La romántica sinfonía nº 2 de Rachmaninov

Rachmaninoff,1906

La música… debe ser la expresión de la compleja personalidad del compositor. En una música de autor debe encontrarse su país de nacimiento, sus amores, su religión, los libros que le han influido, los cuadros que ama. Debe ser la suma total de sus experiencias.

La profunda inseguridad de Rachmaninov con respecto a sus obras probablemente tenía que ver con la conciencia de estar muy alejado de las tendencias musicales contemporáneas. Siempre fuertemente opuesto a las vanguardias musicales, Rachmaninov defendía su pertenencia al romanticismo tardío recalcando que un compositor debía escribir lo que sentía.

Por lo que hace a sus propias experiencias vitales, prescindiendo de una infancia marcada por tragedias familiares y dificultades económicas, Rachmaninov disfrutó luego de cierto confort y prosperidad como miembro de la clase terrateniente rusa hasta que emigró. Amaba profundamente a su país natal y a la Iglesia ortodoxa rusa. Se empapó de la gran tradición literaria rusa, especialmente de Tolstoi y Chejov, y admiraba profundamente las pinturas de Arnold Böcklin (que le inspiraron el poema sinfónico La isla de la muerte). La combinación de todos esos afectos definen el  bagaje intelectual de Rachmaninov, que a su vez se refleja en su música.

El primer objetivo de Rachmaninov con su Segunda sinfonía fue obviamente hacer olvidar el fracaso de la Primera. Sin embargo, no trató de reinventar el género, sino que se esforzó en hacer sus melodías más hermosas, en asegurar un mayor control de la forma y en mejorar su orquestación, manteniendo sin cambios su concepción de la sinfonía como género, fiel a la tradición sinfónica que había heredado de sus maestros, sobre todo de Tchaikovsky que había sido uno de sus profesores.

Peter Laki

La sinfonía está vertebrada por un motivo que podría ser sinónimo de la acepción más popular de la palabra romántico: “sentimental, generoso y soñador”, una melodía que, en diversas formas, aparece en todos sus movimientos y que, para cualquiera que conozca los conciertos para piano de Rachmaninov, lleva su inconfundible firma. Se escucha muy pronto (1:15) en el hipnótico y misterioso Largo que abre la sinfonía,


Bournemouth Symphony Orchestra. Maxime Tortelier.

y luego en el Scherzo (1:22), en cuyo final encontramos un coral de los metales derivado del Dies Irae (9:20) que Rachmaninov empleó en muchas de sus obras mayores.


Nederlands Radio Philharmonisch Orkest de Amsterdam. Eivind Gullberg Jensen.

Pero donde el tema despliega toda su fuerza emocional es en el Adagio, expuesto primero por los violines, desarrollado luego por un maravilloso clarinete (0:41), tímidamente recordado más adelante por los oboes (4:40), y de nuevo por esos mismos tres instrumentos más la trompa y la flauta en la reexposición (8:00), en unos ecos ahora más próximos entre sí, que fijan definitivamente esa melodía


Nederlands Radio Philharmonisch Orkest de Amsterdam. Eivind Gullberg Jensen.

que también se escuchará en el feliz y triunfante Allegro (43:34) con que concluye y se resume la larga, apasionada y estupenda segunda sinfonía de Rachmaninov que la OSCyL interpretará en su próximo concierto en el Miguel Delibes de Valladolid.


Orchestra dell’Accademia Nazionale di Santa Cecilia. Antonio Pappano

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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