India IX – …y más compras. (Guiris en Jaipur, 5)

Foto de Ramón

(continuación)

Otras veces, la oferta era directamente comercial, en locales perfectamente occidentales en el trato y en la algo trasnochada decoración. Seguro que había cosas interesantes a muy buen precio y contra placeres no hay nada escrito (y si lo hay, con no leerlo estamos al cabo de la calle) pero mientras que hubo quien disfrutó comprando hasta el último minuto en las tiendas del aeropuerto, a algunos sosainas no nos gusta el fenómeno en sí mismo ni necesitamos comprar “algo” como piden los niños, ni nos seduce pasar el rato mirando camisetas de colores, ni a cinco mil kilómetros ni al lado de casa.

Pero el hombre propone, y en una de esas tiendas, mi mujer le echó el ojo a una chaqueta realmente muy bonita, y como era previsible y habitual, de precio en consonancia, tanto en Jaipur como en Barcelona. Lana de no sé que especie rarísima y una elegante combinación de colores justificaban el cero de más en la etiqueta y el que un solícito dependiente apareciera como un rayo en cuanto vio que nos la mirábamos. También a mí me gustaba mucho y decidimos comprarla:

¿No es un poco cara? – Una contundente forma de iniciar el regateo especialmente con la temblorosa voz que dejaba claro con quién tendría que vérselas el vendedor.

No se preocupe; un momento – Y tras teclear en la calculadora me mostró el nuevo precio, con un fastuoso 10% de descuento con el que me di por satisfecho, más que nada por poder abandonar el odioso juego una vez cubierto el expediente.  Pago, entrega del producto y…

Ahora tiene que hacerme un regalo – No confundirse: Eso no lo dije yo, sino el vendedor. Un regalo,  “a gift”, aunque también pudo ser una propina, “a tip”, porque hablábamos en inglés, el suyo malo, y el mío, más gesticulado que hablado, peor, de modo que lo que escribo aquí es lo que más o menos entendí y lo que hubiese querido decir, no lo que dije.

¿Cómo que un regalo? ¿Yo? ¿Por qué? – Seguramente porque mis habilidades dialécticas en el regateo le habían convencido de que se hallaba ante un panoli de tomo y lomo, pero yo entonces pensaba que no le entendía bien o que era una broma. Y continué:

¿No es Vd. el que tendría que hacerme un regalo? – Sonrió y se retiró indicando que esperase un momento, dejándome convencido de que era una broma y de que me iba a ofrecer un detalle por la compra que había hecho. Y, aunque la postal con que apareció resultase un pelín miserable, le di las gracias creyendo que la historia acababa ahí. Pero no, no; ni broma ni confusión, el hombre volvió a la carga:

Ahora le toca a Vd: Hágame un regalo. – No sé si es que puse cara de criminal o que el compinche ya estaba alerta,  pero el caso es que en el acto apareció un segundo dependiente que parecía de más rango y resultó ser el dueño de la tienda, dispuesto a rematar la jugada.

–  Tiene que darle algo, claro. Yo le pago muy poco dinero, y con una chaqueta tan buena como Vd. se lleva, lo lógico es que le haga un regalo – Totalmente descolocado y no encontrando la cámara oculta del objetivo indiscreto local, aparecieron mis peores y más viles instintos y me dispuse a chivarme, explicando a la señorita entre lágrimas lo que esos niños malos me estaban pidiendo, pero en cuanto vieron que me dirigía a nuestro guía, el explotador y el explotado se desvanecieron diciéndome que lo dejara correr. Borja presenció la conversación y hasta el final del viaje me estuvo pidiendo un regalo cada vez que nos cruzábamos.

El dueño tuvo la dudosa desfachatez de confesar que pagaba muy mal a sus empleados, pero seguro que las propinas y comisiones sirven para que los sueldos de los guías sean ínfimos. El nuestro se llevó las suyas (con luz y taquígrafos las del fotógrafo que nos hizo los retratos nupciales ante el Taj Mahal) aunque se perdió las del amigo personal que en Agra nos ofrecería sus maravillosas joyas: Era el penúltimo día y me parece que nadie llego a ver sus anunciadísimas “piedras preciosas y semi-preciosas”.

Desde luego, hubo muchas otras ocasiones para hacer compras de paso, porque el recorrido de los guiris está naturalmente sembrado de ofertas comerciales menores muy variadas. Por ejemplo, en el palacio en el que comimos cerca de Jaipur, lo que parecía un teatrillo de polichinelas a la entrada era el escaparate de la tienda de muñecos que nos querían vender a la salida

y en un bar de la carretera,  entre café y cola se podían comprar piedras y hasta hachas del Jurásico admirablemente conservadas.

Resta lo principal, por omnipresente y agotador: El asedio de los vendedores ambulantes, con pulseras, anillos, pañuelos, postales, libros, pilas para las cámaras, imanes para la nevera y baratijas de todo tipo que nos rodeaban en cuanto poníamos un pie en el suelo y aún sin hacerlo, como en la subida en elefante a Fort Amber.

Lo peor era en tierra. Al final del viaje habíamos aprendido a adoptar la formación en cuña para atravesar sus enjambres cuando nos atacaban, a la ida y a la vuelta,  en el trayecto entre el recinto visitado y el autocar. Casi siempre incansables chiquillos, cada cual se defendía de ellos como mejor sabía, y algunos sabemos muy poco, pero algún viajero era capaz de comprar y sobrevivir, y de tratarlos con afecto mientras se lamentaba cómicamente de lo pesados que llegaban a ser. Y hasta de organizar en su nombre una subasta a la baja en el interior del autocar al que no podían subir, en la que, muerto de risa, adquirí un fabuloso lote de elefantitos, me parece que por 200 rupias.

Nueva ayuda de Mari Carmen: “Los collares que compramos en Fathepur Sikri  (donde se celebraba la fiesta en la calle), los pagamos a 100 rupias cada uno (qué vergüenza) y también 100 rupias por unas cajitas que contenían 5 elefantitos de colores (monísimos)  …  el cambio eran unas 60 rupias = 1 €   y pensar que  regateábamos ….    En   las tiendas donde nos llevaba el guía los precios eran mucho más altos  … casi como aquí.  Por las colchas que compré desde el elefante  en Jaipur, pagué unos 24 € y son muy bonitas con elefantes de patchwork… en la tienda donde estuvimos uno de los primeros días los precios empezaban en 50/60 € !” 

La única compra que hice totalmente fuera del circuito fue una caja de cerillas (para tratar un síndrome de abstinencia) y me costó una rupia: Si no están subvencionadas, y es cierto lo que he leído -sueldos diez veces inferiores a los europeos, de manera que 10.000 rupias mensuales (180 €) son un buen salario- la generosa Mari Carmen puede ir olvidando sus remordimientos.

Respecto a los elefantitos, aún me quedan, y estoy pensando en convocar una subasta, al alza, claro. Y si me sobran, quizá sirvan de premio para el concurso, que con unas plumas en el rabo podrían perfectamente pasar por gallifantes de fantasía.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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14 respuestas a India IX – …y más compras. (Guiris en Jaipur, 5)

  1. allau dijo:

    Sí, sí, nada nos gustaría más que premios en forma de elefantitos inútiles (de Jaipur o de Taiwan). ¡Qué mejor lección sobre lo que es la vida podríamos llevarnos a casa!

  2. kalamar dijo:

    Lo sabía! más elefantes. Ideales para el concurso si fueran de chocolate.

  3. Imma dijo:

    si necessites completar el premi nosaltres encara guardem unes carteres de “pell super-mones” que vam comprar també en una “subhasta” a Egipte, i a mes no son del juràssic però deu ni do, ja farà uns vint anys i encara les guardo …………

  4. Josep dijo:

    Magnífic el surrealisme dels venedors d’aquest Sepu jaipurenc. Impagables les fotos de destrals juràsiques. Un error, crec que la formació en “cunya” no es la més encertada, la millor sens dubte es la “tortuga” (fonts: Escipió l’Africà, i Asterix el gal).
    Una abraçada

    • José Luis dijo:

      JA JA, m’imagino la cara que posarien si ens veiessin sortir d’una visita així

      pero tampoc estic tan segur de que fos la millor

      La entrada al autobús seria problemàtica… i primer els hi hauríem de comprar paraigües per fer d’escuts…

      A un esborrany havia escrit Sepu… es exactament el que em va recordar
      .

      • Josep dijo:

        Magnífiques il·lustracions sobre tàctiques per eludir l’assetjament dels venedors.
        Ara bé, sigui quina sigui l’escollida, TOTS A UNA, sinó ja veieu els resultats, ja,ja

  5. Angels dijo:

    A mi me agradan totes les posicions que ens recordin els llibres de Asterix,perque van ser una
    colecció dels quals encara en conservo uns quants.!!!Quina meravella i quin sentit del humor que
    teníen aquets homes (escritor i dibuxant) Sería una cosa seria i molt important.Quan hi torneu a
    anar-hi,ja podeu posarlo en práctique que la resta des de Barna os anirian animan. Adéui fins aviat
    MUASSSsssssss

  6. M’hi petat de riure llegint aquesta crònica…. en quant veuen un grup de guiris una mica numerós l’ataquen com sigui… i ho fan de debò….jajajajaja

    Jo faria el mateix si tingues que sobreviure venent al guiris el que fos. Crec José Luis que si tornessis a l’Índia tu i la teva dona (sols), veuries un altre país absolutament diferent al que ara coneixes. T’animo a que ho facis.

    Una abraçada

    • José Luis dijo:

      Pren-te el que vulguis. No et pensis que per que parli d’això no veia res més. Jo crec que ja varem intuir l’altre India que dius, el viatge va estar força be, i més amb el suc que l’estic treien ara. Però si hoy es martes, esto es Bélgica, ja saps.

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