La OBC y el genio de Schubert en L’Auditori (y 2) – La grande

wilder-kaiser

SCHUBERT: Sinfonía en Do mayor “Die Große”

Schubert la bautizó como “La Grande” por distinguirla de su otra Sinfonía en Do mayor, la sexta, mucho más breve. Pero, en aquella época, era además grande por durar casi una hora y también era ein grosse symphonie por requerir lo que entonces se consideraba una gran orquesta, particularmente al incluir trombones, a pesar de no reunir ni la mitad de los instrumentos que actualmente nos parecen normales. Hoy, aunque el uso de ese calificativo se ha visto favorecido por el conflicto con su numeración (Séptima para los germánicos, Novena para los anglosajones, Octava según el catálogo de Deutsch), si los oyentes lo seguimos consideramos justamente aplicado, no es por magnitud física alguna sino por su indiscutible majestuosidad.

Pero también es grande la dificultad que esta sinfonía supone para sus intérpretes, y esa fue seguramente la principal razón por la que cosechó tantas negativas antes de que Mendelssohn la estrenase once años después de la muerte de su autor. Fue Schuman quien la descubrió entre los papeles que guardaba un hermano de Schubert y quien propuso a Mendelssohn darla a conocer. Y, aunque hoy nos parezca una obra muy “clásica”, grandes debían resultar las innovaciones que aportaba para que uno de los músicos que la estrenaba le preguntase a otro: “¿Has logrado tu escuchar alguna melodía?”, o para que en otra ocasión se oyesen risitas en la orquesta, algo tan incomprensible como instructivo para nosotros.

Vogl y SchubertGrande por majestuosa, poderosamente afirmativa, Schubert llevaba años pensándola pero los fundamentos los construyó en el verano de1825,  durante lo que el director Roger Norrington calificó de Sommerreise (“Viaje de verano”, naturalmente por oposición con el famoso Winterreise), cuando viajaba por Austria cosechando éxitos con el barítono Johann Michael Vogl, su colaborador y amigo, en una de las pocas épocas en la que la vida no le fue tan difícil y pudo mostrar su trabajo y vivir de él. El sereno optimismo que se respira con esta sinfonía no parece en consonancia con el trastorno maníaco depresivo que se atribuye a Schubert; no hay una euforia maníaca sino un saludo a la naturaleza y a la música, y aquí el músico no parece un bipolar sino alguien capaz de sacar fuerzas de flaqueza y abrazar la vida en cuanto ésta deja de zarandearle.

Grande también por sus melodías y plagada de pasajes maravillosos, es sin embargo el imparable impulso que la anima lo que hace de ella una de las cumbres del sinfonismo romántico y que el cuarto de hora de cada uno de sus cuatro movimientos, “celestialmente largos” para Schumann, hoy, si acaso, resulte corto. Parece ser que su estructura tiene mucho que ver con la Séptima de Beethoven, quien, al menos para un profano, podría además haber firmado muchos de sus compases. Pero si en ella escuchamos a Beethoven, también este Schubert se escucha en compositores posteriores. Por ejemplo, y aunque esta sea una apreciación muy subjetiva, la estrategia con la que se inicia el Andante – Allegro ma non troppo que abre la sinfonía y en particular los breves acordes de las cuerdas que siguen a la solemne entrada de las trompas

me recuerda indefectiblemente  lo que hace Morricone para presentar el Romanzo de Novecento:

Este primer movimiento es casi un poema sinfónico, una visión reverencial de la naturaleza con una espectacular riqueza de temas y ritmos cuya poderosa energía podría alimentar el Moldava de Smetana, aunque hay que forzar menos la imaginación para descubrir en él a Beethoven

o incluso la nada explosiva combinación de Mendelssohn y Wagner.

El Andante con moto es una delicia que reúne marcialidad y lirismo, una marcialidad tan sorprendente como la que asoma en la Oda a la alegría, aunque capaz de ser tan dulce como lo sería Tchaikovsky.

Y ya solo falta escuchar el precioso segundo tema

para rendirse definitivamente. Pero, aunque parezca imposible, también pertenece al mismo  movimiento este clímax y la dramática pausa que le separa del tema del oboe:

En el tercero, Scherzo – Allegro vivace, asistimos a una nueva demostración de la capacidad inventiva de tan gran creador de canciones en una celebración del ritmo que va desde esta enérgica entrada

hasta el remanso de paz del bellísimo vals vienés del trío.

Finale-Allegro vivace, de nuevo la exultación,

y aunque no acabe de aparecer su Marcha nupcial, Mendelssohn también suena por aquí y por allá. Agotador, este es el movimiento que provocó el rechazo de tantos músicos, incapaces de mantener el ritmo que exige incluso en pasajes menos rápidos, como esta perpetua joya

en la que las cuerdas del acompañamiento tampoco descansan. Como tampoco les concede tregua el segundo tema:

La progresión en este movimiento es tan entusiasta que podría apoyar la supuesta ciclotimia de Schubert, aunque, de nuevo, no parece muy patológico sentirse eufórico cuando, por una vez, las cosas marchan un poco bien. Y el control del compositor parece total.

Pero esta sinfonía es un torrente de emociones, y los torrentes se viven descendiendo por ellos y no mirando ni comparando este o aquel rincón. Los fragmentos que se han podido escuchar pertenecen a una estupenda interpretación de Günter Wand y la Filarmónica de Berlín grabada en directo por RCA en 1955, disponible aquí, pero tenemos un excelente Youtube de ella, que sirve además para recordar al recientemente desaparecido Wolfgang Sawallisch, aquí al frente de la Filarmónica de Viena. Escuchémosles con la gran sinfonía que el infortunado Schubert acabó a los 29 años, conociendo la música de Beethoven pero a una edad en la que éste andaba con su primera. Y murió a los 31, porca miseria.

Pero aún hay más…

Parecidos (más o menos) razonables, sospechosos o casuales

parecido-razonableSi alguno de mis avispados amigos no ha pensado que buscando migas me he dejado el pan, es que ha llegado hasta aquí saltando, porque, de haber pasado por el útimo fragmento que he puesto, el segundo tema del Finale,

se habría quedado😯 ante el clamoroso despiste que suponía no comentar lo mucho que recuerdan esos compases a la Oda a la alegría de Beethoven. Pues no se me ha pasado: Es una semejanza tan evidente y curiosa que merece ser destacada, y viene muy bien para que todos, y especialmente servidor, reflexionemos sobre la complejidad de este proceloso mar de los parecidos en el que tan fácil es hacer pasar a justos por pecadores, alabada sea la Santísima Trinidad.

Es difícil que Schubert no asistiese al estreno de la Novena de Beethoven, que tuvo lugar en 1824, un par de años antes de que él concluyese la suya. Aunque sólo la oyese una vez, dada la importancia de esas notas en la Oda parece más probable un uso o una cita intencionada que un capricho del inconsciente, y es bonito pensar que se trata de un homenaje. En todo caso, Bach nos guarde de reducir un ápice la admiración por este gran músico. Aunque, para rematar la faena, a ver quién no descubre otro parecido muy significativo en este crescendo del mismo Finale de esta grandísima sinfonía:

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El clima de los revolucionarios compases iniciales del primer movimiento de la Novena de Beethoven apareciendo pocos segundos después de que se escuchen las notas de su  Oda a la Alegría. Parece evidente la intencionalidad.

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EL POST

Estupenda Overtura de Egmont, estupendo Chamayou en esta Burlesque en la que cada vez se descubren más cosas, pero no tan estupendo Krivine con la Grande de Schubert, a la que ha convertido en la Veloz despojándola de toda su majestuosidad y romanticismo sin ofrecer nada interesante a cambio. La orquesta, obediente, algunas notas ácidas probablemente han sido intencionadas. Pero el invento, que quizá hubiese funcionado aligerando la sonoridad, sólo ha conseguido que, durando bastante menos de la hora que alcanzan algunas grandes versiones, la Grande se hiciese tristemente larga.

La propina de Chamayou  ha supuesto una dura prueba para un par de quesesteros  y muy especialmente para el preguntador, que ha pensado primero en Schubert y luego en Beethoven, pero seguro de que se trataba de la transcripción de una canción, con lo cual salva la cara por esta vez. Lluis Emili también ha creído que se trataría de un Impromptus de Schubert, aunque sin verlo claro y coincidiendo en lo cantábile de la pieza. Timamót comentaba, muy certeramente como se verá, que parecía Schubert tocado por Liszt. Y un amigo suyo ha asegurado que era una de las Canciones sin palabras de Mendelssohn, El arroyo, concretamente, título que no aparece en la colección pero que ha obligado a escuchar el principio de todas, antes de empezar a buscar por lo que parecía, el arreglo para piano de una canción de Schubert o de Beethoven. Y ha resultado ser lo primero:

Auf Dem Wasser Zu Singen D.774 de Franz Schubert transcrita para piano por Franz Liszt.

Claro que, en mi caso, no haberla reconocido tiene delito

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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14 respuestas a La OBC y el genio de Schubert en L’Auditori (y 2) – La grande

  1. Josep Olivé dijo:

    Bueno, nada de migas, yo me he comido el bocata entero que esta pero que muy bueno. Este último parecido también lo es con el primer movimiento de la novena de Beethoven, no? Si es así ya ves, fuera de los concursos arraso.

    Schubert no sentía admiración, no, lo que sentía era devoción por Beethoven. “Yo soy un rio, el es el mar” parece ser que decía. Se equivocaba. No era/es un rio, era/es un mar. Lo que pasa que Beethoven era/es un oceano. Se podrá decir que cambian las magnitudes pero no las distancias. Y así es, pero ya no es lo mismo. Un rio puedes cruzarlo, puedes ver su otra orilla. Un mar ya es inalcanzable.

    Todos tenemos nuestras crisis, y yo la tuve con el romanticismo, puesto que con toda probablidad sufrí lo que comúnmente se conoce como empacho. Diagnóstico tirado. En esa época recuerdo haber escuchado la Grande en dos conciertos. Y me aburrí. Pero como una ostra. Se me hacía interminable. Era época en que mi referente sinfónico no podía ser otro que Mahler. La cura consistía en escuchar muy poca música romántica y volver a ella poco a poco, con dosis cada vez más elevadas (automedicación?) y en poco tiempo descubrí un nuevo mundo. Lo mismo que había oído toda la vida lo escuchaba ahora como si fuera la primera vez. Todo el romanticismo cobró de nuevo sentido para mi y ya hace mucho tiempo que estoy en pleno “romance” con él. Sin ir más lejos, esta misma obra de Schubert ahora me parece una obra sensacional, ya la he disfrutado de nuevo varias veces y me encantará escucharla de nuevo este fin de semana. Y es que la vida da para mucho. Hasta para volver a querer, y con más entusiasmo, la música que uno quiso tanto.🙂

    • José Luis dijo:

      Lo de volver poco a poco con dosis crecientes suena a vacuna antialérgica; quizá debieras empezar a hacer crucigramas y jeroglíficos facilitos, porque, efectivamente, lo tuyo con los concursos es patológico🙂 Sí, desde luego son los compases de “afinación” de la novena y, como acabo de añadir ahora arriba, es muy significativo que se oiga también en el Finale con la cita a la Oda de la Alegria.

      Gracias por un texto tan auténtico y bonito, es muy curioso como el sentimiento y el sentido de la música va cambiando con el tiempo. Con todo, me parece imposible que te aburriesen buenas interpretaciones de esta sinfonía… ¿eran buenas? Porque, a mi, hace un quinquenio, me aburrió mucho una segunda de Mahler…

      Vengo ahora del Schubert-Casals, hubieras disfrutado muchísimo, a ver si no te pierdes la semana grande que nos queda.

      • Josep Olivé dijo:

        Lo sé, lo sé que hubiera disfrutado, pero ayer desayuné en Lyon, comí en Barcelona y cené en Madrid…con esto ya te lo he dicho todo, ¿no?🙂

        Eso sí, la Grande no me la pierdo, ni tampoco Egmont, ni la Burlesque, y va a ser el Viernes porque me piro otra vez de fin de semana a Turín. “Sarna con gusto…” Pues eso.🙂

        Tienes razón. Las interpretaciones de la Grande que había escuchado fueron muy sosas e influyó, vaya que si influyó.

        Sí, lo mio con los concursos es todo un caso de estudio patológico. “Nobody is perfect”.🙂🙂🙂

  2. Diego dijo:

    Que magnifico análisis! Gracias por hacerlo tan sencillo y me encantaría que me recomendaras la que en tu concepto sea la mejor interpretación, no sólo de ésta sino de todas las obras que tan atinadamente comentas, porque en lo particular es así como estoy iniciando una modesta biblioteca musical.

    • José Luis dijo:

      Muchísimas gracias, me haces empezar la semana muy contento. Pero no hay mucho análisis, que para eso hay que saber de verdad, y si es sencillo es porque eso es todo lo que entiendo. Respecto a recomendaciones, no me atrevería a hacerte ninguna si no hubiesen tantas buenísimas, como la de Wand que he dejado aqui. Hay un disco de Sony con la octava y la novena por Szell que está muy bien. Y Harnoncourt tiene grabadas todas en una colección maravillosa y muy distinta. Seguro que con cualquiera de ellas puedes disfrutar muchísimo.

  3. timamót dijo:

    El teu post per raons que tu ja saps no havia tingut temps d’escoltar-lo. Ja ho faré. El meu amic que no ha encertat el bis, però que sap moltes coses, comentava que a la simfonia li havien retallat repeticions, que són molt textuals, en el 1r i 4t moviment i per això havia sigut més curta. És una simfonia que té intringulis interessants dels de professor d’harmonia, com explicava l’emissió de “Guia d’orquestra” d’aquest matí (Raimon Colomer i Víctor Solé, Catalunya ràdio, que et recomano). A mi no se m’ha fet tant repetitiva.
    Celebro poder continuar mantenint la meva traça “quesestera” i t’agraeixo molt la feina de googler -youtuber-Sherlok Holmes que has fet, perquè no havia tingut temps de dedicar-m’hi. Gràcies.

    • José Luis dijo:

      No he controlat el temps de la simfonia, però per la marxa que li ha posat, he deduït que haurà durat menys. Tampoc a mi se m’ha fet repetitiva: directament ensopida. I carregar-se el tema del segon moviment, deixant-lo com una marxa militar, crim absolut.

      M’agrada que defensis al teu amic, més que res per allò de les barbes del veí…

  4. lluisemili dijo:

    Sobre el concert
    Quan teniem una dotzena curta d’elapés que sonaven una i una altra vegada la versió es convertia necessàriament en la de referència, com diem ara. Cal dir que vaig trigar molts anys a descobrir que de les obres conegudes de música clàssica hi havia versions diferenta. Jo simplement anava al Manhattan i comprava LA setena simfonia de Beethoven o ELS concerts de Brandenburg de Bach (també ignorava que hi hagués altres Bach musics).
    Donc bé, LA meva “Schubert Great C Major Symphony” era l’enregistrada per Josef Krips al front de la London Symphony Orchestra.
    La que avui he sentit a l’Auditori ha estat tan diferent que no soc capaç de dir que no m’ha agradat: m’ha contrariat i no puc jutjar si ha estat una bona versió o no. Coincideixo amb l’amo de la casa que no ha sonat gaire “Gran”.
    Quant a Egmont, sincerament m’ha sonat a concert de Cap d’any a Viena (per a mi això tira a pejoratiu): molt bombolletes de xampany i poc Beethoven.
    I el Burlesque de Strauss m’ha relliscat. Com deia una coneguda: “acabat de dir, acabat d’oferir”.
    Potser jo no tenia el dia, atès que havia passat “la mala setmana” sigui dit en un sentit políticament correcte.
    Sobre el bis
    El bis, amb el seu punt d’intríngulis” i la trobada amb els amics el millor de la “matinée”.
    I en arribar a casa sense ni dinar, abraonar-se sobre aquel doble CD amb totes les “Cançons sense paraules” de Mendelsohn i no trobar-lo.
    Quan, ja havent dinat, trobem que l’amo ja ha resolt l’enigma, amb aquell regust de jugada de gol que Alexis xuta a fora per poc, ve la continuació ¿per quí ens sona tant aquesta peça? i apareixen els CDs amb versions del lied cantats per Lucia Popp, Schwartzkopf i i la transcripció de Liszt tocada per Murray Perahia (mestre de Chamayou, segons sembla que han dit a la retransmissió de Catmúsica) dins d’un CD amb transcripcions de Bach/Busoni, “Lieder ohne Worte” de Mendelssohn i tres lieder més de Schubert transcrits també per Liszt. I el nom genèric del CD és “Songs Without Words”. Podria ser que el meu amic tigui el mateix disc s’hagi trabucat per això.

    • José Luis dijo:

      On diu Manhattan posa Coesa, que era una botiga crec que a Pare Claret, i subscric fil per randa el teu primer paràgraf. Del concert, ja dic que Beethoven m’ha agradat força i la Burlesque no em sembla tan poca cosa.

      Bona explicació per l’error de l’amic. Si has vist l’enllaç al post de Zweig on es la cançó per Schwarzkopf i Terfel, (per cert Zweig, que ja ha sortit al Jo confesso, de moment entretingut –com la burlesque-), comprendràs que jo tingués tan present que allò tenia lletra. I potser perquè ho associava amb el blog, he pensat que no fos la transcripció de una de les cançons escoceses o irlandeses de Beethoven.
      Quan heu dit que era de las Cançons sense paraules, pensava, carai, com s’ho fan aquest musics, que fan tan bé una cançó com per que tu posis lletra allà on no n’hi ha…

  5. Josep Olivé dijo:

    ¿Lo mejor del concierto? El pianista. Egmont pasable, pero francamente mejorable. La coda final debe sonar impetuosa, enérgica, debe arrollar musicalmente con todo lo anteriormente escuchado y no me pareció que fuera así. Y la Grande fué más bien pequeña. Pequeña en tiempo y en intensidad. La cuerda de la OBC no suena como el año pasado y los metales no andan finos. No sé qué pasa, pero la fenomenal obra de Schubert pasó sin pena ni gloria, o con más pena que glória, y durante algunos pasajes se me hizo rara. La Burlesque es atractiva pero hay momentos que piensas que es como una suite, o que se trata de variaciones, tal es la diversidad de temas, no muy conexos entre sí, por cierto. La obra es brillante por momentos, decae en otros, de manera que se cae, se levanta, vuela, planea, se para, arranca de nuevo, eso sí, con un tema lírico por aquí, otro por allá, de los de la casa, o de los que serían de la casa, unidos por brillantes secuencias de arpégios arriba y abajo, octavas y ritmos muy estraussianos, con una coda de una sencillez instrumental màgica, Strauss de 24 kilates, oro puro, que me recordaron a las últimas y maravillosas notas finales de Capriccio. Por lo que respecta al bis entiendo que ha interpretado el que comenta JL en “el post” del post. Lo digo porque me he hecho un lio leyendo a Lluisemili (liante o en lo cierto? :-)) y he acabado de dudar de todo. El Viernes, tal como avancé, interpretó la versión pianística Schubert-Listz de Letanie que fué la joya del concierto. La única joya. Pobre balance, pués.

    • José Luis dijo:

      Creo que tienes bastante razón, pero no toda, algo estadísticamente muy probable🙂 De entrada, en que el final de Egmont fué manifiestamente mejorable, pero disfruté bastante con el resto. También en que la burlesque tuvo algo de deslavazado, pero antes de atribuirlos a Strauss, hay que escuchar versiones como las que nos mostró Oscar V

      De la grande, toda la razón, sin peros, más que nada porque coincidimos. Un invento que salió mal. Y desde luego, lo mejor el pianista

      Entiendes bien, nuestro bis fue Auf Dem Wasser Zu Singen. Y dejo que Lluis Emili se defienda de tu pérfida insinuación🙂

    • lluisemili dijo:

      No cal que em defensi: sóc “liante”. I el bis va ser el que diu el JL.
      Aquesta vegada e´”lio” és la conseqüència d’un curt però animat debat a la sortida del concert sobre “què era el bis?”. I els que no ereu al debat potser no enteneu del tot de què parlem.
      “No puedo prometer y no prometo” no “liar” mai més perquè no ho compliria.

      • Josep Olivé dijo:

        …i ben fet que faràs, donat que i la “salsa” que es dona “liant-la”?…la trobariem a faltar…🙂🙂🙂

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