India XIV – La vuelta (y se acabó)

Foto de Ramón

Este cuento que por fin acaba no es “La isla al mediodía” y por tanto no voy a decir ahora que el avión de la espléndida foto de Ramón era el nuestro, aunque quizá sobrevolásemos el minarete Qtub al abandonar Delhi, y ahora mismo algún turista nos está mirando desde vete a saber qué rincón del mundo. Pero lo seguro es que todo se acaba, y el viaje y este serial también.

En el último desplazamiento previo al regreso, Ramón hizo en el autocar un medido y hermoso discurso de agradecimiento para el guía y sus dos compañeros. Raj, sentado en el primer asiento, no movió un pelo durante el parlamento y luego, sin volverse, musitó algo sobre el gran honor que para él había sido atendernos. Nosotros no olvidaremos las “piedras preciosas y semipreciosas” del amigo de Agra que se quedaron sin ser ni siquiera vistas después de tanto anuncio y el “Life Power Energy” con que nos saludaba muchas mañanas, recomendándonos  respirar hondo para cargar nuestras pilas de energía vital.

Foto de Ramón

La noche anterior se había reproducido la mecánica nacional cuando se planteó la cuestión de las propinas. Tres bandos:

a) Mayoritario: Una cantidad por pareja, creo que 90 € (5 diarios por persona) a repartir entre guía, ayudante y conductor en la proporción 4/3/2

b) Un grupo familiar: La misma cantidad, pero en proporción inversa, porque los que tienen menos sueldo lo necesitan más.

c) Dos parejas de las que Dios cría y ellos se juntan. “Donde vais con eso, es una pasada: 5 € por cabeza. Y todo a Raj, que lo reparta el como quiera que para eso es el jefe”

Los de la opción social acabaron sumándose a la mayoría, y por la mañana, antes de embarcar hacia el aeropuerto, le dimos a cada uno su sobre y los disidentes el suyo a Raj. Nuestro tímido Fitipaldi tampoco levantó entonces la cabeza del suelo, y el muchacho que se encargaba de la limpieza del autocar y de ofrecernos su sonrisa y su brazo para ayudarnos a subir a él, lo hizo por última vez. Adiós, amigos, adiós India.

 Fotos de Ramón

Delhi-Helsinki, ahora con más caras conocidas. Y con más paseos para estirar las piernas y evitar las trombosis que en el viaje de ida, como si la vuelta a occidente implicase la reaparición de los temores. Pronto descubrimos que en la parte trasera del avión se puede tomar agua y se monta una tertulia. Muy “tipical spanish”, pero la tripulación se muestra reticente, seguramente porque estamos invadiendo su terreno, y enseguida nos indican que desalojemos, “porque eso desestabiliza el avión”.

Sobrevolamos el Himalaya. A mi lado viaja una joven finesa que provoca algún comentario envidioso, pero yo casi ni me atrevo a mirarla: Pasa las páginas del periódico como si también tuviera que demostrarle a él quien manda, le pega una bronca monumental a la azafata porque la mini televisión del respaldo no funciona bien, resopla y se gira ocultando la pantalla de su ordenador cuando sospecha (sólo con un poco de razón) que estoy mirándola de reojo. Parece estar detallando sus gastos, anotando el importe de hoteles y consumiciones en una hoja de cálculo. Por cada cosa que copia de una factura o un ticket, recuerda (o se inventa) una docena.

Foto de Mercé

Finnair, la comida es lo peor de lo peor que he tomado nunca en tierra, mar o aire. Arroz con un pollo al curry, un pollo para todo el pasaje, a lo sumo. En cambio, el vino, embotellado en Finlandia, es más que aceptable. No se puede decir lo mismo del personal del aeropuerto de su capital, que nos trata con absoluta displicencia cuando se atasca la cola de un control automatizado (que quitará algunos puestos de trabajo; puede que por eso no se muestren muy amistosos). Hay que poner los pies en unas marcas y aunque en un ataque de lucidez me pregunto como nos pueden tener fichados por los pies, luego veo que son para colocarse a la distancia adecuada de una cámara que compara nuestra cara con la de la foto del pasaporte. Como era previsible, a más de uno le dice que nanay, pero como no hay nadie para advertirle de que sin barba ni gafas está algo cambiado o que le falta dosis de refuerzo de botox, y por insistir que no quede, la velocidad del invento es exasperante.

De Helsinki a Barcelona, converso con L. Es profesora de la Facultad de Economía, y en media hora consigue hacerme entender lo que nos está pasando. Se muestra optimista: Hay que escarmentar y procurar que los vaivenes sean menos acentuados, pero la banca en España no ha sido tan afectada por lo de las hipotecas basura. La competencia con países que tienen costos de producción muy inferiores también irá desapareciendo a medida que en esas sociedades se reclamen salarios superiores, como ya está sucediendo. Y aunque tenemos el problema del ladrillo, saldremos adelante, quizá algo más tarde que el resto de Europa. Los jóvenes lo tienen mal, pero tampoco para nosotros fue miel sobre hojuelas… Ha pasado un año que parece un siglo y no sé si ahora sería capaz de seguir encontrando argumentos para la esperanza. Hoy le preguntaría si no hay más remedio que seguir pagando los platos que otros disfrutaron antes de romperlos.

El viaje, al margen de la diferencia horaria y sin contar la escala, dura una hora menos. Oigo que siempre son más rápidos los vuelos de oeste a este, pero no me dan ninguna razón. Aquí me entero de que es debido a que los aviones aprovechan las llamadas corrientes en chorro, que viajan en ese sentido, montándose en ellas como los “surfistas” hacen sobre las olas. El caso es que llegamos a Barcelona en mejores condiciones físicas que en el viaje de ida. Las salas de nuestro aeropuerto, casi vacías, parecen enormes; bienvenidos a la política. También la recogida de equipaje y las despedidas son muy rápidas. La mayoría no nos volveremos a ver, aunque estas páginas han permitido que unos pocos mantengamos contacto y tengamos pendientes unos gin tonic.

Y eso fue todo. Ya tenía ganas de echar el cierre a esta historia interminable, quizá aún peor que aquellos inefables pases de diapositivas. Un millón de gracias a todos los que habéis tenido la paciencia de seguirla y si el responsable de Turismo del Rajastán tiene algún detalle, os lo haré saber. 😉

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Valga como epílogo este excelente video, que coincide casi al milímetro con nuestro itinerario y con muchas de las sensaciones que vivimos durante aquellos días.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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13 respuestas a India XIV – La vuelta (y se acabó)

  1. Una llastima que acabin les teves croniques tan divertides de l’India. A veure quin viatge ens tens preparat ara.

    • José Luis dijo:

      Moltes gracies, Miquel, primer caldrà veure si torno a fer un viatge mes enllà de la Barceloneta, però ara mateix estic com les dones quan després de un part les pregunten que per quan l’altre. 🙂

  2. Angels dijo:

    Muy bien comentado e ilustrado, me hace el efecto de que ya he estado por estas tierras,ya que ahora con mi muleta no me veo con los ánimos que tenía cuando me monté en un burro. Gracias y MUASSSsssssss

  3. Angels dijo:

    Muy buenos los comentarios de Forges, y los !!tuyos no hace falta decir nada más!!!!! MUASSSsssss

  4. maac dijo:

    Tendremos que pagarte un viaje para que luego nos lo cuentes.

  5. kalamar dijo:

    nada, nada, sólo has visto una parte chiquita de la India, así que ya te puedes volver que te falta hablar de los templos del hinduismo..

  6. josep dijo:

    Jose Luís,
    Un final de viatge que no desmereix en absolut de totes les peripècies explicades.
    El tema “propines”, un clàssic, la noia finesa al costat ja no és tan clàssic (je, je) i els acudits de l’amic Forges indispensables. Ara esperem noves “correries” explicades amb el mateix sarcasme i sentit de l’humor que aquest.
    Una abraçada i dins aviat

  7. ramon (india) dijo:

    Jose Luis
    muchísimas gracias por tus crónicas, salpicadas de anécdotas y de ironía fina pero cariñosa(si es que es posible este contrasentido…), lo pasamos muy bien en el viaje a la India y lo he pasado (perdón por la expresión) “teta” leyendo tus crónicas, que me han hecho ver matices no apreciados cuando estas en medio de la vorágine del viaje…lo del gin tonic sigue en pie, esperemos que podamos encontrar el momento adecuado,
    un abrazo
    ramon

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