Irène Némirovsky – Suite francesa (2)

No es por ser la obra de una judía asesinada, ni por su asunto, ni por su tardío descubrimiento, sino por sus evidentes cualidades literarias que la Suite francesa de Iréne Nèmirovsky merece el éxito que ha obtenido. Valgan de muestra estas acertadísimas imágenes…

Entre aquellas dos mujeres, cualquier tema de conversación era como una zarza: si no había más remedio que tocarlo, se hacía con infinita prudencia para no pincharse las manos

(…/…)

Cuando la anciana señora Angellier y el alemán se encontraban cara a cara, ambos retrocedían instintivamente, de un modo que, en el oficial, podía pasar por una afectación de cortesía, por el deseo de no importunar con su presencia a la señora de la casa, y se parecía bastante a la reparada de un purasangre que ve una víbora ante sus patas, mientras que la señora Angellier ni siquiera se molestaba en disimular el estremecimiento que la sacudía y se quedaba rígida, en la actitud de pavor que puede causar la proximidad de un animal peligroso e inmundo. Pero eso sólo duraba un instante: la buena educación sirve precisamente para corregir las reacciones instintivas de los seres humanos.

…o la extraordinaria finura psicológica de sus observaciones:

… el buen tiempo y una especie de plenitud física causada por el aire libre, el sano cansancio y la perspectiva del descanso les producía esa exaltación, esa sensación de fuerza interior que induce al hombre a ser más blando con los débiles y más duro con los fuertes (sin duda, el mismo instinto que en primavera lleva a los machos a luchar entre sí, mordisquear el suelo, jugar y revolcarse en el polvo delante de las hembras).

(…/…)

Era cruel, pero con la crueldad de la adolescencia, producto de una imaginación muy viva y sensible, totalmente ensimismada, absorta en su propia alma: el adolescente no se compadece de las desgracias ajenas, no las ve, sólo se ve a sí mismo. En esa crueldad había una parte de afectación, debida a su edad tanto como a cierta inclinación al sadismo.

(…/…)

Sabía que a los ojos de la señora Perrin allí todo estaba bien: la chimenea falsa, el olor a cerrado, las persianas medio bajadas, los muebles cubiertos con fundas, el empapelado verde oliva con palmas doradas…Todo era apropiado; a continuación, pasados unos instantes, ofrecería a sus visitas una jarra de naranjada y unas galletas desmigajadas. La mezquindad del piscolabis no sorprendería a la señora Perrin, antes bien, vería en ella una nueva prueba de la prosperidad de los Angellier -porque a mayor riqueza, mayor tacañería- y reconocería su propia preocupación por el ahorro y esa tendencia al ascetismo que es consustancial a la burguesía francesa y da a sus inconfesables placeres secretos una amargura tonificante.

Todo se lee con placer, todo está perfectamente entendido y mejor descrito, como cuando en esta escena…

El joven paseó la mirada por la sala. Examinó el suelo de gastadas baldosas rojizas, casi rosa en algunos sitios, el enorme hogar que ocupaba el centro de la habitación; la cama de vela en un rincón, la rueca que habían bajado del granero, donde languidecía desde la otra guerra, porque ahora todas las chicas de la región aprendían a hilar la lana, puesto que ya no podía comprarse en madejas… El alemán siguió observando con atención las fotografías enmarcadas de las paredes, los premios de concursos agrícolas, la pequeña hornacina vacía, que antaño había albergado la imagen de una santa, y las delicadas y desvaídas pinturas que formaban un friso a su alrededor. Por fin, volvió a posar los ojos en la joven campesina y la criatura que tenía en brazos, y sonrió.

…creemos hallarnos ante una pintura flamenca, y poco después…

La granja de los Labarie, con aquella atmósfera un tanto lúgubre y húmeda que le daba el día lluvioso, con sus gastadas baldosas rojizas, su pequeña hornacina vacía, en la que el joven teniente imaginaba una estatua de la Virgen retirada durante la última revolución, con la rama de boj bendecida encima de la cuna y el brillo de un calentador de cobre en la penumbra, tenía algo que recordaba un «interior» de la escuela flamenca. Aquella joven sentada en un sillita baja, con su hijo en brazos y un delicioso pecho medio desnudo y reluciendo en la penumbra, aquel rostro encantador de mejillas sonrosadas y frente y barbilla muy pálidos, se merecían por sí solos un cuadro.

…crece esa impresión hasta que comprobamos que era exactamente eso lo que pretendía la escritora.

Todos estos fragmentos pertenecen a la segunda parte. La primera, con la presentación, el éxodo, y el retorno de algunos de los parisinos que la protagonizan, es casi mejor, pero como un mosaico de pequeñas piezas, su máximo valor está en un conjunto del que las teselas hablan muy poco, aunque alguna vale:

Esa noche, en casa de los Péricand las noticias de la radio se habían escuchado en consternado silencio, sin hacer comentarios. Los Péricand eran gente de orden; sus tradiciones, su manera de pensar, su raigambre burguesa y católica, sus vínculos con la Iglesia (el hijo mayor, Philippe, era sacerdote), todo, en fin, les hacía mirar con desconfianza al gobierno de la República. Por otro lado, la posición del señor Péricand, conservador de un museo nacional, los ligaba a un régimen que derramaba honores y beneficios sobre sus servidores.

Un gato sostenía con circunspección entre sus puntiagudos dientes un trozo de pescado erizado de espinas: comérselo le daba miedo, pero escupirlo sería una lástima.

(…/…)

…de pronto, una mancha oscura se deslizaba por el cielo cuajado de estrellas y las risas cesaban; todo el mundo permanecía atento. No era inquietud propiamente dicha, sino una extraña tristeza que tenía poco de humano, porque no comportaba ni valentía ni esperanza. Así es como los animales esperan la muerte. Así es como el pez atrapado en la red ve pasar una y otra vez la sombra del pescador.

Ademças de la acertada elección y espléndida descripción de los personajes, destacan en esa primera parte las continuas observaciones sobre la naturaleza, sobre la indiferencia absoluta con que los atardeceres siendo bellos y los animales prosiguen con sus juegos mientras los huidos se afanan por guarecerse de las bombas o por conseguir combustible o comida. Uno de sus breves capítulos, está dedicado por completo a un gato urbano que se descubre a sí mismo en la libertad del campo, tan despiadado como el exquisito diletante que en el siguiente episodio juega miserablemente con el deseo y el candor de un joven enamorado para robarle su gasolina. Todo a ritmo de cine:

Mi idea es que las cosas pasen como en una película.

(…/…)

Lo importante: las relaciones entre las distintas partes de la obra. Si supiera más de música, supongo que eso podría ayudarme. A falta de la música, lo que en cine llaman ritmo. En definitiva, preocupación por la variedad, de un lado, y por la armonía, del otro. En el cine, una película debe tener una unidad, un tono, un estilo. Ejemplo: esas películas norteamericanas que muestran las calles y en las que siempre se ven rascacielos, en las que se adivina la atmósfera caliente, sorda, polvorienta de una parte de Nueva York. De modo que unidad para toda la película, pero variedad entre las partes. Persecución, los enamorados, la risa, las lágrimas, etc. Ésa es la clase de ritmo que me gustaría conseguir.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en Contemporánea, Literatura y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Irène Némirovsky – Suite francesa (2)

  1. OLYMPIA dijo:

    T’havia d’agradar per força perquè és una escriptora d’immens talent i, per sort, ha deixat un llegat impressionant. De vegades em malfio i penso que hi ha un negre que escriu fent veure que el text és d’ella ja que la varen matar als 40 anys…no s’entén que tingués tant temps per crear novel·les tan magnífiques.
    Resalto que la seva biografia de Txekhov no em va agradar i si em va agradar molt la brevíssima El ball que va ser adaptada al teatre i crec que es va fer al Lliure. Com que Nemirovsky tenia una pèssima relació amb la seva mare, val la pen llegir l’obra de caire autobiogràfic on surten totes dues. “El ball” n’és un brillant exemple.
    Salutacions José Luis!

    • José Luis dijo:

      Havia llegit abans “El baile”, i em va deixar una mica fred. Crec que hi tornaré. Si darrera hi hagués un negre, deu n’hi do quin negre, però a mi ni em va passar per el cap, i els comentaris de la filla i les notes del diari del final del llibre no m’ho fan gens versemblant.

      Salutacions !

  2. kalamar dijo:

    Me lo dejas? en mis dos biblios cerca de casa, no está. 😥

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s