Momentos Ícaro

La caída de Ícaro (fragmento) (Jacob Peeter Gowy, 1636-1638)

La caída de Ícaro (fragmento) (Jacob Peeter Gowy, 1636-1638)

Alguien convenció a los griegos que podían volar como Ícaro. Recordemos el mito. Dédalo es el inventor que, para poder escaparse con su hijo Ícaro del laberinto del minotauro, fabrica unas alas de plumas y cera. Dédalo advierte a su hijo que no vuele demasiado alto porque el sol derretirá la cera de sus alas. Pero el soñador Ícaro no le hace caso y se deja llevar por el sueño de llegar al sol. Dédalo llega a su destino. Ícaro se estrella.

La pregunta del millón es, pues: ¿cómo y quién es responsable de inflamar las expectativas políticas de una nación? Indudablemente, los políticos endiosados juegan un papel importante. Pero todos los países tienen su cuota de ególatras (sólo hace falta seguir unas primarias americanas) y no todos los países se estrellan como Ícaros de forma recurrente.

Un patrón que antecede a (y por tanto puede ser causa o detonante de) los momentos Dédalo y los momentos Ícaro de una nación es el cambio en el framing, o enmarque, del debate político en los medios de comunicación. Lo cual no quiere decir que toda la responsabilidad recaiga en los periodistas o intelectuales; pero, sin duda, somos actores principales. En los momentos Dédalo, la discusión política transcurre a ras de tierra, con un lenguaje frío, se centra en buscar soluciones y compara una política particular de hoy con unas alternativas factibles. Por el contrario, en los momentos Ícaro la discusión política transcurre a nivel abstracto (neoliberalismo, patria, democracia contra los mercados), con un lenguaje emotivo (“la humillación de todo el pueblo griego”), se centra en buscar culpables (Merkel, Alemania) y se compara la situación general del país, dibujada siempre en tonos dramáticos (un desastre, un infierno), con un ideal (sea un paraíso utópico o, lo que se lleva más hoy, un mecanismo utópico, como una ciberdemocracia con poder para resolverlo todo).

Por ejemplo, los exagerados negro 97 griego y desastre del 98 español ni fueron tan negros ni tan desastrosos. Pero, al desplazar el debate de la discusión constructiva de políticas concretas al enfrentamiento destructivo entre grandes cosmovisiones, facilitaron la llegada de años verdaderamente negros y desastrosos. Esperemos que no se repita.

De “Momentos Dédalo, momentos Ícaro”. Victor Lapuente. El Pais, 21/o7/2015.
Paisaje con la caída de Ícaro (atribuido a Pieter Brueghel el Viejo, 1554-1555)

Paisaje con la caída de Ícaro (atribuido a Pieter Brueghel el Viejo, 1554-1555)

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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8 respuestas a Momentos Ícaro

  1. lluisemili dijo:

    De qué estamos hablando? de Grecia? del Perú? de Filipinas?

    • José Luis dijo:

      El artículo, del que me olvidé dejar un enlace, cosa que rectifico ahora mismo, habla de Grecia. La tesis es universal, como ya sabes.

      • lluisemili dijo:

        Desde luego. Sentado al calor del sol con la butaca de platea bien asegurada desde no sé cuando y no preguntes como, los sesudos Dédalos desaconsejan a los cutres Ícaros pretender una localidad como la suya. Como y quien es el responsable de inflamar las espectativas políticas de una nación, pregunta del millón segun el sesudo Dédalo. Hasta los gatos quieren zapatos! Hasta aquí podíamos llegar.
        Hablo de Grecia como tu ya sabes

        • José Luis dijo:

          No tengo tan claro el reparto de localidades. Ni, desde Orwell, me parece posible simplificar tanto. A estas alturas, y desde el mundo que me ha tocado vivir, me quedo con el aburrido y prudente Dédalo pese a no estar ni haber estado nunca sentado al calor del sol con la butaca de platea bien asegurada. No hablo de Podemos como tu ya sabes.

          • lluisemili dijo:

            Pos fale. No tengo claro qué pretendia este post. Las pinturas muy bonitas.

          • José Luis dijo:

            No pretendía nada, me gustó el artículo, me pareció muy apropiada su apelación a la racionalidad y el realismo, nada poético, desde luego. Tsipras ya criticaba ayer las palabras heroicas.

  2. En México nos gusta levantar monumentos a los Ícaros muertos, y nos acordamos tarde de los Dédalos vivos que trazan las avenidas y las plazas, que tienden el cableado para la electricidad, el teléfono y el internet, que saben construir bibliotecas y hospitales.
    El contraste, tan humano, entre el brillo encantador pero fugaz de la pasión y el poco caso que se hace del trabajo callado y paciente. Tras sobrevivir al deseo de acercarme al sol, me quedo con Dédalo a ras de tierra…

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