Paganini

Paganini

Fue la primera superestrella, y ninguno de los grandes ídolos de la música pop de nuestra época, ni siquiera los Beatles, ha igualado su extraordinario atractivo para el gran público. Desde el día en que el niño de once años Nicolo Paganini tocó su violín en una iglesia genovesa hasta que se retiró de los escenarios más de cuatro décadas después, en 1834, Paganini fue una de las figuras más nombradas en la vida pública europea. En el apogeo de su carrera, alrededor de 1830, su magnetismo personal y su asombroso virtuosismo sólo podían explicarse como el resultado de la brujería; su mismo nombre, “pequeño pagano”, ya lo sugería. Era famoso por su aspecto en los conciertos, se vestía de negro, de pies a cabeza y, cuando aún no existían los tabloides, sus historias fuera del escenario fueron ávidamente seguidas y discutidas; se rumoreaba que la cuarta cuerda de su violín, que producía un tono especialmente glorioso, estaba hecha del intestino de su amante, a quien habría asesinado.

delacroix-paganiniVarios retratos de Paganini, incluyendo el famoso cuadro de Delacroix, coinciden con una descripción del gran violinista recogida en 1830: una “figura alta y demacrada vestida con anticuados fracs… su pierna derecha, adelantada y doblada por la rodilla, nada más que espíritu y huesos envueltos en un holgado y tembloroso traje.” Sólo con el tiempo descubrieron sus admiradores que todo lo relacionado con su aspecto, desde el rostro atormentado y la exagerada gesticulación hasta el cabello despeinado y su descuidado atuendo, estaba cuidadosamente calculado para producir su efecto.

Como músico, Paganini fue único en su género. Entre sus admiradores se hallaban Berlioz, quien le consideraba “un genio, un titán entre los gigantes”, Schubert, que asistió a sus primeros conciertos en Viena y comparaba sus interpretaciones con “el canto de un ángel”, y Liszt, quien opinaba que su virtuosismo era “un milagro sin igual en el reino del arte” y decidió, prácticamente de la noche a la mañana, después de presenciar el frenesí de su debut en París, tomar al violinista como modelo para su propia carrera. Y adoptó para él mismo el slogan “El Paganini del piano”.

El propio gusto musical de Paganini era inusualmente avanzado. Admiraba los últimos cuartetos de cuerda de Beethoven cuando todavía eran rechazados como las enfermizas obras de un sordo, y también reconoció rápidamente el genio de Berlioz. Era lo bastante inteligente como para pedir a Berlioz que le escribiera algo para tocar en su recién adquirida viola Stradivarius, y luego, al recibir la partitura de Harold en Italia, para saber que no era lo que su público esperaba oir. Nunca la tocó, aunque le pagó 20.000 francos a Berlioz agradeciéndole vehementemente su trabajo.

Como violinista, su técnica era fenomenal. Cuando debutó en Milán en 1813, se calificó su virtuosismo de “inconcebible”. Las más famosas de sus muchas innovaciones incluyen el pizzicato de la mano izquierda (En 2:32 en este fragmento de “El violinista del diablo”, con David Garrett en el papel de Paganini, tocando su Capricho nº 24],

el ricochet,  en el que el arco rebota sobre la cuerda para producir notas en rápido staccato (como sucede a lo largo del Capricho nº 1 y muestra aquí Ruggiero Ricci)

y el doble armónico (que en este fragmento de I palpiti encontramos inmediatamente después de un “ricochet” inicial,  seguido más adelante por un pizzicato de la mano izquierda. El violinista se llama Georgiy Sokolov, casi como el gran pianista)

No parecía haber nada que él no fuese capaz de hacer con las cuatro cuerdas del violín, y una de sus especialidades, que siempre hacia venirse abajo los auditorios, era un sofisticado bis tocado íntegramente en una cuerda: Fantasia Moisés, interpretada aquí por Antal Zalai y Jozsef Balog.

De las notas de Phillip Huscher en el programa de un concierto de la Orquesta Sinfónica de Chicago (El párrafo dedicado al Concierto para violín nº1 de Paganini con el video de una fabulosa interpretación de Shlomo Mintz, aquí.)

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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2 respuestas a Paganini

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