El no tan prodigioso caso de los niños prodigio

A propósito del niño Michael Andreas Haeringer que Joaquim nos presentó el mes pasado en su blog,  se me ha ocurrido averiguar cuántos solistas de éxito fueron en su momento niños prodigio, a qué edad empezaron a tocar sus instrumentos, y si sus padres tenían relación con el mundo de la música. Y para no morir en el empeño ni hacer trampas con una selección sesgada, he limitado la muestra a los solistas que la OBC considera como principales invitados de esta temporada. Los datos están transcritos de la wikipedia o de sus referencias:

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OBC 12-13-1 OBC 12-13-2

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Arcadi Volodos: Su primera aproximación a la música fue a través del canto, siguiendo el ejemplo de sus padres, también cantantes. Aunque tocaba el piano desde los ocho años, no se dedicó seriamente a su estudio hasta que tuvo quince.

Alban Gerhardt: Empezó a tocar piano y cello a los ocho años, sobresaliendo en ambos instrumentos. Su padre es violinista en la Berliner Philarmoniker.

Alice Sara Ott: A los tres años, tras asistir a un concierto, decidió que quería ser pianista; como ella dice, se dio cuenta de que “la música era un lenguaje que iba mucho más allá que cualquier palabra” y que quería comunicarse y expresarse a través de la música”. Empezó con clases de piano cuando tenía cuatro años, y alcanzó la fase final de la competición juvenil en Munich a los cinco. Su madre había estudiado piano.

Arabella Steinbacher: Cuando tenía tres años, su madre leyó que un profesor alemán de violín acababa de volver de Japon tras estudiar el método Suzuki. Steinbacher empezó a recibir clases entonces. Su madre es una cantante profesional y su padre primer repetidor de la Bayerische Staatsoper desde 1960 hast 1972.

Alexandre Tharaud: Descubrió el mundo de la música por su padre, un director y cantante de operetas, que se representaban en teatros del  norte de Francia, donde su familia pasaba muchos fines de semana. Por iniciativa de sus padres, Alexandre empezó a estudiar piano a los cinco años.

Alisa Weilerstein: Empezó a tocar el cello a los cuatro años. Debutó a los trece con la Cleveland Orchestra. Su padre es violinista y su madre pianista, y forma con ellos el Trio Weilerstein.

Viktoria Mullova: No hay datos, pero si foto. Su padre era ingeniero. A menudo asistía a las clases de su hija, tomando notas y discutiendo luego detalles técnicos con ella.

Benjamin Schmid: No hay datos. Su padre era un músico aficionado de jazz.

De ocho, dos niños prodigio, la niñas Ott y Weilerstein. Para el resto del viaje no hacían falta alforjas: Salvo Mullova (y su padre algo sabría de música para corregirla), todos tenían herencia y entorno musical, en la mayor parte de casos muy fuerte. Dos empezaron a estudiar sus instrumentos a los ocho años; cuatro, con cinco o menos. Lo cual no confirma pero tampoco desmiente lo que sigue:

¿Son tan raros o tan prodigiosos los niños prodigio?

Entre los mejores músicos profesionales, probablemente ni una cosa ni la otra. Con una herencia adecuada y un entorno estimulante, muchos niños pueden adquirir gran destreza a muy corta edad. Por otra parte, bastan un par o tres de años de precocidad para convertir lo habitual en llamativo y pasar del anonimato a la popularidad, si es que se opta por exhibirlos, cosa que afortunadamente no sucede tan a menudo. Son una emocionante prueba de la capacidad del ser humano, pero no tan excepcionales ni más dignos de admiración que la merecida por cualquiera que se esfuerza en conseguir algo. Y habría que ver cuántos de estos niños prodigio llegan luego a ser, no ya genios, que eso sí es escaso, sino simplemente buenos artistas.

¿Pierden su infancia los niños prodigio?

Tienen una infancia distinta, pero también ellos son distintos. Y más o menos prodigiosos o populares, son muchos los músicos profesionales que desde muy pequeños han recorrido más kilómetros sobre el teclado o las cuerdas del violín que en los campos de deporte, sin que parezca que eso les haya hecho infelices. Cabría también preguntarse por la infancia de niños sobrecargados de actividades extraescolares que en sus ratos libres deben además acudir al optoterapeuta, al logopeda, al psicólogo, a la revisión del dentista o a cambiarse las plantillas. O por la infancia de los que los kilómetros los hacen para ir a por agua.

¿Puede el éxito afectar negativamente el futuro de los niños prodigio?

Es peligroso, y el comportamiento de sus padres es a veces deleznable, pero serían igualmente lesivos para sus hijos aunque no fueran prodigios, y a cosas peores sobreviven muchos. Tampoco debe ser muy sana la bobaliconería con que a veces se sobrevalora hasta la nausea a los niños, y son afortunados los que tienen alguien cerca que les relativice siempre la importancia de sus habilidades, o un padre como el de Alban Gerhardt:

– Su padre es un violinista de la Berliner Philharmoniker. Le enseñaba cuando era pequeño?
– No, nunca. Una vez al mes más o menos aparecía por la puerta gritando: “Estás desafinando continuamente” y se iba dando un portazo. Solía culparle de mis escasos progresos, “¿Por qué no me enseñas? Podría hacerlo mejor y ganar el concurso juvenil” Pero mi padre replicaba, “Un día estarás muy contento de que no te haya enseñado,” y tenía razón desde luego. Al final me di cuenta de que me estaba enseñando a ser independiente.

Desde luego, a un niño prodigio no le iría nada mal tener unos padres prodigiosos. Y, ya puestos, vivir en un mundo prodigioso. O sea, lo mismo que a los niños no prodigiosos.

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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16 respuestas a El no tan prodigioso caso de los niños prodigio

  1. Allau dijo:

    Tengo la intención de ser viejo prodigio, lo que todavía es mucho más difícil, porque nunca apunté maneras ni promesas que no pensaba cumplir. Me temo que me envían de cabeza al “Discovery Channel”.

  2. maac dijo:

    JL, entonces ¿crees que yo todavía tengo futuro?

  3. Josep Olivé dijo:

    Muy interesante. Estoy de acuerdo con tus apreciaciones acerca de la genialidad tan precoz, el entorno en que se desarrolla y el escaparate en que se expone. Quisiera hacer énfasis en que los tutores son clave en lo que tanta precocidad va a convertirse. Pero permíteme añadir una faceta o casuística más, y es aquella en la el talento se desarrolla a pesar de, o aquella en la que precisamente el talento se multiplica a pesar de. El documental de la BBC sobre Beethoven que nos facilitaste es un ejemplo sobrecogedor de lo que quiero decir.

  4. OLYMPIA dijo:

    Molt interessant i raonat el teu article però crec en el talent congènit que si troba l’ambient per desenvolupar-se triomfa. Veure, per exemple, Verdi, Brahms, Mahler, Casals. I també es donen casos contraris, nens amb noms cèlebres que esdevenen mitjanies.
    Salut.

  5. angels dijo:

    Solo un inciso, recomiendo leer la crítica del concierto de Viena con el director Welser-Móst en L.V. me ha hecho mucha gracia porque pienso lo mismo.De los niños prodigio solo diré que me dan repelús.Claro que hay músicos que empezaron muy pequeños ,pero si sus padres no los exhibieron y pudieron formarse y perfeccionarse entonces !chapeau!.U.A.adióoooooos

  6. kalamar dijo:

    Los hijos de arquitectos, escritores o músicos tienen mucho ganado. El mérito está en, sin tener el ambiente ya caldeado, tirar con el talento hacia delante. Y tal como está el sistema educativo y la ceguera de muchos padres, lo veo muy complicado. Cuántos chicos y chicas he visto con grandes aptitudes que se pierden en la vagancia y la comodidad..

  7. Vicicle dijo:

    Ah!, el proceloso mar de los prodigios, sean niños o no. No sé si conoces una peli sobre un niño prodigio del piano, Vitus es el título. No es que sea una reflexión en toda regla sobre lo que tú planteas, pero se acerca, y tiene cosas tan agradables como ver a Bruno Ganz en el papel de abuelo del niño.

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