Juan Goytisolo habla de los entremeses de Cervantes

Entremeses Cervantes

¿Qué decir de estas pequeñas obras maestras, si los mandarines de nuestras universidades y academias los motejaban hasta fecha reciente de “obrecillas” inmorales, que no cuadraban como argüía virtuosamente uno de ellos, “con la noble producción del gran español”? ¿Fue por dicha razón que Cervantes no pudo verlas representadas en vida? La miopía y cerrazón de nuestra derecha en torno al problema de las castas y la mitificación de la sangre limpia por los cristianos viejos -clave de la ironía punzante de El retablo de las maravillas– o tocante al alegre desenfado y genial manejo del eufemismo con los que Cervantes arremetía a ese honor peculiar que los maridos encerraban entre las piernas de sus mujeres -tema de El viejo celoso– vedan la comprensión de unas obras que, lejos de ser una colección de alusiones “picantes”, constituyen un dechado de gracia y humor, un homenaje recatado pero claro a la tolerancia y a la ley natural del cuerpo.

Una empresa creativa como la de Cervantes convoca, junto al tronco central de su árbol literario, una multitud de arborescencias, rizomas, plantas adventicias. Los entremeses deben leerse como un elemento indispensable de ese conjunto. Cada uno de ellos fulgura con luz propia. Plantas de apariencia minúscula, reproducen genialmente en miniatura la belleza del árbol y airosidad de su copa.

Juan Goytisolo

Este precioso texto aparece en el programa de mano de los Entremeses de Cervantes, repuestos este año por La Abadía de José Luis Gómez para celebrar su XX aniversario, un espectáculo en el que “el encanto popular y la fuerza de la palabra de Cervantes” se expresa a través del cuerpo y el alma de un deslumbrante grupo de actores que encarnan a sacristanes gramáticos y barberos “conversacionales” y a viejos más viejos que “Matute en Jerusalén” a los que las mujeres cantan aquello de “Candil que no tiene mecha, no aprovecha”. Lo más auténtico del folclore de la mano de la mejor literatura, magistralmente representado en un escenario. Y viva la tolerancia con todo lo que hay que ser tolerante, y viva Cervantes, que hasta la muerte, todo es vida.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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