Utopía y hambre (Jorge Bustos)

En carta de 1858 a su amigo Engels, describe Marx a Simón Bolívar como “el canalla más cobarde, brutal y miserable”. Y desmonta la épica del Libertador añadiendo: “La fuerza creadora de los mitos, característica de la fantasía popular, en todas las épocas ha probado su eficacia inventando grandes hombres. El ejemplo más notable de este tipo es Bolívar”.

A Marx le había encargado un editor de Nueva York un artículo sobre Bolívar que resolvió sin concesiones a la figura del héroe, al que pinta como un traidor rencoroso que huye el primero en las derrotas, permite largos saqueos en las victorias y conspira contra su rival Piar porque le llamaba “el Napoleón de las retiradas”. Piar fue fusilado y Bolívar siguió persiguiendo su sueño de una gran dictadura sudamericana.

Nos conmueve leer a Marx cargando contra la mitomanía bolivariana que su propia obra sustenta aún hoy en Latinoamérica. Es como leer a Freud cargando contra la verborrea de los psicoanalistas argentinos. Lo cierto es que el marxismo lleva siglo y medio peleándose con la realidad y perdiendo siempre, con el agravante de que sus derrotas las pagan en piel poblaciones enteras inmoladas sobre el altar chorreante de la igualdad: la diosa más sanguinaria que el mundo ha conocido.

Cada vez que una crisis económica azota las sociedades libres, el marxismo recupera algo de su inexplicable prestigio, y las mentes vírgenes de libros se contaminan de lucha retórica y promesas de heroísmo que las eximan de responsabilidad propia o rediman el tedioso discurrir de su prosperidad diaria. Pero los pueblos sometidos al socialismo real, como el venezolano, no votan ya por hambre de revolución: votan por hambre, a secas. Por eso dice McEwan que la utopía es una noción destructiva.

Cuando nuestros jóvenes políticos se declaren idealistas, corran. Y si alguno incluso se atreve a prometer que morirá con sus principios, llamen a la Guardia Civil. Porque la ventaja de la democracia consiste precisamente en no tener que sacrificarlo todo ya a ninguna idea, y porque toda corrupción empieza por una promesa imposible de cumplir.

Jorge Bustos. La última columna. El Mundo, 8/12/2015

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Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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4 respuestas a Utopía y hambre (Jorge Bustos)

  1. josep.olivé dijo:

    De Jorge Bustos me gusta mucho lo que escribe (y cómo lo escribe!) y lo que piensa. El brillante texto que nos traes es un ejemplo más.

    • José Luis dijo:

      No sé ni quien es, pero esto me pareció buenísimo, aunque a punto he estado de subrayar el “politicos” de los jóvenes, (a raiz de lo que he llegado a la conclusión de que un jóven auténticamente idealista nunca es político). Y tampoco comparto eso de que “toda” corrupción empiece por una promesa imposible de cumplir, me parece que muchas no necesitan más que de la estúpida y muy habitual codicia. Por lo demás, como dices, de forma y de fondo, brillante. Y también de lo que informa, porque lo de Marx y Bolivar tiene tela.

      • josep.olivé dijo:

        Yo creo que se refiere a esas promesas que quién las lanza es sabedor y consciente de que no las podrá cumplir. Es engaño la mayoría de las veces, y mentira el resto. Por tanto, una forma (más que) velada de corrupción.

        • José Luis dijo:

          No lo había entendido así, y me parece que es así, pero, en todo caso, no “toda” corrupcion nacería de ahí. Pero es igual: Que Dios nos libre de iluminados y de chorizos.

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