Nikolaj Znaider y la OBC con Jean-Guihen Queyras en un memorable Concierto para violoncelo de Elgar (anterior a du Pré)

Decía enriquedeburgos aquí que, después de Jacqueline du Pré, el Concierto para violoncelo de Elgar se convirtió en una cosa distinta de la que el autor había imaginado. Hoy, Nikolaj Znaider, de la misma forma que la pasada semana había sacrificado su ego para que brillase la música de Beethoven, ha dirigido ese concierto tratando de hacer la lectura más limpia posible de la partitura del músico inglés, y, desde luego, pocas veces se le habrá reconocido tanto en esa obra, cuya melancolía ha sido más serena, solemne y característica de su música que la de la apasionada y trágica lectura de du Pré. Naturalmente, ha debido contar para ello con la complicidad del violoncelo de Jean-Guihen Queyras , con un sonido poderoso y bellísimo, muy lírico y tan elegante que merecería heredar el apelativo de Pierre Fournier, el “aristócrata” del cello. Y de la orquesta, que bajo sus órdenes y sus gestos, sobrios y seguros, ha ofrecido una de sus más sensibles y delicadas actuaciones, bien conjuntada, impecable en el equilibrio, y con sus secciones perfectamente diferenciadas cuando convenía. Puede que Znaider, con el paso de los años, añada algo más de su propia personalidad, pero, concentrada como está en presentarnos la música tal como él cree que la pensaron sus autores (lo cual también incluye una inevitable subjetividad), obtiene resultados propios de un gran director que ha llegado para mantenerse entre los mejores.

La primera propina, inevitablemente, que a los bachianos ya nos da la risa floja, Bach. La ha presentado el propio Queyras (“así debe ser”, JO dixit), una dulcísima Sarabande de la Suite nº4. Esta es la de su grabación de 2004 para Harmonia Mundi, más severa, porque en la variedad está el gusto y todo es del color del cristal con que se mira:

La segunda “una cosa muy breve” que no se ha oído muy bien si se titulaba “Ou”, dónde, o “Boo”, de asustar, ha resultado ser el ascenso y descenso de un par de escalas que tampoco se sabe muy bien lo que pretendían.

Después del descanso, la primera sinfonía de Elgar ha parecido floja, interpretada con menos convicción y quizás menos ensayada, aunque probablemente el principal problema se halle en la partitura, más extensa y ambiciosa que imaginativa y coherente, con numerosos pasajes bellísimos que desparecen sin dejar poso y sin relación con lo que sigue, y lastrada desde la larguísima parte central de un primer movimiento que hace pensar en aquello de que, quien mucho abarca poco aprieta. Pero, en cualquier caso, con el concierto para violoncelo, Elgar y los músicos cumplieron y han cumplido con creces.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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5 respuestas a Nikolaj Znaider y la OBC con Jean-Guihen Queyras en un memorable Concierto para violoncelo de Elgar (anterior a du Pré)

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  2. Josep Olivé dijo:

    Exacto: memorable! Todo casó entre solista, director y orquesta: serenidad, conjunción, una misma idea de la obra y unas cuerdas que eran la exacta prolongación en textura y emotividad del cello solista. Resultado? Unos pianísimos de ensueño, una sonoridad cristalina y un discurso musical muy inglés, es decir, emotivo, no sublimado, solemne, no apasionado, ordenado, no arrebatado. Y exactamente podemos decir lo mismo de la sinfonía que siguió en cuanto al carácter de la obra, no en vano estamos hablando del mismo autor. Lo que ocurre, en mi caso, es que era la primera vez que escuchaba esta sinfonía y creo que necesito escucharla más veces. Larguísimo primer movimiento, con una parte central de la que no se retiene nada y larguísima coda final en el último, con lánguidas frases que parecían dar por terminada la sinfonía pero no. En la parte central dominó un allegro scherzando entretenido y eso sí, un bellísimo adagio, que me recordaron los largos adagios brucknerianos que se tienen en todas sus sinfonías a partir de la quinta. Toda la sinfonía como que muy inglesa, muy bella, y como cita el programa de mano, muy clásica, ordenada, serena, que vivir en una isla siempre imprime cierto carácter aislacionista, pero demasiado placentera y tranquila, a mi modo de ver. Por último dejar constancia de que el músico más escuchado en las temporadas de la OBC no aparece ni hay rastro de él en la programación. Bueno, dios es un poco así también.

    • José Luis dijo:

      Entre tu comentario y el mio queda una cosa bastante apañadita, no? Y muy bien visto lo de Bach, está en todas partes aunque no se le nombre.

      Yo he escuchado bastantes veces esa sinfonía y creo que cada vez me gusta… menos. Mucho ropaje para pocas ideas, o puede que no tan pocas, pero sin buen ensamblaje.

  3. kalamar dijo:

    pues mira, me gustó bastante más la orquesta en la sinfonía que en el concierto, o yo no tenía el día. Hubo momentos Enigma, verdad?

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