Irène Némirovsky – Suite francesa (y 3)

En la edición de Salamandra, la novela se halla entre un emotivo prólogo escrito por la hija que conservaba el manuscrito y un par de interesantísimos apéndices. En el prólogo, la dura historia de la madre, con la característica fuerza de los testimonios de primera mano, y también recuerdos sobre su forma de trabajar. Tomaba muchísimas notas sobre todos sus personajes, construyéndoles una vida completa de la que luego sólo usaría retazos.

En el primero de los apéndices, las reflexiones de la literata sobre su gran novela en construcción. Efectivamente, piensa en Tolstoi y también en Flaubert. Y su estrategia es tan clara como su objetivo…

 …en lugar de describir la muerte de los rehenes, lo que debo hacer ver es la fiesta en la Ópera y, simplemente, a los que pegan los carteles en las paredes: fulano ha sido fusilado al alba. Y lo mismo después de la guerra sin cargar las tintas sobre Corbin. ¡Sí, hay que hacerlo mediante oposiciones!: una palabra para la miseria, diez para el egoísmo, la cobardía, el compadreo, el crimen. ¡Nunca habrá habido nada tan chic! 

 (…/…)

 No olvidar nunca que al público le encanta que le describan la vida de los «ricos».

 …y trabaja sin perder la esperanza…

La suerte es que, por lo general, el tiempo que nos ha sido concedido es más largo que el concedido a la crisis. Contrariamente a lo que se cree, lo general pasa, el partido entero permanece, el destino común es más corto que el del simple individuo. (No es totalmente exacto. Es otra escala temporal: sólo nos interesamos por las sacudidas; las sacudidas nos matan o duran menos que nosotros.)

 … ni la claridad de pensamiento:

Hago aquí la promesa de no volver a descargar mi rencor, por justificado que sea, sobre una masa de hombres, sean cuales sean su raza, religión, convicciones, prejuicios o errores. Compadezco a esos pobres chicos. Pero no puedo perdonar a los individuos, a los que me rechazan, a los que nos dejan caer fríamente, a los que están dispuestos a darnos la patada.

(…/…)

Nada de cursilerías. Contar lo que le pasa a la gente y ya está.

(…/…)

Todo lo que se hace en Francia en cierta clase social desde hace unos años no tiene más que un móvil: el miedo. Ha llevado a la guerra, la derrota y la paz actual. El francés de esa casta no siente odio hacia nadie; no siente ni celos ni ambición frustrada, ni auténtico deseo de revancha. Está muerto de miedo. ¿Quién le hará menos daño (no en el futuro, en abstracto, sino ahora mismo y en forma de patadas en el culo y bofetadas)? ¿Los alemanes? ¿Los ingleses? ¿Los rusos? Los alemanes le han pegado, pero el correctivo está olvidado, y los alemanes pueden defenderlo. Por eso está «por los alemanes». En el colegio, el alumno más débil prefiere la opresión de uno solo a la libertad; el tirano lo humilla, pero prohíbe a los otros que le birlen las canicas y le peguen. Si se libra del tirano, está solo, abandonado en medio de todos.

Hay un abismo entre esa casta, que es la de nuestros dirigentes actuales, y el resto de la nación. Los otros franceses, como poseen menos, temen menos. Como la cobardía no les ahoga en el alma los buenos sentimientos (patriotismo, amor a la libertad, etc.), éstos pueden nacer.

El segundo apéndice es de correspondencia. Primero con sus editores, tratando de obtener recursos económicos, derechos y anticipos, algo que las leyes nazis le hacen cada vez más difícil por lo que hasta propone un testaferro. De pronto, un telegrama de su esposo:

13 de julio de 1942. Telegrama de Michel Epstein a Robert Esménard y André Sabatier

Iréne súbitamente detenida hoy – Enviada destino Pithiviers (Loiret) – Espero puedan intervenir urgencia – Intento vanamente telefonear. Michel Epstein.

Y enseguida, las últimas líneas que se conservan de Irene Nemirovsky, ambas escritas con lápiz y sin matasellos

Toulon S/Arroux, 13 de julio de 1942 – 5 horas

Amor mío, por el momento estoy en la gendarmería, comiendo grosellas mientras espero que vengan a llevarme. Sobre todo, debes estar tranquilo, tengo la convicción de que esto no durará mucho. He pensado que también podríamos dirigirnos a Caillaux y al padre Dimnet. ¿Qué te parece? 

Cubro de besos a mis amadas hijas… Que mi Denise se porte bien y sea razonable. Te estrecho contra mi corazón, así como a Babet, que Dios Todopoderoso os proteja. Por mi parte, me siento fuerte y tranquila.

Si podéis enviarme alguna cosa, creo que mi segundo par de gafas se quedó en la otra maleta (en el portafolios). Libros, por favor. Y, si puede ser, también un poco de mantequilla salada. ¡Hasta pronto, amor mío! 

Jueves por la mañana -julio de 1942, Pithiviers

Mi querido amor, mis adoradas pequeñas, creo que nos vamos hoy. Valor y esperanza. Estáis en mi corazón, amados míos. Que Dios nos ayude a todos.

Luego, las desesperadas llamadas de su esposo, que llega a proponerse para ocupar su lugar, y que cesan muy pronto, cuando sigue su misma suerte.

Nemirovsky habló de convertir Tempestad, Dolce y Cautividad en una suite. Sin duda de ahí viene la elección por parte de los editores del título que ella no llegó a decidir. Pero prefiero seguir sus indicaciones, y en vez de una de las Suites Francesas de Bach, que a pesar de lo superficial de la relación vendrían como siempre muy bien, acabo esta página con la 20ª variación del tema de Diabelli, esa esfinge de negras cejas que contempla el abismo (Stephen Kovacevich, pianoforte)

y con el inmenso poema de la soledad que quizá evocaría durante los desconcertados y terribles últimos días con que la bárbara estupidez humana le obsequió.

Beethoven. Sonata para piano nº 29, Op 106 “Hammerklavier” – III. Adagio sostenuto. Daniel Barenboim.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en Contemporánea, Literatura y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Irène Némirovsky – Suite francesa (y 3)

  1. allau dijo:

    La Némirovsky me da mucha pena. Pensó, cosmopolita ella, que estaba por encima de racismos y religiones, y terminó víctima del mínimo comúm denominador. Vida puta la suya, como muchas otras.

  2. alopez47 dijo:

    Hola Jose Luis:
    He leído con satisfacción tus entradas a Suite francesa y he escuchado los vídeos musicales. ¡Chapeau! La novela la leí hace años y guardo de ella un grato recuerdo. Te dejo un pensamiento de Hubert Péricand durante la huida de París: “Y en todas partes, en lo más alto y lo más bajo, el caos, la cobardía, la vanidad, la ignorancia… ¡Ah, qué grandes somos!”

  3. Josep Olivé dijo:

    Que esta música la concibiera un hombre que estaba completamente sordo es que nunca lo llegaré a entender. Y no me vale eso del sonido absoluto. Bueno, si me vale, però además tenía que haber algo ultraterrenal, del más allá, tal vez divino, no sé. Imposible explicarlo. O tal vez, tal vez, haya que estar completamente sordo para concebir tanta belleza!!!

    • José Luis dijo:

      Estos dias habré escuchado el adagio media docena de veces, y pienso exactamente igual que tú, aunque en el fondo, ni sordo ni no sordo, tampoco lo entiendo. Es de lo más grande que se ha escrito nunca, y me gusta mucho como lo calificó Nemirovsky.

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s