La “Trágica” de Schubert

Diecinueve exultantes e insultantes añitos tenía Schubert cuando, en 1816, escribió uno de esos pasajes que atrapan al más distraído de los oyentes. Pero de los seis o siete análisis que he leído de su Cuarta Sinfonía, sólo en uno, el de Brian Newbould en el libreto de la colección registrada por Warner con Harnoncourt al frente de la RCO, se elogia expresamente ese segundo tema del Allegro final: “una de las más encantadores ideas juveniles de Schubert”. Los restantes lo despachan describiéndolo como un dúo de los primeros violines y el clarinete. ¡Qué poca sensibilidad!

Con lo que el citado Brian Newbould, un compositor y musicólogo tan experto en Schubert que se ha atrevido a completar sus octava y décima sinfonías, se ha ganado su credibilidad y mis simpatías, y traduzco aquí sus comentarios a propósito de esa Cuarta Sinfonía, junto al Youtube de la cabecera completo, con el que podemos darnos el gustazo de ver a Harnoncourt dirigiéndola, en este caso a la Filarmónica de Viena. Y por si el viento se lo lleva, unos audios, en principio más duraderos, con la versión antes citada de la RCO.

Sinfonía No.4 en Do menor, D417 “Trágica”

Schubert no podía suponer que, cuando añadió el título de “Trágica” a su Cuarta Sinfonía tiempo después de haberla compuesto, estaba levantando falsas expectativas en la posteridad respecto a su obra. No sabía que el inminente romanticismo llegaría al sentimentalismo a flor de piel de Tchaikovsky o a la épica universal de Mahler. Las pretensiones trágicas de la primera sinfonia en tonalidad menor de Schubert no eran de ese orden. Ni tampoco evocaba modelos del pasado como los de Shakespeare, o, más cercanos a su hogar, de Goethe. Seguramente no hacía más que reconocer, una vez que había completado su nueva sinfonía en 1816, que era una descendiente de las sinfonías Sturm und Drang de finales del siglo XVIII, de las que la No. 40 en Sol menor de Mozart, profundamente conocida y muy querida por Schubert, era muy probablemente su último y mejor ejemplo.

Las sinfonías en clave menor eran una clara minoría en los días de Haydn y Mozart, y las más se caracterizaban por una oscura e inquieta pasión que las relacionaba, a los ojos de los últimos historiadores de la música, con el malestar social que asomaba en los dramas de la década de 1770, -como la obra de Klinger, Sturm un Drang (Tormenta e Ímpetu)- aunque la tendencia musical precediera al movimiento literario. En cualquier caso, la “Trágica” de Schubert, debe más a la tradición que, por ejemplo, a la Quinta de Beethoven (también en Do menor); para Schubert no es una “sinfonía conflictiva” que pasa de la tonalidad menor a la mayor en un final triunfal requiriendo trombones y otros añadidos orquestales aparte.

Se puede incluso escuchar a Haydn tras la lenta introducción de Schubert: No al Haydn de las sinfonías, sino al de la “Representación del caos” del preludio de La creación. Como Haydn, Schubert parece intentar explorar el universo tonal, alcanzando pronto el Sol bemol, la escala más distante de la de Do menor. También el Alegro que sigue (3:30) contiene, en su exposición, más espíritu aventurero de lo habitual. Aunque el agitado primer tema halla un ostensible complemento en el más lírico segundo tema (4:25), ambos se caracterizan por una sincopación intensificadora que une el segundo y el tercer tiempo del compás de cuatro tiempos. Mozart o Beethoven se habrían mantenido en clave menor al finalizar el primer movimiento de una obra en clave menor, pero el joven Schubert es incapaz de esperar para dar a su movimiento un rotundo final en Do mayor (11:16).

El tema inicial del movimiento lento (11:55) se graba pronto en la memoria, gracias a su sencilla y solemne elocuencia y calor romántico, que alterna con perturbadoras corrientes heladas (13:39): Los pulsos inquietos, los perfiles melódicos agudos y unas texturas más volátiles son otros ecos del pensamiento Sturm und Drang. No siendo nada convencional encontrar en una sinfonía en Do menor un minueto en Mi bemol mayor (20:30) (puesto que los minuetos toman convencionalmente la tonalidad titular), parece particularmente perverso que eso suceda en una sinfonía nominalmente “trágica”. Pero las idiosincráticas ligaduras y las tendencias cromáticas de su tema lo tensan de una forma que nos hace olvidar la lealtad a esa tonalidad mayor. La misma clave se mantiene en el trío, que primero presenta una candorosa melodía (22:01) acorde con la tradición de los tríos, pero luego explora las sombras (22:18) (en conmovedoras afirmaciones de las cuerdas solas) antes de volver a ella.

Volviendo al Do menor, una sensación de urgencia impele el primer tema del final (23:55), a pesar de lo melodioso de su asunto, y cuando se completa su largo párrafo, la urgencia se mantiene en notas que corren sin parar en los violines (24:50), compensada por los estimulantes acordes de los otros instrumentos. Cuando llega el segundo tema (25:10), las notas cortas persisten en las cuerdas medias como telón de fondo de unas series de suspiros de un par de notas (clarinete, luego violines), una de las más encantadores ideas juveniles de Schubert. Tras el desarrollo (26:53), el largo tema inicial vuelve en Do mayor (31:18), con una nueva luz que ilumina muchos de sus fugaces detalles, y los tres perentorios unísonos que cierran la obra (34:08) son un recordatorio final de que es más la contención del primitivo clasicismo que la grandiosidad romántica, lo que se mantiene como piedra de toque del pensamiento del joven Schubert.

-♦-

Schwammerl

Schubert tras su amigo y colaborador, el barítono Johann Michael Vogl. El compositor medía 1’52 metros, y le apodaban Schwammerl,  “Pequeña seta”. Aquí hubiese sido Chubert y le habríamos llamado Champiñón. O, más ajustado al apellido y a sus aficiones, Chupito.

 

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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4 respuestas a La “Trágica” de Schubert

  1. Estupendo. Como dice un amigo mío: ¡Bonita canción! Estoy seguro de que, si lo pensamos bien, Schubert es uno de los favoritos de todos nosotros.
    Esta grabación de Harnoncourt no me gusta nada en este cuarto movimiento: me da la impresión de que corren, de que todo está precipitado, de que las notas duran siempre una miaja de segundo menos de lo que deberían. Ese exceso de prisa, que no es lo mismo que tempo rápido y mantenido, me incomoda.
    Y la pista del Chupito-Champiñón tengo que consultarla con el psiquiatra. Si quieres te doy su teléfono.

    • José Luis dijo:

      Desde luego, tendré que explicarle la pista al psiquiatra, de modo que sí que necesitaré el telefono. Respecto a Scubert, está mal decirlo estos días, pero en mi encuesta ya salió como uno de los primeros favoritos. Y te supongo tan opuesto al punk-speed-barroco como yo, pero no me resulta precipitada esa grabación. Claro que yo no remo, ni en el recuerdo. Y resulta sospechoso que emplees el verbo “incomodar”😀

  2. josep.olivé dijo:

    Pues tendré que escuchar bien esta sinfonia porque no acabo de entrar en ella. Ni en casa puedo, ni pude recientemente con Muti y su orquesta en el Palau. Sinfonía de tonos oscuros como pocas, una música poco brillante (y yo diría que poco inspirada) que contrasta con el clasicismo de la tercera y de la quinta. Sin duda la cuarta es más schubertiana que estas dos última mencionadas, y sin duda sobrepasa en gravedad a la octava (o séptima, según) y mucho más a “La Grande”, pero no sé que tiene que no me conecto a ella. Me sucede también con alguna de sus sonatas para piano. Exactamente lo mismo. (Por cierto, lo de que si séptima u octava, acabada o inacabada, da para un post marca de la casa…de esta casa ancha, claro…).🙂

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