Música y nacionalismo

Moldau

En una colección de canciones publicadas en 1848, Friedrich Hecker, un radical de Baden, afirmaba: “La canción política es la propiedad indestructible del individuo. Aprendes una canción, la cantas en la estruendosa algazara y emoción del momento, pero en las horas de serenidad en las que reflexionas y sueñas despierto, y también en los paseos y las excursiones, la canción política resuena suavemente en el corazón (…) [A]sí es como una persona se vuelve política” Hay que relacionar esta observación con la idea de Benedict Anderson según la cual las naciones no existen hasta que no se las imagina. Como sólo un número muy pequeño de personas llegan a conocerse directamente, deben disponer de un medio que les permita pensarse como parte de la misma comunidad nacional. En ese acto imaginativo primordial, la música desempeñó un papel de enorme importancia.

Tim Blanning – El triunfo de la música.

Smetana – Vltava (Ma vlast). Tschechische Philharmonie, Karel Ancerl.

Casi un minuto aguarda Karel Ancerl antes de empezar, volviéndose una y otra vez al público para hacerle callar. En la mala educación, ninguna nación encontrará una seña de identidad exclusiva.

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Lo que sigue pertenece a un artículo de Jordi Llovet a propósito de los textos que Nietsche dedicó a Wagner, publicado el pasado jueves en El País:

A lo largo de su atormentada vida, Nietzsche experimentó por Wagner sentimientos muy opuestos i de difícil avenencia. Cuando le conoció, en la época en que el músico vivía en Triebschen, no muy lejos de la Basilea en la que el filósofo enseñaba filología clásica, Nietzsche preparaba su texto sobre El origen de la tragedia. Entonces le pareció que el proyecto dramáticomusical de Wagner encajaba de maravilla con su ideal regenerador de la tragedia antigua como forma de educación i de elevación de la ciudadanía alemana, que por entonces consideraba arruinada —i que, en realidad, acabó  arruinada del todo, culturalmente hablando, por la pérfida alianza entre Wagner mismo y el propagandista Goebbels. (Nietzsche mismo también recibiría en esta operación de propaganda insensata.) Tanto la idea del filósofo como la de Wagner arrancaban de una idea del Kunstperiode alemán (Goethe, Schiller), según la cual un país necesita un teatro nacional —idea que también tuvo Jordi Pujol, germanófilo, i fundó uno cerca de las Glorias— para conseguir una cultura de patente y un sentimiento común, de hermandad.

Pero Wagner no tardó en abandonar el terreno del clasicismo —si es que alguna vez había entrado verdaderamente en él— e interesarse por la reconstrucción del espíritu alemán sobre la base de la cultura histórica medieval de las tierras teutonas: los Nibelungos se convirtieron en su épica de referencia, y las acrópolis i los teatros de Epidauro perdieron cada vez más terreno en la concepción wagneriana del drama musical. Nietzsche, por contra, continuó remachando su posición y acabó distanciado de Wagner, incluso enemistado, en especial cuando asistió a las primeres representaciones del ciclo de el “anillo” wagneriano (1876), en el recién estrenado templo de Bayreuth —lugar en el que, año tras año, se reúnen melómanos conspicuos, pero siempre mezclados con una multitud de nostálgicos del Imperio guillermino, si no de un régimen peor, hecho que produce más angustia que otra cosa.

(…)

Buena lección para la Catalunya de nuestros días. ¿Edificaremos los próximos años una cultura arraigada en la universalidad clásica, como ya lo hicieron los novecentistas, o caeremos, como Wagner, en la veneración mistificada de les formas medievales i y folclóricas de la cultura?

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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23 respuestas a Música y nacionalismo

  1. maac dijo:

    Me parce a que Jordi Llovet tiene una gran empanada y un montón de prejuicios. Tendría que leerme el artículo entero pero a bote pronto me parece muy manipulador o demagógico, tanto en lo que se refiere a Wagner -que no tuvo la culpa de la utilización que de él se hizo- como en el paralelismo que hace con Jordi Pujol.

    • José Luis dijo:

      A medias de acuerdo, no lo tengo tan claro. La alusión a Pujol, demagógica y oportunista, no se salva ni por el tono jocoso que puede intuirse, pero su advertencia contra una barretinolandia no me parece que esté de más. Respecto a Wagner, como tú, tenía la idea de que fue tan utilizado como el mismo Nietzsche, sin embargo, parece que no hay dudas respecto a su antisemitismo (el mismo Llovet cita como prueba un escrito contra Meyerbeer) y no es difícil ver en sus obras ideas que podrían coincidir perfectamente con las del nazismo. En cualquier caso, no me interesa demasiado el juicio a las personas que pudieron inspirar o ser entonces (entonces; no ahora) seducidas por el nazismo y tampoco creo que eso deba influir en su valoración como artistas; creo que estás leyendo a Celine. Más grave es el riesgo de que ahora aparezca un nuevo Hitler, no tanto apoyado en nacionalismo como en el descrédito de los políticos trasladado a la democracia.

      • maac dijo:

        Una cosa es que Wagner fuera antisemita, que lo era, y otra distinta que fuera nazi, cuando nace Hitler ya hace seis años que había muerto Wagner.
        También hubo judios que fueron muy amigos de Wagner. Hay que distinguir antecendentes del nazismo y nazismo propiamente dicho, la diferencia es sustancial. Cuando el partido Nazi llega al poder hace cincuenta años que ha muerto Wagner, así que, cuando muere Wagner, no había nacido el nazismo, mucho más importante en su nacimiento fueron las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Se acusa a Wagner de crímenes que no cometió, quizás ni se los imaginó, bueno, sin quizás, no se los imaginó.

        • José Luis dijo:

          Insisto en que es un asunto que me importa muy poco y en el que no tengo una opinión radical, entre otras cosas, porque creo que muchos que ahora se (nos) rasgan(mos) las vestiduras, en aquellos años podiamos haber caido de narices en el nazismo. Y ya me gustaría que todo el mundo tuviera presente el riesgo de que esa delirante barbaridad (barbaridad que va mucho más allá del exterminio de los judios) se vuelva a repetir. Desde ahí, puedo pensar y pienso (zin acritú) que Wagner hubiese sido nazi llegado el caso. Es más: estoy tan convencido de eso, como convencido de que puedo equivocarme. Y me importa un rábano.

      • Josep Olivé dijo:

        Wagner era antisemita recalcitrante (ni más ni menos que la mitad más uno de lo que hoy decimos que es Europa), y muy poco de provecho ofrece su figura humana. Pero si hubiera comulgado o no con los postulados nazistas convendras conmigo que eso no consta ni nunca se sabrá. Por cierto, ¿en qué obras de Wagner es fácil ver perfectamente posibles coincidencias con el nazismo?

        • José Luis dijo:

          Supongo que viste el último Parsifal del Liceo. Y dime que representa Sigfrido. Creo que padecemos del síndrome “no me toques (tanto) a mi ídolo”.

          • Josep Olivé dijo:

            No soy mitómano, en absoluto. Y Wagner no és mi ídolo. Y no siendo aficionado a los bustos en mi casa solo hay tres: Bach, Mozart y Beethoven. Ni nada de lo que escribo aqui ni en ningun sitio padece del síndrome que indicas. Si vi el último Parsifal del Liceu, y? También hemos visto muy recientemente una Rusalka que hacia de puta. O sea, que las producciones sacan cosas en las que el creador tal vez ni ha pensado. ¿O no? ¿Sigfrido? ¿Cabe un héroe tan caricaturesco, inocente, despistado, insensato y tonto? No se esmeró demasiado Wagner en dejar bien a su raza. Desde luego.

          • José Luis dijo:

            Vale, vale 🙂 Para no ser aficionado a los bustos tienes en casa a la Santísima Trinidad 😉 pero tienes razón: Pongo el plural en singular, porque tu “nunca se sabrá” es irrefutable. Pero un personaje que calificas de despreciable y racista y que anda buscando desde la cumbre salvadores para el mundo, como Sigfrido el natural, aunque le saliera impotente, o como Parsifal o Lohengrin, no dista demasiado de lo que diez, cien, o mil años después, que poco importa, encarnó el nazismo.

            La verdad es que me encuentro defendiendo algo en lo que no creo ni a lo que me parece valga la pena dedicar muchas energías, pero no veo el artículo de Llovet como un ataque a Wagner, y mucho menos a su música, sino una crítica a la utilización que el nacionalismo puede hacer de la cultura, con consentimiento del artista o sin él. Y si se me ha ido el dedo hablando de tocar a los santos, es porque estoy algo sorprendido de haber levantado ampollas, cuando sólo pretendía contraponer su texto al de Blanning, como le he comentado a kalamar. Por cierto, parece que Mullova estuvo de miedo, ¿no?

          • Josep Olivé dijo:

            Pero es que el artículo no es un ataque a Wagner, así lo entiendo yo perfectamente también, pero todo el queda desacreditado por completo al utilizarlo de mala manera en su último párrafo. Su interrogante final es perverso, puesto que nuestra cultura, la de todos estos años, que yo sepa/entienda, no ha dado motivos para tales miedos.

            ¿La Mullova? Soberbia, estratosférica, impresionante. Mañana repito. No te la pierdas. Con esto ya esta todo dicho. Y el Concieto para Orquesta de Bartok una genialidad absoluta, que te atrapa y no te deja hasta su maravilloso acorde final en glissando.

            La temporada de la OBC este año brinda conciertos muy bien programados. Los dos dedicados a Bartok/Shostakovitx (el de hoy y el de hace unas semanas) son una prueba de ello. El estreno de Honegger, y los conciertos pendientes con la monumental octava de Bruckner, el requiem verdiano, la Novena, la cuarta de Mahler y el Canto de la tierra de idem…no esta nada mal. El tan discutido Pablo Gonzalez algo tendra que ver. Espero que esto al menos se lo reconozcan, pero me temo que ni así.

          • José Luis dijo:

            Al final va a quedar una letra por línea 🙂 Pero vayamos a lo que importa: Claro que iré mañana (si nada lo impide, lo digo por si acaso, y cruzo los dedos) y con lo que decís, ya estoy empezando a disfrutar de antemano. Además de lo de Don Dimitri, tengo mucho cariño al Concierto de Bartok, la obra que me descubrió “otra” música, hace muuuuuuuuchos años, en el Palau. A ver si nos vemos. Me pondré un farolillo rojo colgando de las orejas 🙂 Estoy totalmente de acuerdo en que este año la programación es muy chula y me sumo a tus deseos de reconocimiento para el dire. Pero ¿La canción de la tierra? Ojalá me confunda, pero este año no toca.

          • Josep Olivé dijo:

            Ops! Esto también es irrefutable: la Canción de la tierra no toca. ¿Lo habré soñado? 🙂
            Pues en su lugar “Vida de héroe” y los excelsos “Cuatro interludios marinos” de la ópera Peter Grimes. Apa! 🙂 No me vas coger mania por entrar tanto hoy, ¿no? 🙂 🙂 🙂 Y espero que los/las colegas tampoco.

          • José Luis dijo:

            No; de hecho estoy rumiando como hacer para darte un punto extra para el concurso 🙂 Además, estamos poniendo a prueba la capacidad de estrechamiento de los párrafos. ¿Que hará ahora con una palabra como otorrinolaringologogía?

  2. Josep Olivé dijo:

    Jordi Llovet, unas veces brillante, y otras que derrapa, pero bien. ¿Cuando se produjo la pérfida alianza entre Wagner y Goebbels? Uno utilizó al otro con descaro, desvergüenza y con fines malvados. No hubo alianza posible. Dice que Wagner “cayó en la veneración mistificada de las formas mediavales y folclóricas de la cultura”. Pues bendita y gloriosa “caida”. La calidad musical y cultural de esa caida es enorme, es fantástica. Un partido, el nazi, va y saca tajada de esa “caida”. Que Wagner era un ser despreciable es conocido y aceptado, pero el no creó su música contra nadie ni es culpable del uso que se hizo de ella. Ese partido también utilizaba la Novena para grandes celebraciones y nadie en su sano jucio se mete con Beethoven. Y Llovet cae a la cuneta después de derrapar cuando saca bien demagógicamente a Catalunya y su presunto futuro cultural. Y lo que habla de la confrontación con Nietzsche no se entiende nada. En la película de Tony Palmer lo entendí todo en una escena memorable en donde el filósofo repasa, y de qué manera, al músico en su misma casa de Thiesben y en presencia de la aún esposa de Bulow. Le llama de todo menos guapo, y Burton hundido en el sofá que da hasta pena. Karel Ancerl, ese si que vale la pena “leerlo”, uno de los grandes de la gran cantera de directores checos/eslavos.

    • José Luis dijo:

      Como suele suceder, yo no he leído lo mismo 🙂 Tenía entendido que las discrepancias empezaron con el redentor Parsifal, y en ese texto me entero de que ese el punto culminante de algo que había empezado con el cambio de objeto de interés, del clasicismo a la tradición germánica. Junta a esto la lectura socialista del anillo que hace Bernard Shaw (gracias, kalamar! 😉 ) y tenemos todos los ingredientes del nazismo. Los frutos culturales de Wagner hubieran sido enormes hubiera “caído” donde hubiera caído, y Llovet no cuestiona su música: No he puesto ese párrafo, pero si vas al enlace verás que alaba el Parsifal.

      • Josep Olivé dijo:

        El distanciamiento entre filósofo y músico empezó mucho antes de la experiencia metareligiosa de Parsifal, que se estrena en 1882 en Bayreuth. Ya en las ultimas visitas a Thiesben, Nietzsche empezó a dudar seriamente del apostolado wagneriano, y en el estreno del Anillo en 1876 creo que su atención no pasó de la primera jornada.

  3. Allau dijo:

    Jordi Llovet supongo que es un antropoide inteligente, pero sus opiniones tienden cada día más a las de una “tieta” con manías.

    Tu traducción de la conjunción copulativa española (¡arsa!) “y” en una “i” de deriva independentista no sé a qué atribuirla. Si no es voluntario, es provocativo.

  4. kalamar dijo:

    Estoy de acuerdo con el párrafo final si lo relacionamos con las políticas culturales de CIU cuando ha estado en el poder. Supongo que Llovet critica las pseudofilosóficas y folclóricas historias que cocina Wagner (unas buenas empanadas, como otras tantas en la hª de la ópera) pero en absoluto su música.

    • maac dijo:

      ¿Y por qué hace referencias al estreno del Anillo y a Bayreuth? Para mí que lo mezcla todo.

    • José Luis dijo:

      Lo mismo pienso yo, kalamar. Se me ha ocurrido complementar el texto de Blanning, sobre cómo la música puede vertebrar de forma natural una nación con el de Llovet, que llama la atención sobre la utilización política de la cultura nacionalista. De abajo a arriba y de arriba a abajo.

      Vuestro silencio sobre Mullova es inquietante…

    • Josep Olivé dijo:

      Si, toda una lástima que después de no se cuantos años de gobierno de izquierdas, prural y progresista este aspecto tan lamentable de cultura de “pastorets” no le pusieran remedio. Es más, la pimera consellera de cultura de dicho gobierno lo fué simplemente por una cuestión de paridad de poltronas. Sus dotes para el cargo no creo que importaran demasiado. Política cultural, con mayúsculas. Llovet desbarra, y mucho, en el poti poti cultural catalan y wagneriano Y me sabe mal, porque cuando quiere y puede es digno de ser leido.

  5. Buenas tardes, creo que el tono desenfadado de este blog me permite expresarme con cierta… familiaridad. Tampoco soy mitómano, pero ¡Wagner me pone! ¡Y cómo! Así que no soy imparcial en esto. Los debates políticos no me atraen, así que pasaré por encima. Respecto al viejísimo tema del nazismo está todo dicho. Cada uno puede tener su opinión y estar seguro de que algún sabio piensa igual. Tan claro lo dice todo en El judaísmo en la música como en multitud de párrafos de su autobiografía en sentido contrario. El final de los Maestros cantores lo debió contemplar el “pequeño guía” saltando de emoción en su butaca. Hoy hay muchos artistas que manifiestan su credo nacionalista. Bastaría con que un nuevo “guía” iluminado utilizase sus palabras para legitimizar culturalmente su ideal. Wagner me pone, y no odio a nadie.

    • José Luis dijo:

      “Cada uno puede tener su opinión y estar seguro de que algún sabio piensa igual” Genial. Y ahora, con internet, seguro que encuentra ese sabio. 🙂 Y los maestros cantores son seguramente el mejor ejemplo de lo que dices: El susodicho saltando de alegría, pero eso tampoco vale para atacar a Wagner. Y sobre todo, escuchando ese emocionantísimo y positivo final ¿quien piensa en atacar ni en odiar a nadie?. De lo cual podríamos deducir ahora que la obra de Wagner, más allá de su persona, es no sólo buena sino benéfica. Seguro que encuentro algún sabio que piensa igual 😉

      Muchas gracias, creo que todos aplaudirán tu comentario, y me alegro de que te encuentres cómodo aquí; en realidad hoy estaba un poco más serio de lo habitual.

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