Bach reza con Evgeni Koriolov en el Palau

Koriolov

Anoche, Bach no cesó de rezar. Apenado y alegre, solemne e ingenuo, humilde y orgulloso, melancólico y entusiasmado, pero siempre dirigiéndose a Dios, fuese cual fuese el sentimiento y el estado de ánimo que expresaba. Y como una enorme oración pudo entenderse el universo que se desplegó en las Goldberg entre los recogidos y esperanzados paréntesis de las dos arias; como un universo expuesto ante un Ser Supremo, un universo con más sentimientos que palabras para definirlos, que esa es la principal prerrogativa de la música verdadera.

En las Variaciones Goldberg está mucha de la música de Bach. Están las cantatas y la chacona, y las suites para cello. Pero también están Vivaldi, Rameau y Handel, y los Juegos de niños de Schumann, y  hasta el romanticismo de Rachmaninov, y armonías que asociamos al Siglo XX, e incluso el jazz, que también es hijo de Dios. Todo eso se escuchó anoche en el piano de Koriolov, del que, sin embargo, surgía un solo discurso, el de Bach, primera gran virtud de su extraordinaria interpretación, el dar tal unidad a la obra; otra, hacer resaltar la prodigiosa mano izquierda de estas variaciones. Y que el Aria latiera siempre por debajo de todas y cada una de ellas.

Koriolov tocó sin partitura. Parece increíble que nadie pueda retener en la memoria tantos miles de notas, y también que no le tropiecen las manos, apiñadas y compitiendo por un reducido espacio en el centro del teclado antes de cruzarse una y otra vez. Pero más increíble aún es que el virtuosismo no sea nada al lado de la belleza y la emoción que genera. Su expresividad corporal es poco aparente. Levanta los párpados, esboza una sonrisa, se balancea lentamente, pero nada de forma muy ostensible. La energía es para la punta de los dedos. Esta vez no recuerda a Gould, no hay tanto implacable metrónomo y mantiene algo las pulsaciones, pero tampoco ese mínimo legato hace añorar para nada al canadiense.

Este grandísimo experto en Bach hizo las repeticiones de cada sección que se omiten parcial o totalmente en la mayoría de grabaciones, incluidas las dos míticas de Gould, con lo que el recital duró casi hora y media según algunos relojes; el del corazón debió pararse porque el tiempo pasó en un soplo. Salió cinco veces a saludar a los cuatro puntos cardinales, poco expresivo, con aspecto de profesor despistado en cuanto dejó el piano, como cumpliendo con un expediente al que no da mayor importancia. La última, se llevó una mano al corazón y luego cruzó las dos en alto, en señal de triunfo. Y volvió a desfilar y desfilamos nosotros sin que a nadie se le ocurriese insistir pidiendo un paseo de propina después de recorrer el universo.

-♦-

Esta semana, la mitad de los pobres niños de guardería están ya con ventolines en las mochilas, porque ha llegado la epidemia de cada Diciembre. A los adultos no les da tantos pitos, pero sí toses, de modo que no fue una sorpresa oírlas en abundancia en el Palau, en su mayoría irreprimibles y educadamente contenidas. Pero, al revés de lo que sucede cuando no es debidamente interpretado (léase Alexandre Tharaud, por poner un ejemplo), no hay distracciones ni virus que puedan con Bach.

-♦-

Anécdota personal tonta: Poco antes de empezar, me inclino para recoger el programa que se me acababa de caer, y, flexionándome cada vez más para lograr alcanzarlo porque ha volado hacia atrás bajo mi asiento, mi frente encuentra y se apoya en el respaldo del de delante, que me sorprende primero por su blandura e inmediatamente porque parece moverse. Y se mueve, pues no era el respaldo de la butaca, sino el mullido cuello del abrigo de pieles de su ocupante, una señora que mira despectivamente  al autor de la imperdonable ofensa, y que vuelve a darle la espalda sin aceptar sus azoradas disculpas. Una antipática; seguro que no le gustó nada el concierto. A lo peor ni la maravillosa variación 25, una de las cumbres de la cordillera y encima, la más larga, en nuestro caso más de diez minutos, como los que podríamos disfrutar en este Youtube si no estuviese lamentablemente truncado.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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5 respuestas a Bach reza con Evgeni Koriolov en el Palau

  1. Josep Olivé dijo:

    1.- Tal como lo describes tiene mucho mérito y talento (técnico y musical) Koriolov. Hay variaciones endiabladas por su dificultad, principalmente aquellas que son más adecuadas para ser ejecutadas en un clave con dos teclados, por el delicadísimo y justísimo cruce de manos que impone un solo teclado.

    2.- Me gustan las Goldberg completas, con todas sus repeticiones. Me dan más sensación de plenitud. Incluso hay variaciones que repetidas me parecen hasta cortas. Y luego de tanto torrente y variación el cierre solemne y apacible con el ària és algo mágico, sublime. No puede haber propina después de esto. No se debe pedir…y no se debe dar.

    3.- Supongo debía estar llena la sala porque si no es para cambiarse de sitio. A mi incidentes como este que citas me puede truncar perfectamente la concentración, y la necesidad de moverme a otro sitio resulta ser imperiosa.

    4.- Y ya que no hemos ido, lo hemos leido en un post que tiene la virtud de meternos dentro de la sala y escuchar aunque sea sobrenaturalmente las Goldberg. Hemos dado, en difinita, una vuelta por el universo infinito de Johann Sebastian Bach. Gracias!

    • José Luis dijo:

      1.- Me viene a la cabeza lo mismo que ya he escrito. Le veía casi metiendo los dedos de una mano entre la otra, pero, siendo increíble, no le recordaré por su virtuosismo, sino por lo que no es fácil explicar, lo que respetó y descubrió a Bach, la de colores que sacó al piano, que parecía otro en cada variación.

      2.- Sin repeticiones es otra cosa, y creo que, la unidad de la obra se resiente, quizás porque no da tiempo a fijar la melodía de cada variación y a advertir claramente (la mayor parte de las veces) que se trata de una variación del Aria. La idea de Gould, considerando el aria da capo como una bendición, es certerísima. Y lo de la propina, evidente. Por un momento pareció que las palmas cogían el ritmo de pedirla, pero fue una falsa alarma.
      3.- Hasta los topes estaba. Pero tampoco llegó la sangre al río con la del megacuello. Y dime de qué te jactas, etc. de modo que me dio un poco de vergüenza ajena ver que tanto ella como su vecina y supongo amiga, que también me miró conmiserativamente, querían sacar punta y ponerse de damas de la estratosfera en vez de tomarse ese incidente sin importancia con un poco de buen humor y más educación de la que querían aparentar. Pero, lo cierto es que no volví a recordar la tontería hasta ponerme a escribir, lo cual también dice algo del concierto.
      4.-Mucha imaginación me parece que pones de tu parte, porque el paseo propiamente no lo explico, que ojalá supiera. Fue un concierto tremendo. Ahora se me ocurre que el Bach de Gould es muy de Gould; quiero decir que, el elemento más destacado y más responsable del impacto que producen sus interpretaciones es el propio Gould, mientras que la otra noche, era Bach, al 100%. Koriolov fue un oficiante, supongo que muy voluntariamente. Por eso, si un directo fuese enlatable, quizás fuese su concierto el que me llevaría a mi isla desierta.

      Gracias a ti, y ves mirando de convencer a quien proceda para que la próxima reunión coincida casualmente con la ciudad donde toque las Goldberg Koriolov

  2. José Luis dijo:

    Este es la estupenda crónica que timamót dejó en el post previo al concierto. Tanta prisa, tanta prisa… :-):

    10 diciembre, 2013 en 16:38

    Em va agradar molt i molt ser-hi ahir al Palau. El cromo de les Variacions en directe i amb piano no el tenia. Recordo a Maastricht el Benjamin Alard tocant-les al clave, que és molt diferent
    Moltes reflexions i impressions.
    La més objectiva (comprovada ahir a la nit amb els discos de casa):
    Gould, versió 1991, 51’20″; Jarrett, 61´39″; Pinnock: 60´47″; Kempf: 63’07″; versió per a trio de cordes 56´15″
    Koroliov, en el famós concert de Leipzig (a Medici tv) 83′; Ahir una cosa semblant, quasi 90′. No ho vaig controlar exactament. Per tant, una versió amb repeticions dins de cada variació i substancialment més llarga que les anteriors interpretacions. Una altra cosa són els ornaments. Kempf, per exemple, hi posa només començar l’ària, malgrat no ser un pianista donat a fer lluïments gratuïts.
    Una altra reflexió és que estic molt contenta de ser capaç de gaudir de versions diferents sense quedar lligada a una sola interpretació. M’explico, per mi la de Gould és la que tinc en els plecs més profunds del cervell i sempre m’ha emocionat, entre d’altres coses perquè per sota el sento cantussejar, que per alguns seria un inconvenient i per mi li dóna un aire de vida, repeteixo emocionant. També la precisió en el tempo de les notes i la seva homogeneïtat (en altres obres em molesta la seva brillant velocitat). Sentint el concert d’ahir, tan diferent! vaig oblidar momentàniament la versió de Gould, per escoltar una versió on apareixia un Bach amb les veus molt diferenciades (els pedals el feia servir amb suavitat i per obtenir matisos diferents), alternant uns moments de tensió i d’altres de profunda introspecció.
    I, per últim, sent Bach, Bach, ahir vaig veure amb claredat com aquesta obra feia sortir un fil que després portaria a Beethoven, Schubert, Brahms … amb aquesta sensació de continuïtat i al mateix temps canvi que crec que és un component de la creació artística humana.
    No em vull allargar més. Per mi un concert gran inoblidable.

  3. Miguel dijo:

    Gracias por acercar esta música al común de los mortales

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