¿Por qué es tan bueno Stoner?

The Thinker - Retrato de L.N.Kenton (Thomas Eakins) (Detalle)

El amor a la literatura, al lenguaje, al misterio de la mente y el corazón manifestándose en la nimia, extraña e inesperada combinación de letras y palabras, en la tinta más negra y fría… el amor que había ocultado, como si fuese ilícito y peligroso, empezó a exhibirse, vacilante en un principio, luego con temeridad y finalmente con orgullo.

Según dice Capote en el prefacio de Música para camaleones, hay una sutil pero brutal diferencia entre escribir bien y el arte verdadero. Y, aunque no tengo ni idea de lo que hace esa diferencia, la autenticidad debe ser uno de los ingredientes mágicos y una de las principales virtudes que hacen de Stoner la gran obra de arte que es. Autenticidad fácil de reconocer, y que no deriva necesariamente de lo que pueda tener de autobiográfica,  porque la verdad de la novela de John Williams es la que, más o menos conscientemente, compartimos todos, y porque si al pobre Stoner le hubiese partido un rayo al acabar cualquier capitulo y su vida y el libro acabasen así y ahí, su historia seguiría siendo completa, toda una vida completa y perfectamente explicada desde que en la primera página nos instalamos en el reducto más íntimo de su interioridad, nuestro más intransferible y sin embargo común espacio.

Me gusta mucho como escribe este desconocido John Williams, capaz de ser, desde su sencillez, tan poderoso como lo es Faulkner desde sus antípodas. Me gusta en sus sencillas y expresivas descripciones

…el frío había remitido por lo que sólo quedaba algo de fresco en el aire, aunque los árboles habían perdido las hojas, la hierba se empezaba a oscurecer y había una desnudez general que presagiaba un invierno duro.

y es sobrecogedor cuando narra la muerte de sus padres, acabando con un párrafo que recuerda y puede que beba del final de Dublineses:

La enterró junto a su marido. Al concluir el funeral, se quedó solo en el frío viento de noviembre y miró las dos tumbas, una abierta a sus pies y la otra cubierta y poblada por una fina capa de hierba. Se giró hacia el pequeño lugar yermo y sin árboles que acogía a otros como sus padres y miró a través de la tierra plana en dirección a la granja en la que había nacido, en la que sus padres habían pasado los años. Pensó en los costes que precisaba, año tras año, el suelo, que seguía siendo el de siempre, algo árido, tal vez ahora algo más fecundo. Nada había cambiado. Sus vidas se habían consumido en un trabajo triste, rotas sus voluntades, sus inteligencias embotadas. Ahora yacían en la tierra a la que habían entregado sus vidas y, paulatinamente, año tras año, la tierra les acogería. Lentamente la humedad y la descomposición infestarían las cajas de pino que contenían sus cuerpos y, gradualmente, tocaría sus carnes hasta acabar consumiendo los últimos vestigios de sus sustancias. Y se convertirían en parte irrelevante de aquella obcecada tierra a la que en el pasado entregaron sus vidas.

Pero el libro es tan duro como la verdad, porque a Stoner le pasa lo que a su mentor Archer Sloane y lo que a todos, que el mundo y sus deformes moradores se nos vienen encima como nosotros caemos sobre los demás. Y sea la guerra o se  llame Walker, Lomax o Edith, la única esperanza que tenemos es no dejarle entrar en nuestro refugio, en el estudio, en el arte o en el amor, si es que no es todo la misma cosa.

Y así la providencia, la sociedad o la suerte, como quieras llamarlo, ha creado esta cabaña para nosotros, para que podamos refugiarnos de la tormenta. Es para gente como nosotros por lo que existe la universidad, para los desposeídos del mundo; no para los estudiantes, ni para la altruista búsqueda de conocimiento, ni por ninguno de los motivos que se aducen por ahí. Nosotros distribuimos el raciocinio y permitimos el acceso a él a algunas personas comunes, a aquéllos que encajarán mejor en el mundo. Pero se trata sólo de un barniz protector. Al igual que la Iglesia en la Edad Media, a la que le importaban un bledo los seglares e incluso Dios, también nosotros sobrevivimos gracias a nuestros engaños.

(…)

“Deseo y aprendizaje”, dijo una vez Katherine.  “En realidad eso es todo, ¿verdad?”

(…)

En su año cuarenta y tres de vida, William Stoner aprendió lo que otros, mucho más jóvenes, habían aprendido antes que él: que la persona que uno ama al principio no es la persona que uno ama al final, y que el amor no es un fin sino un proceso a través del cual un persona intenta conocer a otra.

(…)

El amor intenso y fijo, siempre había estado ahí. En su juventud lo había dado sin pensar, lo había dado al conocimiento que le había revelado-¿hace cuántos años?- Archer Sloane; se lo había dado a Edith, en aquellos primeros días tontos y ciegos de cortejo y matrimonio, y se lo había dado a Katherine, como si nunca antes lo hubiera hecho. Lo había ido dando, de manera extraña, en cada momento de su vida y quizás lo había dado más cuando no era consciente de estar dándolo. No se trataba de una pasión ni de la mente ni de la carne; era más bien una fuerza que comprendía a ambas, como si fuera, más que un asunto de amor, su sustancia específica. A una mujer o a un poema, simplemente le decía: ¡Mira! Estoy vivo.

El final, que se lee con un mantenido nudo en la garganta, es la mejor muerte que he leído desde la del príncipe Salina, El Gatopardo.  Y Stoner, una de las mejores novelas que he leido nunca. Gracias a todos los que la recomendaron aquí.

The Thinker - Retrato de L.N.Kenton (Thomas Eakins)

En su tierna juventud, Stoner había pensado en el amor como en una manera de existir absoluta a la que podría acceder si era afortunado; en su madurez había decidido que era el cielo de una religión falsa hacia el que se debía mirar con sosegado descreimiento, benévolo y crónico desprecio y vergonzante nostalgia. Ahora, a su mediana edad, empezaba a entender que ni se trataba de un estado de gracia ni de una ilusión; lo veía como un acto humano de conversión, una condición inventada y modificada, minuto a minuto y día a día, por la voluntad y la inteligencia del corazón.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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10 respuestas a ¿Por qué es tan bueno Stoner?

  1. Allau dijo:

    ¿Por qué es tan bueno? Quizás porque su historia es tan triste y vulgar como todas, pero su protagonista comparte nuestra grandeza trágica sin hacerse sospechoso de imposturas “literarias”. Bienvenido (por fin) al club de los lectores de “Stoner”.

    • José Luis dijo:

      Más vale tarde que nunca (para cosas como ésta, claro). Coincidimos, literatura y vida sin imposturas, la autenticidad de Stoner, del profesor de Literatura y de la novela, es también la de la escritura de Williams.

  2. kalamar dijo:

    Mejor que bueno, lloré, entre otras cosas, porque se acababa.
    Qué bien has escogido la imagen.

    • José Luis dijo:

      Pues yo no por eso, porque lo puedes volver a empezar. Si dejas el ratolí encima de la imagen, veras que indica que es el cuadro que usaron los de la editorial americana, muy bien escogido, estoy de acuerdo.

  3. timamót dijo:

    Corto y pego: “Me la vaig acabar ahir i la he llegit en 4 tirades. És molt bona. Tan (aparentment) simple. Tan humana. Tan ben dosificats els diàlegs, les descripcions que en tota la novel·la vas comprenent el personatge i la seva circumstància. Una gran novel·la”
    Al cap d’un mes i mig encara noto el gust que em va deixar, vida, dignitat, amor…
    Tinc in mente llegir una altra obra de l’autor, de la qual he llegit elogis, que va de la vida d’August i es titula percisament Augustus.

  4. alopez47 dijo:

    Tomo buena nota de tu recomendación, José Luis. Tu entrada me ha parecido muy sugerente e interesante.
    Con respecto a Vida y destino, la leí hace años. Tiene páginas memorables, pero ya puedes hacer acopio de una férrea voluntad y de papel y lápiz para dibujar un croquis de los mil y un personajes que aparecen. Formalmente es una novela un tanto decimonónica (la Guerra y Paz del siglo XX…), con los aspectos positivos y negativos que ello comporta (la valoración final depende del gusto de cada uno)
    Por lo que atañe al otro Grosman, en su momento me interesaron mucho amabas novelas. No he llegado a leer ninguna, pero creo que se tratan de textos más que recomendables.
    ¡Ojalá dispusiéramos de más tiempo para poder sumergirnos en el paraíso de la lectura tanto como se nos antojara! Actualmente estoy leyendo una antología de relatos de Augusto Monterroso. Un autor que no conocía y que estoy disfrutando. Te dejo un par de relatos, a ver qué te parecen (la cosa va de paraísos…)

    El Paraíso imperfecto: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/monte/paraiso.htm

    El Paraíso: http://olanchitocultural.webs.com/apps/forums/topics/show/4144438

    • José Luis dijo:

      Unos párrafos que leí de Vida y Destino ya no me gustaron demasiado, y lo que dices no acaba de animarme. Creo que me quedaré con la Guerra y Paz original, que sus personajes no son pocos, aunque no centenares, y quedan perfectamente fijados en la memoria. Sobre todo Natasha.

      Me miraré esos relatos, pero no te pierdas tú Stoner, que es una recomendación garantizada.

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