La bendición de la tierra

Una auténtica joya y un regalo para la dialéctica de los cuatro gatos que nos hemos sentido defraudados por The Artist, estos días se ha estrenado en Barcelona La bendición de la tierra (Markens Grøde), una película noruega de 1921, auténticamente muda por tanto, que se creía perdida y que gracias a la tecnología digital y al reciente descubrimiento del guión original ha sido espléndidamente restaurada a partir de dos copias incompletas y en muy mal estado. Su director, Gunnar Sommerfeldt, no alcanzará por esta obra la categoría de Dreyer o Murnau, pero su película tiene el vigor y la sensibilidad del mejor cine mudo, y esa nada inocente ingenuidad que lo sitúa, en cierto sentido, en un lugar similar al que ocupa el románico en la historia de arte.

Cine naturalista con una banda sonora de lujo al servicio de la eterna historia a la vez épica e íntima de la lucha por la vida, la ausencia de voz humana no es ni una carencia ni un mérito que lleve a su sobrevaloración, sino una circunstancia que permite resaltar otras virtudes. Basada en la obra del mismo título que dio el Nobel a Knut Hamsun, algún inserto de texto sugiere la categoría de ese gran escritor (autor también de la kafkiana Hambre, defenestrado tan comprensible como absurdamente tras su abierto abrazo al nazismo) pero el mérito es de Sommerfeldt, que con unas imágenes llenas de vida consigue mantener en vilo al espectador durante la hora y media que dura la proyección.

Mención aparte merece la música que la acompaña desde la primera hasta la última imagen. Dirigida por Frank Strobel, un especialista en bandas sonoras orquestales del cine mudo (Metrópolis, El acorazado Potemkin y Nosferatu, así como Alexander Nevsky y El caballero de la rosa, que él mismo trajo hace muy poco a L’Auditori), su autor es un prolífico compositor noruego, Leif Halvorsen (1887-1959) (no confundir con Johan Halvorsen) que, no existiendo cines que dispusieran de orquestas sinfónicas, nunca pudo disfrutar de la que es su mayor obra, con un marcado tono de lo que llamamos nacionalismo pero que comparten tantas tierras, como la Checoeslovaquia de Smetana o el País Vasco de Guridi. Una delicia para acompañar las hojuelas.

Aquí, el breve reportaje que le dedicaron en Días de Cine.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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