Una sonrisa

Fin de semana de Carnaval. Dos mozalbetes vagan por una calle peatonal disfrazados de gordos, con un camisón que incluye unas lorzas en la cintura a modo de michelines; un vestuario no tan inocente cuando uno de ellos se acerca al ventanal de una cafetería y se levanta las faldas descubriendo el muy considerable colgante que es evidentemente la joya de la corona.

Entra en escena una pareja de paseantes cogidos del brazo. Deben andar por los sesenta, ella muy elegante pero nada tiesa, porque reacciona inmediatamente:

– ¡Menuda potra!

Los jóvenes se amilanan y abandonan, quizá porque la señora podría ser su madre. Sentado en la acera, un mendigo lisiado sonríe con sencillez cruzando su mirada con la de la dama alegre. No pide nada, sólo sonríe durante unos segundos que se hacen hermosamente largos.

Quizá nuestra patria común sea la sonrisa. Y malvivimos en el exilio.

Teddy Wilson y su orquesta con  Billie Holiday

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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4 respuestas a Una sonrisa

  1. josep dijo:

    Segur que vivim a l’exili, tot i que escoltant la Billie et donen ganes de tornar a aquest mon!

  2. Mari-Carmen dijo:

    Deberíamos sonreir más, es contagioso y da buen rollo….. aunque hace tiempo, después de entrar sonriendo varios días al despacho de un nuevo jefe, el hombre, muy mosqueado, me preguntó de qué me reia !! …. después de eso las pasaba canutas para no reir a carcajadas cada vez que lo veia !!

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