John Williams – El Hijo de César

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Todas las vidas son misteriosas, supongo, incluso la mía propia.

Después de Stoner, cualquier cosa firmada por John Williams es atractiva, y aunque el género sea otro, El hijo de César responde a las expectativas.  El hijo de César es Augustus, título original que Ediciones Pàmies ha creído mejorable, y el libro es lo que parece, una novela histórica centrada en ese personaje, muy recomendable, con mayor motivo para los aficionados al género.

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Distintos criterios han guiado la construcción de esta novela epistolar en la que todo encaja con naturalidad y con una facilidad engañosa, tras la que se intuyen muchísimas horas de trabajo, no sólo de documentación. Dividida en tres libros que siguen las tres etapas de la vida de Augusto, yendo simultáneamente de la gran a la pequeña historia y de ésta a la íntima, el primero más dedicado a los acontecimientos políticos y militares relacionados con su ascenso al poder, el segundo, a la sociedad romana en la que gobierna, y el más breve tercero totalmente centrado en el protagonista. Estas son las mejores páginas de la obra, una carta que Augusto, presintiendo la proximidad de su muerte, escribe a Nicolás de Damasco, un viejo amigo, historiador y filósofo, en la que, no sin alguna sorpresa relativa a sus auténticas motivaciones y sentimientos, se redondea el personaje que hasta ese momento no había hablado y que se nos había mostrado por referencias, pues las otras dos partes son escritos de personajes de su mundo, en su inmensa mayoría correspondencia entre su amigo Mecenas y el historiador Tito Livio, entre Marco Antonio y Cleopatra, entre su esposa Livia y su hijo y sucesor Tiberio, cartas de Julio César, Bruto, Cicerón y Pisón, así como de los poetas Horacio, Virgilio y Ovidio.

Aunque los escritos no estén fechados cronológicamente, la narración es lineal y clara, y los personajes están muy bien definidos, lo que, teniendo en cuenta su número, los compuestos y distintos nombres  con que se les nombra, y los inagotables enredos familiares, es un mérito adicional. El propio Williams ironiza con ello, cuando Julia dice que su padre lo tiene todo apuntado, y así siempre sabe quién está casado con quién al comentarle Ovidio que el asunto es bastante lioso.

Curiosamente, el todopoderoso y brillante Augusto tiene puntos de contacto con el pisoteado y oscuro Stoner. El activo y aparentemente victorioso y el pasivo y aparentemente derrotado no difieren mucho cuando llegan al final de sus vidas, a una edad en la que un  hombre no puede ver la vida sino como una comedia. Pues sus triunfos y derrotas devienen una misma cosa, de modo que ninguna de las dos es más motivo de orgullo o de vergüenza que la otra, y no es ni el héroe que lucha contra esas fuerzas ni el protagonista que es destruido por ellas Y es especialmente llamativo que ambos se pregunten si  la forma de amor más poderosa y duradera no será el amor del erudito por su texto, del filósofo por su idea, del poeta por sus palabras y que Stoner pueda decir como Augusto, es ese el tipo de amor que me ha impulsado.

Finalmente, cuando uno comienza a mirar su vida en retrospectiva y a preguntarse si ha valido la pena, y necesita de la bondad de los demás para convencerse de que sí, el balance del emperador es positivo, después de todo (…) mi existencia ha sido más beneficiosa que perjudicial para este mundo del que me voy satisfecho, pero su escepticismo y su actitud es también muy cercana a la de Stoner, dejaremos que el viento nos lleve, y si se niega a hacerlo, esperaremos a que quiera, flotando suspendidos en la inmensidad del mar y Williams se encarga de subrayarlo con las palabras finales del epílogo, en que un joven médico que, muchos años después, cuenta a Séneca los últimos días de Augusto, concluye confiando en que con el vigente emperador, Nerón, Roma se convierta al fin en lo que Cesar soñó.

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Aunque no sea la protagonista y sea su historia con Marco Antonio y no con Julio César la que aparece en el libro, cualquier excusa es buena para escuchar a la Cleopatra de Handel.

Händel – Se pietà de me non senti (Giulio Cesare) – Inger Dam-Jensen, Lars Ulrik Mortensen &
Concerto Copenhagen. Royal Danish Opera, 2005.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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11 respuestas a John Williams – El Hijo de César

  1. Allau dijo:

    Me parece que este será el próximo libro que leeré. Pinta bien y ya me está aguardando en el estante.

    • José Luis dijo:

      A ver que nos cuentas luego, a mí me resultó entretenido e interesante, que no es poco. Lo malo es que nunca sabes donde acaba la historia y donde empieza la ficción. Y que me ha desmontado totalmente aquel hiperactivo Augusto de Yo Claudio.

  2. Albertini dijo:

    Lo mismo digo,

    Son tres volúmenes ? O tres libros en un mismo volúmenes ?

  3. kalamar dijo:

    tendrá que esperar aunque no me falten ganas..tengo una pila de 4 libros a medio leer y ninguno terminado, empiezo a preocuparme 🙄

  4. Francesc dijo:

    Este libro es absolutamente imprescindible no solamente para todos los que nos interese la historia, sino también para los que amamos la buena literatura. Aqui he encontrado reflexiones sobre la existencia del hombre que por su calidad, pero a la vez claridad, me han llegado a lo más hondo.

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