El lobo de Wall Street – Auuuuuuuuu, qué buena!

El Lobo de  Wall Street

Si una película sobre algo tan manido como el mundo de los brokers logra mantenerte encandilado durante tres horas, hacerte reír a carcajadas y que a la salida no tengas la sensación de haber perdido el tiempo, es porque sigue habiendo gente que sabe mucho de su oficio. Y lo primero que ha hecho esa gente tan lista,  ha sido escoger una historia diferente,  una novela basada en la realidad cuyo protagonista tiene más de predicador que de agente de bolsa y que, consecuentemente, forma un equipo que tiene mucho de iglesia, aunque su Dios no sea (ni teóricamente) el del reino de los cielos, ni en sus reuniones se dediquen exactamente a cantar Aleluyas.

The Wolf of Wall Street Con muchas más letras que números y sin entrar en los fáciles juicios con que otros parecen querer lavar sus conciencias, El lobo de Wall Street es un retrato de la inmoralidad de esa estirpe de ambiciosos y del delirio en que se instalan, un retrato tan “paramoral” como divertido, que hace inevitable empatizar con el monstruo. Con lo que es fácil ir un poco más allá de la esteril y autocomplaciente denuncia y preguntarse por otros lobos menos aparentes, por nuestro lobo particular o por nuestra sociedad de lobos con piel de oveja. The Wolf tiene así puntos de coincidencia con The Master, y si cuesta imaginar aquella película sin Philip Seymour Hoffman, esta debe también muchísimo a un inagotable y magistral Leonardo Di Caprio, que apenas abandona la pantalla, en un papel en el que puede lucirse y se luce mucho porque aquí demuestra ser un actor digno del mejor Hollywood. Buen guión, a pesar de algunas inconsistencias,  estupendos diálogos y un enorme actor principal, pero es que todo el reparto está extraordinario, espléndido Jonah Hill, el amigo y colaborador de “Wolfie”, con mención muy especial para  Matthew McConaughey, interpretando a un colega de Wall Street que le abre los ojos con una memorable lección teórico-práctica en los primeros minutos de la película. Y sólo como curiosidad, citar la presencia de Jean Dujardin, El artista aquel que salía con aquel perrito tan listo y simpático.

Wolf 2

Wolf 3

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El irregular Scorsese está aquí impecable. En alguna escena hay mínimos saltos de imagen, pero la narración es perfecta, y si la película es capaz de rozar tan atractiva como peligrosamente la parodia sin caer en ella, es mérito de Di Caprio y suyo. Quien tuvo retuvo.

Intrascendente música original de Howard Shore, la banda sonora está abundantemente ocupada por música ajena, desde el Mercy, Mercy, Mercy de Joe Zawinul con Julian “Cannonball” Adderley  hasta Mr. Robinson de Simon y Garfunkel por The Lemonheads pasando por Goldfinger, Moonlight in Vermont o aquella Cold song de Purcell que nos refrescó por aquí este último verano. También sale Mozart, nombrado.

Wolf 5

Cine para disfrutar del cine en el cine. Y meditar luego en esta otra mítica despedida de Gasset: Sed buenos, y si por lo que fuera no podéis, seguid siendo malos, la diferencia es mínima.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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4 respuestas a El lobo de Wall Street – Auuuuuuuuu, qué buena!

  1. Allau dijo:

    Todavía no estoy seguro de que sea buen cine. Pero Di Caprio (y casi todo el resto de actores) están sublimes. Y el factor goce (casi nada culpable) me ha parecido tan sólido, que me sorprende que aun quede quien le niegue el pan y la sal a este despropósito tan divertido.

  2. kalamar dijo:

    Ayer la fui a ver, que mis amigos JL y Allau la ponen por las nubes. Sí, está a buena altura, Di Caprio no me agota en tres horas chupando cámara, aunque la escenita del colocón retardado me pareció prescindible. Qué delirio tan horrible, y eso que el personaje, para muchos, sigue siendo el puto amo. Miedo y asco en NY.

    • José Luis dijo:

      La escenita viene a ser como un chiste que te explican en la media parte que no hay, y en el tono delirante de la pelicula, a mí no me sobró. Cada vez tengo más claro que es una historia de predicadores y sectas, más que de brokers. Me acuerdo de El fuego y la palabra.

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