El enano Alberich, cada vez más rico

Sí, la guerra fue más un brusco desenmascaramiento que un cambio de cara; la gran diferencia radica en que ahora Alberich es más rico, mientras que sus esclavos son más pobres y trabajan más (cuando tienen la suerte de poder trabajar en algo, claro). El anillo termina con la muerte de todo individuo, salvo tres sirenas, y aunque la guerra ha avanzado lo suficiente por el argumento incontestable de que el próximo conflicto, “con sus “cargas de profundidad”, acaso aniquile hasta a las sirenas, el telón todavía no ha puesto punto final a nuestro drama, así que tendremos que mantenernos lo mejor que podamos. Si lo conseguimos, puede que este libro deba editarse una vez más. Si no, quizá el mundo entero deba ser reeditado.

 George Bernard Shaw – Prefacio a la cuarta edición de “El perfecto wagneriano” (1922)

Alberich, un enano “calloso y sulfuroso“, “jorobado y peludo“, una “indecente cabra vieja” según sus deseadas ondinas, despechado y demasiado estúpido para darse cuenta de que su único beneficio sólo puede realizarse como parte del beneficio general del mundo, ya que no podía ser se concentra en tener, robando el oro del Rín, hasta entonces apreciado tanto por su belleza como por su esplendor natural, es decir, de un modo que nada tiene que ver con la economía. (…) Abjura del amor como miles de nosotros hacemos cada día; y en un abrir y cerrar de ojos ya es dueño del oro. Con su poder condena miserablemente a la esclavitud a hordas de nibelungos (…) para que trabajen únicamente en pro de su beneficio. Ellos no lo perciben, del mismo modo que las víctimas de nuestras “peligrosas transacciones comerciales” nunca llegan a conocer a los accionistas cuyo poder omnipresente, en cualquier caso, los guía a la destrucción.

Alberich hace también que su hermano Mime le forje un yelmo mágico con el que desaparecer o cambiar de aspecto a voluntad y así controlar a los nibelungos. Hoy, el yelmo es artículo de uso frecuente en nuestras calles, si bien, por lo general, se manifiesta en forma de sombrero de copa; hace a las personas tan invisibles como un accionista o como lo que ahora llaman “los mercados”.

¡Ja, ja, ja, ja, ja!¡Gracias, imbécil. Has conseguido hacer un buen trabajo. ¡Hoho, hoho! vosotros, todos los nibelungos, ahora os inclinareis ante Alberico. El está presente en todas partes, y os está observando. Ya habéis descansado y reposado lo suficiente. Ahora, debéis trabajar para él, cuando no le podéis ver; cuando menos le esperéis, estad alerta por si aparece. Por siempre seréis sus súbditos. Escuchad cómo se acerca el Señor de los Nibelungos.
Wagner – Das Rheingold (Levine, Met 1990)
Hahahahahaha! Hab’ Dank, du Dummer! Dein Werk bewährt sich gut! Hoho! Hoho! Niblungen all’, neigt euch nun Alberich! Überall weilt er nun, euch zu bewachen; Ruh’ und Rast ist euch zerronnen; ihm müßt ihr schaffen  wo nicht ihr ihn schaut; wo nicht ihr ihn gewahrt, seid seiner gewärtig! Untertan seid ihr ihm immer! Hoho! Hoho! Hört’ ihn, er naht: der Niblungen Herr!

En el momento en que se liberen los poderes plutónicos y el descorazonado Alberich entre en acción blandiendo su dinero corrupto, los dioses se las verán cara a cara con el poder de la destrucción, pues es Alberich quien, armado con el látigo del hambre para esclavizar a los enanos en su trabajo y así poder comprar los servicios de los gigantes sin dificultad, puede eclipsar la efímera opulencia y el vano esplendor de la edad de oro. Asi, el enano puede erigirse fácilmente en dominador del mundo, a menos, claro está, que los dioses, dotados de una mayor inteligencia, sepan de algún modo para recuperar el oro.

George Bernard Shaw – El perfecto wagneriano

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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7 respuestas a El enano Alberich, cada vez más rico

  1. No tengo nada nuevo que aportar a este tema, que me atrae como el oro a un herrero jorobado. Sólo que la semana pasada me enteré, disculpen, de que Alberic es un pueblo de Valencia. Va uno conduciendo por la A7, en mi bemol, compases y compases, tan a gusto, cuando al llegar a Alberich todo se complica. (Ya dije que nada nuevo, pero quería dejarte un comentario, que eso anima).

    • José Luis dijo:

      Alberic lo complicó todo. Lo que no entiendo es lo de la “A7, en mi bemol” ¿A7 no es La septima?.

      Creo que algun vecino de por aquí conocerá Alberich, y más, teniendo en cuenta que tiene una muntanyeta

      En cualquier caso, gracias por tu comentario, que claro que anima.

      • Era una tontería: El anillo comienza con ciento y pico compases, un par de minutos, al menos, con el acorde de mi bemol, el motivo de la naturaleza, dale que te pego, sin parar. Hasta que aparecen las ondinas (no Alberich). Yo decía que ibas tan tranquilo por la carretera, monótono, autovía, hasta que aparece Alberic.

  2. Miguel dijo:

    Ummm… “neoliberalismo y globalización”…los “gobernantes-dioses” con sus pactos incapaces de controlar sus consecuencias… los “mercados” utilizando su particular “yelmo”…la cosa promete.

    • José Luis dijo:

      La actualidad de la lectura que hace Bernard Shaw demuestra lo listo que era el muy pájaro y lo genial del argumento de Wagner. Aún quedan algunas perlas, y eso sólo con Rheingold, porque el análisis de Sigfrido, del que no he preparado nada, es interesantísmo

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