Schubert y el Cuarteto Casals, un final memorable

Franz-Schubert

No podía acabar mejor la Integral de los cuartetos de Schubert que el Cuarteto Casals nos ha regalado (casi literalmente, además) esta temporada. El Quartettsatz ha sido precioso, y el Número 11, siendo una obra mucho menor, ha servido para incluir en el concierto una obra del Schubert (más) joven y optimista y comprobar lo bien que puede llegar a sonar su delicado primer movimiento.

Pero faltaba el último del ciclo y el último de Schubert, el gran Número 15, que ha sido, sin la menor duda, el punto más alto de unas interpretaciones de altísimo nivel y que, sin necesidad de desvestir a nadie, es la cumbre de estos cuartetos. Esta noche hemos vivido otros de esos minutos inolvidables, en los que se fusiona la belleza con la emoción, el agradecimiento a los intérpretes, y, por encima de todo ello, planea la presencia del autor. Con una interpretación impresionante, por virtuosismo, coordinación, entrega, concentración y sentimiento, la intensidad de su primer movimiento ha sido abrumadora. No sé cuantas veces repite el beethoveniano segundo tema, pero a nadie le hubiese importado seguir allí hasta ahora, viendo como aparecía una y otra vez ese doloroso lamento, pasando de un instrumento a otro, cada uno dándole un matiz distinto, algunos más resignados, alguno hasta feliz, mientras los otros tejían un fondo siempre nuevo, todo alternando con las explosiones de ira y la rebelión de un hombre que se sabe cerca de la muerte, y que inmediatamente parece estar recordando con ternura el amor de que ha disfrutado. O saca fuerzas y ánimo de donde no lo hay y se entrega a una danza, en la que, sin embargo, no hay nada de la despreocupación de un joven.  Como en el Allegro assai final, cuya tarantela hoy parecía a la vez diabólica e infantil.

En casos así, la unanimidad es total. Exhaustos pero felices hemos coincidido en que el magnífico trabajo del Cuarteto Casals nos ha hecho vivir los inefables sentimientos que quiso expresar Schubert y en poner este último cuarteto suyo, y el primer movimiento en particular,  en el escalón más alto, de su música y de la música.

Cuando acababa, habremos sido muchos los que hemos pensado que, hoy, no era posible una propina. A menos que el desconocido fragmento del Andante que estaba anunciado con el Quartettsatz y que no ha sonado, fuese una maravilla reservada para el final. No ha sido así, pero ha habido una propina redonda. Abel Tomás, aproximadamente: “Gracias por acompañarnos en este largo viaje. Después de esto,  uno no sabe qué más puede tocar. Pero hace cuarenta años que murió Pau Casals, y dedicado a él y a una persona que está hoy aquí y es muy importante para nosotros”  Naturalmente, ha sonado un arreglo para cuarteto de “El cant dels ocells”, precioso. Nadie se atrevía a romper el silencio que ha seguido, unos largos segundos en los que se podía palpar la emoción en la que había mucho de recuerdo y agradecimiento a Schubert, a nuestros músicos y a la música.  Inolvidable.

Casals Quartet

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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4 respuestas a Schubert y el Cuarteto Casals, un final memorable

  1. timamót dijo:

    Només dir: que si, si i si. Ja ho has dit tot!.
    Ha estat un concert magnífic i molt emocionant.

    • José Luis dijo:

      Si, si i si, quin gran concert. Però ja m’agradaria haver transmès una mínima part de la emoció que vam viure. I tampoc ho he dit tot, que he oblidat comentar que durant les deu hores de la integral no va sonar ni un mòbil, i crec que no vaig sentir més de un parell de cops de tos, cap d’ells exagerat ni especialment inoportú. Sembla que això d’advertir que estan gravant un disc fa efecte; ens ho haurien de dir cada vegada, encara que no fos veritat. I tampoc he dit que una de les coses mes maca d’aquests concerts es que els hem seguit plegats. Quins bons records tindrem!

  2. Marga dijo:

    La segunda parte del concierto del sábado fue, en mi opinión, lo mejor de toda la integral. Nos tuvieron en vilo todo el cuarteto (de hecho no fui capaz de relajarme y apoyar la espalda en la butaca en los más de cuarenta minutos que duró). Tremendos.

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