La OBC y el Bolero de Ravel (y alguna cosilla más) en L’Auditori (1)

La OBC, el Bolero de Ravel y alguna “cosilla” más en L’Auditori

De nuevo con la economía de los títulos, esta semana es el Bolero de Ravel el que, además de un desconocido Connesson y de El Aprendiz de Brujo de Dukas, oculta nada menos que el Concierto para violín de Beethoven. Claro que, sonar, sonará todo, de modo que, peccata minuta.

CONNESSON: Une lueur dans l’âge sombre.

Guillaume ConnessonVarios círculos  (Kandinsky) es un compositor francés nacido en 1970 que afirma aunar en su música influencias que van de su país natal a John Adams, Steve Reich o el funk de James Brown. La obra programada, Un resplandor en la edad de la oscuridad, para orquesta sinfónica se sitúa entre Aleph y Supernova en su Trilogía Cósmica, para la que dijo haberse inspirado en el arte de Kandinsky y en un artículo de Stephen Hawkins sobre la formación de las galaxias. Es una obra tonal, bastante amable y bien orquestada, muy en línea con la música que hemos ido identificando con el espacio exterior y válida para acompañar perfectamente los veinte minutos del viaje galáctico que el oyente quiera imaginarse. Podemos escucharla ahora, interpretada por la Royal Scottish National Orchestra a las órdenes de Stephane Denève, el director francés invitado por la OBC esta semana, el mismo que estrenó en 2005 esta composición que Connesson le había dedicado.

Estas son unas notas de Connesson en la partitura:

“Un resplandor en la edad de las sombras” fue cuidadosamente construida para preceder a mi obra “Supernova” (1997), que representa la explosión y muerte de una estrella. Como músico, mi imaginación ha sido frecuentemente estimulada por la idea del espacio inmensurable y yo quería esta pieza para representar el nacimiento de la luz, los primeros rayos emergiendo de la oscuridad. Es como música pastoral “cósmica”; un amplio movimiento, lento y contemplativo, articulado en torno a tres secciones que van precedidas por una introducción y finalizan con una coda. La introducción se basa en armonías que giran alrededor de un ciclo completo de quintas (bajos). Una brillante e infinitamente dulce música forma progresivamente el primer tema, expresado por un coro de metales (pianissimo). El sonido disminuye gradualmente hasta el silencio; entonces, en el interior de este nuevo espacio oscuro, empieza el segundo tema (para violonchelos), basado en una raga india (“Todi”, una de las grandes ragas de la mañana). Esta larga y sinuosa melodía crece lentamente, y la orquesta alza el vuelo con un largo crescendo de sonido simbolizando la luz. La parte central de la partitura es como el agua tranquila, un sereno desarrollo de dos temas, en los que un oboe y un cello alternan con las cuerdas. Después de un solo de trompa, nace una nueva ola de la luz con un tema de raga. La pieza culmina con una luz cegadora – la superposición de los dos temas. En la coda, la onda de la luz se aleja gradualmente hasta ser completamente engullida por el espacio. Oímos el inicio del tema de “Supernova” y es en su quinta inicial cuando la pieza concluye.

-♦-

Beethoven: Concierto para violín

La minucia de la sesión es uno de los más grandes conciertos para violín jamás escritos, el único de Beethoven para ese instrumento. Lo compuso en plena explosión de creatividad de su segunda época, y aunque no fue muy bien acogido, sólo por duración e innovaciones, se situó ya entonces muy por delante de los existentes. Una sola pausa separa los veinticinco minutos de su larguísimo primer movimiento de los veinte sumados entre el Larghetto y el Rondo final, que se escuchan sin interrupciones.

Empezamos pues con el Allegro Ma Non Troppo, un largo movimiento en forma sonata y una larga introducción estructurada en torno a los golpes de timbal que la inician y que irán reapareciendo cuando el esperado solista aparezca por fin y empiece a exponer, explorar y repetir gloriosa y extensamente el par de temas que tiene. David Oistrakh con la LSO dirigida por Adrian Boult lo interpreta en esta grabación de 1968. La espectacular cadenza (19:29) es la más habitual, la de Fritz Kreisler.

Sigue el serenísimo Larghetto, que en algunos momentos parece un heraldo del Adagio de la Novena. Si la autoridad (militar, por supuesto) no lo impide, los tosedores tienen el campo abonado. Al final, es muy llamativo ver cómo, en un pianísimo (8:17), surge bruscamente una música totalmente distinta, que introduce el último movimiento. Aquí sigue este Larghetto, de nuevo con Adrian Boult, ahora al frente de la LPO. El violinista, también poca cosa, es Nathan Milstein.

Del gozoso tercer movimiento, un Rondó-Allegro que pone a prueba el virtuosismo del solista, suele destacarse el precioso diálogo del violín y el fagot. En el youtube que sigue, con la BPO dirigida por Daniel Barenboim, vemos a Itzhak Perlman disfrutando de lo lindo antes, durante y después de ese “momento fagot” (3:05-3:55), y cómo, al empezar, presenta la melodía del Rondó sin abandonar la cuerda más grave del violín, para repetirla luego en la más aguda. La cadenza final (6:44) es también la de Kreisler, una preciosidad que sólo tiene el inconveniente de anunciarnos el final de tanta belleza.

La interpretación de Perlman, que adora este concierto, es de escándalo; aquí está completo. Y aquí tenemos los dos primeros movimientos por quien lo escucharemos en L’Auditori, Nikolaj Znaider, un vigoroso y expresivo violinista danés de sólo 38 años que simultanea su trabajo como solista y músico de cámara con el de director de orquesta. Este sí que podría interpretar la “Patética”.

Con ese final y con lo bueno que parece ser, Znaider arrasará. En consecuencia, se ruega a los poseedores de artilugios destrozaquesestos que no consulten el demoníaco invento hasta que el personal se haya mojado con la propina. Aquí, del material disponible, me pido la  Balada de la Sonata nº 3 de Ysaye, a poder ser sin las groseras palmas que reclaman el regalo, por lo visto, un mal muy extendido.

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EL POST, aquí

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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5 respuestas a La OBC y el Bolero de Ravel (y alguna cosilla más) en L’Auditori (1)

  1. Josep Olivé dijo:

    En otros tipo de formatos no me gusta definirme puesto que son un puñado las obras que considero como el sumum, pero en música concertante para violin y para piano lo tengo claro: Beethoven es mucho Beethoven, y en concreto, este concierto es el mejor concierto para violin, el más precioso, el más sublime jamás escrito. Y espero disfrutarlo por dos veces. Es una obra que me pareció sublime la pimera vez que la escuché hará 45 años y la encuentro sublime hoy, y sin altibajos a lo largo del tiempo. No hay muchas obras en que me ocurra esto.

  2. angels dijo:

    La versión de Perlman ,no solo es de escándalo ,sino que es plusquamperfecta U.A.y adióoooos

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