El Baltasar de William Walton

Belshazzar’s Feast (John Martin)

Estrenada en 1931, El festín de Belshazzar es una de las más famosas obras de William Walton, un  músico británico relativamente desconocido por aquí. Originalmente encargada por la BBC como una pequeña obra para coro y orquesta, el libreto que escribió Osbert Sitwell (no le arriendo la ganancia con el apellido; ni a él ni a sus profesores), que además de pasajes de El libro de Daniel incluyó algunos de Isaías y del Salmo 137, exigía mayores recursos y la pieza acabó siendo un espectacular oratorio con un barítono como único solista y un coro monumental.

El festín de Belshazzar de Walton es una obra magnífica, brillantemente orquestada y con unos coros impresionantes, pero cuya calidad puede pasar inadvertida en una primera audición, sobre todo si no se escucha atentamente. Y es mucho mejor hacerlo siguiendo los textos, que están traducidos aquí aparte para poder ser leídos en una ventana a la vez que se disfruta del video con la apabullante interpretación de la orquesta y los coros nacionales de la BBC de Gales reforzados con The London Brass y el coro sinfónico de la BBC y el bajo-barítono Jonathan Lemalu (justito), vigorosamente dirigidos por Tadaaki Otaka en los Proms de este pasado verano. Para escucharla con más calidad de audio, tenemos antes el de otra versión excelente, la de Richard Hickox con la London Symphony y sus coros, que la aventaja además por el barítono David Wilson Johnson. La tercera opción es seguirla con la guía-resumen que hay más abajo; la cuarta, la que estás pensando, paciente amigo, pero, si no conoces ya este oratorio, te advierto que merece mucho la pena dedicarle media horita cuando dispongas de ella.

Tras una admonitoria fanfarria, el coro empieza en solitario la historia profetizando solemnemente la condena del pueblo judío a ser cautivo de Babilonia (Thus spake Isaiah / Así habló Isaías). La orquesta introduce luego (1:20) su tristísimo lamento (By the waters of Babylon / Junto a las aguas de Babilonia,  allí nos sentamos: sí, lloramos), interrumpido para expresar también su irritación (3:34 For they that wasted us required of us mirth / Porque quien nos arruinó nos pide alegría). Una primera intervención del solista (5:50 If I forget thee, O Jerusalem, / Si me olvidase de ti, oh Jerusalén) prometiendo fidelidad a su patria, y de nuevo el lamento ( 8:09 By the waters of Babylon / Junto a las aguas de Babilonia)  seguido ahora de la afirmación de una feroz esperanza (9:10 O daughter of Babylon, who art to be destroyed, / Oh hija de Babilonia, que vas a ser destruida,  dichoso será quien coja tus hijos y los estrelle contra una piedra)  que acaba desvaneciéndose como lo que desea para la ciudad: And shall be found no more at all. / y desaparecerá para siempre.

Nueva secuencia. El barítono canta a capella la gloria de Babilonia (11:16 Babylon was a great city, / Babilonia era una gran ciudad), en la que abundaban las riquezas pero también  the souls of men, las almas de los hombres, e inmediatamente, un coro tan indignado como la orquesta  relata el uso de los vasos sagrados en el festín de Baltasar (12:47 In Babylon Belshazzar the King made a great feast / En Babilonia el rey Baltasar  hizo un gran festín).  El solista, ahora en el papel de rey, exhorta a sus invitados a loar a sus dioses (15:58 Praise ye the God of Gold / Alabad el Dios de Oro) y todos se aprestan a obedecerle, en una triunfal  fiesta en la que se oyen claramente los sonidos de la piedra, el hierro y el metal de que están hechos los dioses, entre excitantes fanfarrias y percusiones. Lo que parece va a ser un final espectacular, enlaza de modo inesperado con una nueva exposición del sacrilegio (21:13 Thus in Babylon, the mighty city / Así en Babilonia, la poderosa ciudad, el rey Baltasar hizo un gran festín) y con la adhesión del pueblo a su rey, para concluir con el final que antes se había insinuado.

Último tercio, como los anteriores dividido a su vez en tres partes: En un brevísimo pasaje, el barítono narra la escritura en la pared (24:40 And in that same hour, as they feasted / Y en esa misma hora, mientras se deleitaban, aparecieron los dedos de una mano de hombre)  que en el libreto de Sitwell no requiere la intervención de Daniel. Entre ominosos sonidos de la orquesta el coro interpreta las palabras Mene, Terkel, u-Pharsin y subraya luego la muerte de Baltasar que el solista ha anunciado, repitiendo con un terrorífico grito la palabra slain, muerto. La orquesta pasa entonces, sin solución de continuidad, de la brutal tensión a la más alegre fiesta (26:45) en unos compases que nadie dudaría en reconocer como británicos si no estuviese Hollywood de por medio. Los judíos expresan su felicidad (27:32 Then sing aloud to God our strength / Cantad entonces en voz alta a Dios nuestra fortaleza) y piden y logran que toquen  las trompetas porque Babylon the Great is fallen, fallen / Babilonia la Grande ha caído, caído, dándose una tregua de recogimiento para describir la desolación de los babilonios ( 29:35 While the Kings of the Earth lamentMientras los Reyes de la Tierra se lamentan) y el silencio en que ha quedado sumida la ciudad. La orquesta calla (31:27 The trumpeters and pipers are silent / Los trompeteros y los flautistas están en silencio) y el coro acaba extinguiéndose con ella, como la luz de una vela que ya no la  alumbrará más. Pero vuelve la música y la alegría y el reconocimiento, (32:45 Then sing aloud to God our strength / Cantad entonces en voz alta a Dios nuestra fortaleza: Porque Babilonia la Grande ha caído. ¡Aleluya!), en un apoteósico final para una espectacular obra a la  que más de un renombrado autor de magníficas y galácticas bandas sonoras debe bastante.

La comparación con una película de masas de tema bíblico no es del todo ociosa. Walton compuso bastantes bandas sonoras, y es evidente que quiso que los protagonistas de este oratorio fueran los pueblos, poniendo música a sus sentimientos colectivos. La gran diferencia con esas producciones es que él renunció a orientalismos y notas folclóricas baratas, narrando la historia con el lenguaje musical de su mundo, el nuestro. Una obra magnífica, ese el adjetivo que mejor le cuadra, que desde su estreno quedó incorporada al repertorio de música coral en Gran Bretaña, y que escuchada en vivo como la disfrutaron en el Royal Albert Hall el pasado Julio, debe ser impagable.

Próximo capítulo: El Baltasar de Sibelius

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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8 respuestas a El Baltasar de William Walton

  1. allau dijo:

    No entiendo porqué no le arriendas la ganancia a los Sitwell, porque (aparte de colocar bien sus posaderas por definición), Edith fue una de las figuras más intrigantes de la literatura inglesa contemporànea.

  2. kalamar dijo:

    A tí te van todos los oratorios, JL. 😉 me los pongo poco en casa, me cansan, en cambio en directo y bien cantados, son mucho más emocionantes.
    Ni conocía a Walton (si al fundador de Wal-mart) ni a Biensentado, parece un nombre apache..

    • José Luis dijo:

      Puede que me vayan, sí, pero con reclinatorio almohadillado. Este Baltasar merece muchísimo la pena, pero no entra a la primera. Lo había escuchado una vez hace años y ni fu nifa, y ahora cada vez me gusta mas.

      Yo traduzco biensentado en plan imperativo, siéntate bien: de ahí lo de la ganancia. 😉

  3. maac dijo:

    Esta obra me abruma, ¿no es demasiado pretenciosa? Entre las misas de Bruckner y el oratorio de Walton no sabría qué elegir.

  4. Raul Parada dijo:

    Gracias por tus explicaciones. El proximo viernes iré a escuchar esta obra poco conocida por mi y esta introduccion seguramente me ha de ser de mucha utilidad para apreciar mejor el concierto.
    apecio mucho tu trabajo. Muchas Gracias

    • José Luis dijo:

      Tuve la primera noticia al hacer esta serie de Baltasares, y es una obra que en directo ha de ser muy interesante, espero que la disfrutes y que nos lo cuentes si quieres. Gracias a tí por aprovechar la página.

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