos muy pocas cosas realmente rosas.

Todavía en la ciudad, pasamos junto a un lago en cuyo centro hay un bonito palacio: “Es el Palacio del Agua. Ya pararemos a la vuelta

 

De modo que pasamos de largo, porque lo nuestro es pasar. Pasar haciendo fotos, eso sí.

Amber, que pertenece a la Corporación municipal de Jaipur, está muy cerca, y tras un breve trayecto entre colinas en las que pronto encontramos una muralla que lo anuncia,

nos encontramos con el Fuerte Amber,

pero hacemos una breve parada muy poco antes de llegar a la meta, no sé si a petición o porque la encantadora cobra encantada que se exhibe en la acera está incluida en la excursión,

Mari Carmen demuestra lo que es saber disfrutar, aprovechando todo lo que se le pone a tiro. Por detrás se ve un elefante,

Fotos de Leo
Foto de Borja

también irresistible para cualquier buen guiri.

Foto de Borja

Y en la misma compañía (elefantes y guiris) empezará el próximo capítulo. Este ha sido un poco corto, siempre mejor, pero en realidad ya hemos visto dos palacios, una cobra, un elefante y un burro, que, como desayuno, no está tan mal.

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DEL PROGRAMA DEL VIAJE

Jaipur . La ciudad fue construida en estuco rosado para imitar la arenisca. En 1905 el príncipe de Gales visitó Jaipur. Para darle una bienvenida correcta se decidió volver a pintar los edificios de la ciudad de color rosa. Desde entonces, este color se considera un símbolo de la hospitalidad de Jaipur.

Es un modelo como ciudad pre-moderna en cuanto a la regulación de sus calles. La ciudad está dividida en seis barrios, separados por avenidas de unos 34 metros de ancho. Estos barrios están subdivididos por calles enrejadas. Cinco barrios se extienden por el este, el sur y el oeste del barrio correspondiente al Palacio. Este último barrio incluía el complejo del palacio (el Hawa Mahal o Palacio de los vientos), jardines y un pequeño lago. Jaipur es una de las ciudades con más historia de la India.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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11 respuestas a India IX – Guiris en Jaipur

  1. OLYMPIA dijo:

    Quin viatge, José Luis! Jo no sento ganes d’anar a l’Índia però m’encanta veure les fotos que són precioses i els teus comentaris molt divertits.
    Que no decaiga!

  2. kalamar dijo:

    Era un burro amarrado
    en la puerta del fuerte,
    tan sonriente y elocuente.
    del callejón del palacio rosado
    que arrastra la corriente
    al lago del castillo varado,
    espera muy valiente
    a la cobra paciente
    y al elefante arrugado.

    • José Luis dijo:

      (y encima me preguntan que qué opino)

      Oh, kalamar, kalamar
      esto nos lo tendremos que mirar
      que tu poesía es muy bonita
      y se rie hasta la mona Chita
      pero estamos como cabras
      jugando con las palabras.

      Firmado, el burro,
      que va a cambiar de curro,
      y está casi feliz y contento
      con el aconteci-miento.

      • Assur dijo:

        Deliciós apunt, José Luis, i amb aquells tocs d’hunor que tant m’agraden, i encara que estic segur que no vaig venir al món per ser poeta, amb tota la barra del món afegeixo aquests maldestres versos que la teva il·lusió pel nou destí m’han inspirat aquest matí (Ui!, es veu que tinc el dia versaire avui: sense haver-me’n adonat, destí i matí he lligat) 🙂

        Ya ves, kalamar, querida,
        cuán feliz es nuestro burro
        desde que tomó la medida
        de buscarse un nuevo curro.

        -Adiós, San Roque -díjole al peregrino:-
        Con tu perro y tus llagas te quedas.
        Feliz, inicio un nuevo camino,
        y aunque quizás no me creas
        lo hago sin ningún rencor,
        sin rencor, pero sin llanto,
        y es que, según con qué santo,
        cuanto más lejos…, mucho mejor.

      • José Luis dijo:

        EStoy rodeado 😆

  3. Josep dijo:

    Un magnífic llibre de viatges, amb el toc d’humor que et caracteritza i que tant ens agrada.
    De “guiris espatllafotos” n’hi ha a tot arreu (espero que no sigui el mateix amb diferents personalitats) però es una xacra que amb les càmeres digitals ha deixat de ser el greu que era amb les anlògiques que et fotia la foto enlaire (sense que te n’adonessis) i no tenies possibilitat de repetir-la (i a més cada foto et costava 10 duros). Espero el capítol proper.

    • José Luis dijo:

      L’altre dia li vaig dir a l’Assur que de vegades jo em veig com el Moreno aquell de la Rogelia, infumable, pero com dieu que us agrada, aniré fent.. 🙂

      Potser sí que es el mateix guiri contractat 😆 . La fotografia digital ho ha canviat tot, i ara inclús podem riure amb les fotos espatllades.

      Una abraçada

  4. Miquelputxet dijo:

    Un altre capítol del viatge a l’India i jo com a fidel seguidor aquí estic. El tema dels GUIRIS comença a ser patèticen a tot el mon, però el Rajastan i Jaipur encara que els tinguis que patir paga la pena de coneiixel…. Una meravella. En el Palau dels Vénts m’enrecordo que a la meva filla en edat “casadera” per la cultura de L’India ( 14 anys), va provocar una cua de turistes indis que es volien fer fotos amb ella…. Sense exagerar crec que mes de 20 indis encuats i jo dirigin tot plegat (no pas per reclamar els drets d’autor). Es el primer cop que em vaig adonar que la majoria de turistes a l’India son indis.

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