Integral (y 5) de los Cuartetos de Schubert por el Cuarteto Casals en L’Auditori

SQC5

Tras el único Quartettsatz de la etapa central que abrirá la primera parte, el ciclo finaliza muy adecuadamente con el  último cuarteto de la juventud y el último de la madurez y vida de Schubert.

Cuarteto no. 12, en do menor, D 703 “Quartettsatz” (1820)

“Quartettsatz”, que significa “movimiento de cuarteto”, porque es un solo movimiento, el Allegro assai de un cuarteto inacabado escrito en 1820, su único intento en este terreno entre 1816 y 1824. Pero suficiente para ser considerado como el primero de los grandes cuatro últimos y para que disfrutemos del mejor y más personal Schubert con la obra que inauguraba su madurez, interpretada aquí por el Cuarteto Amadeus.

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Cuarteto no. 11, en mi major, D 353, op.125/2 (1816)

Compuesto a los 19 años, el año en que finalizó su romance con su vecina Therese Grob y el año en que abandonó la casa familiar y sus tareas como maestro empezando a necesitar de la generosidad de sus amigos, de su numeración se desprende que fue inicialmente considerado como una obra posterior. No alcanza su categoría, pero asoma ya el Schubert de los últimos cuartetos.  Siguen ahora, a cargo del Cuarteto Auryn, sus cuatro movimientos: Allegro con fuoco, Andante, Minuetto-Allegro vivace y Rondo-Allegro vivace.

Cuarteto no. 15, en sol major, D 887, op.161 (1826)

El único de los grandes que no tiene subtitulo, quizás buscarle uno ayudaría a que este espléndido aunque exigente cuarteto dejase de ser el pariente pobre de la familia. Por ejemplo, “El grande”, compañero de la sinfonía, un calificativo que nadie podría cuestionar aunque sólo fuera por su duración, que puede llegar a la hora.

El grande y el último, compuesto dos años antes de su muerte cuando, tras el año de relativa bonanza durante el que viajó por Austria, volvía a la precaria situación en que se mantuvo desde que dejó de trabajar de maestro con su padre y empezó a vivir a salto de mata, sin patrones ni otra remuneración que la de algunas escasas clases particulares. No tengo dinero y no voy del todo bien. Pero no hago caso de eso y estoy contento, escribió por entonces, expresando con palabras, entre irónico y estoico, la misma dualidad frecuente en su música.

Diez días tardó en escribir este intenso y laberíntico cuarteto, bastante próximo a los que por aquellas fechas estrenaba Beethoven, también sus últimos. Un mundo de contrastes desarrollados en una misma unidad emocional, se inicia con un Allegro molto moderato, con un complejo tema principal que se va componiendo a partir de múltiples motivos fragmentados en un incesante crescendo, un auténtico hervidero de ideas. En el secundario, se repite una melodía de carácter danzante, especialmente bella en las cuerdas del violoncelo. Siguen el  Andante un poco moto, en el que el violoncelo, actor principal en esta obra, protagoniza un conmovedor lamento que alternará con el amenazante segundo tema, un Scherzo relativamente breve, cuyo ländler central es el único y dulce momento de paz en lo que parece una pesadilla. Y, finalmente,  Schubert concluye este cuarteto y su aportación al género con el Allegro assai, un rondo otra vez al ritmo de la diabólica tarantela, en una frenética exploración en distintas tonalidades del tema, trágico y dichoso a la vez. Podemos escucharlo en la interpretación del Cuarteto Prazak:

Y con el último capítulo, la última pregunta: ¿Qué octava (aunque no es la octava) maravilla se insinua en el segundo tema del Allegro moderato inicial, es decir, en medio de esto?

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Premio para enriquedeburgos, la octava maravilla es la Séptima, en cuyo Allegreto se escucha esto:

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EL POST, aquí

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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5 respuestas a Integral (y 5) de los Cuartetos de Schubert por el Cuarteto Casals en L’Auditori

  1. Josep Olivé dijo:

    No he podido asistir pero esta colección de post dedicados a los cuartetos de Schubert son los de imprimir, leer y guardar.🙂

  2. HOla José Luis,
    EStoy de acuerdo con Josep. insisto en lo que te dije un día: Podrías sacar más partido de todos estos artículos. Tal vez darlos forma para un librillo, aunque te lo edites tú mismo, para tu satisfacción.
    Respecto a la pregunta del final (mira que eres preguntón y “jugador”), no sé si esos sonidos te llevan a recordar la séptima de Beethoven, que debió escuchar Schubert poco antes.
    No puedo seguirte el ritmo de escuchar todo lo que propones, pero ahí estoy casi todos los días.

    • José Luis dijo:

      Encantado de ser preguntón, sobre todo cuando la respuesta confirma mis sospechas.

      Respecto al librillo, muchas gracias, y que sean dos copas, pero mi único trabajo (aunque me da mucho) es el de ensamblar cosas que leo aquí y allá y darle al bombo de los calificativos 🙂 No te negaré que me hace cierta ilusión ver como se van acumulando trabajillos, y, voy guardando copias de todo, por si el invento se va a freir monas el día menos pensado. Escribir algo original o al menos personal sobre música es muuuuuuuuuuy dificil para los que no conocemos ese idioma. Ahora mismo estoy leyendo una cosa que me ha caido del cielo sobre estética musical que me tiene fascinado. Quizás, si sigo aprendiendo de los que saben (y saben enseñar), dentro de unos lustros…

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