Qué dirá el santo padre

Siempre me viene esa canción de Violeta Parra. Qué dirá el santo padre que vive en Roma, que le están degollando a su paloma…

Cuando menos te lo esperas, la memoria es una canción. Me encontré con Raimon, en el homenaje de los periodistas a María Antonia Iglesias. Y mi saludo al cantante fue una canción suya: “De vegades la pau no és mes que por” [A veces la paz no es más que miedo].

El régimen de Franco había decretado la paz y, aunque había asesinado a Puig Antich y a Grimau y siguió fusilando a los rojos adversarios, estimaba que podía decir paz impunemente. Cantábamos para salvar la palabra paz, que entonces estaba envuelta en la palabra miedo.

Entre esas canciones estaba la de Violeta Parra, Qué dirá el santo padre. El santo padre que vivía en Roma no dijo nada cuando Franco ordenó la muerte de Grimau. Esa es la raíz de la canción. Le estaban degollando a su paloma y el Papa guardó silencio.

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Pues ahora hemos visto, por ejemplo, lo que dice este santo padre que vive en Roma: a aquel que insulte a mi madre, un puñetazo. Lo dijo sonriendo, claro, pero hay cosas que no las puedes decir ni aunque hayan degollado a tu paloma.

Juan Cruz. El Pais, 18/01/2015

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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3 respuestas a Qué dirá el santo padre

  1. Regí dijo:

    Después de los dos papa fachas anteriores, Francisco me caía muy bien. En esta ocasión creo que ha metido la pata. Sin quererlo ha justificado el terrorismo islámico. El “puñetazo” puede ser una bomba o una bala y la religión no es la “madre” de nadie más de los que se crean el invento. Está claro que quiere evitar un enfrentamiento con los intolerantes, pero darles la razón es lo peor que podría haber hecho. Al derecho a glorificar a un supuesto dios corresponde el mismo derecho que tienen otras personas de hacer mofa de él. Se ha de respetar a las personas, no necesariamente a sus creencias. Algunas podemos considerarlas dañinas como la obligación del velo, que va en contra de la mujer. En otros casos puede movernos a la hilaridad, como la multiplicación de peces. No por ello, tiene que haber nadie con derecho a darnos un “puñetazo”.

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