La Flauta mágica de la Opera cómica de Berlin

flauta

La idea de la ópera como arte total se asocia a Wagner, pero en manos de los productores está el que se pueda decir lo mismo de alguna otra anterior a las suyas, como se puede decir rotundamente de La flauta mágica que, con todas las localidades agotadas, se está representando en el Teatro Real de Madrid. Porque, si la producción de la Komische Oper de Berlín no destaca precisamente por atender a su contenido filosófico, la categoría del cuento por el que opta es mayúscula, y la puesta en escena de Barry Kosky, (aunque escena, propiamente dicha, solo hay la que queda delante de la pantalla en la que se proyectan imágenes y luces), es un trabajo descomunal y un prodigio de calidad, imaginación y simpatía. Y valor, porque hay que tenerlo para atreverse a representar una flauta mágica sin flauta, y con un Papageno más bien melancólico y menos protagonista absoluto de lo habitual.

Una evocación del cine mudo, pero con tanto color como la música de Mozart. Y mudas, naturalmente, sólo las partes habladas, convertidas en textos y acompañadas por música de piano (adaptaciones cinematográficas de Fantasías de Mozart y alguna veleidad), que también aquí siguen deteniendo demasiado la acción en algunos casos, contadas lagunas de una representación que se disfruta segundo a segundo, que sirve maravillosamente a la maravillosa música de Mozart, que contagia alegría y felicidad, y que emociona de lo buena y bonita que es. Barata, ya no sé, porque es muy recomendable verla bien centrado, y yo he ido de convidado. Pero es una de esas cosas que no tienen precio.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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2 respuestas a La Flauta mágica de la Opera cómica de Berlin

  1. Josep Olivé dijo:

    La misma producción se verá en Barcelona! Un avance supone pues este post para mi, ya que la desconozco. Y todo lo que se menciona incrementa mi expectación por verla. Por ejemplo, dar prioridad al cuento fantástico (o de hadas) frente al mensaje filosófico/masónico es un aspecto muy a tener en cuenta siempre que no se trivialice la historia de una manera harto pueril (infantiloide) como hacen otras producciones (Comediants o en épocas navideñas). Cuando mencionas que Papageno no es el centro de gravedad del cuento, sino que entreveo que es uno más de sus centros (como debe ser, puesto que ya se encarga la genialidad musical de Mozart en unirlos en un todo) ya me estas diciendo algo positivo y que concuerda con lo que yo pienso del mensaje de esta maravillosa obra. Hay más. Citas que los recitados dels singspiel se sustituyen por textos acompañados por el piano, como si de música incidental se tratara. Bien, nada hay que temer que pueda afectar negativamente a la ortodoxia. Así és por ejemplo en la celebrada producción de La Fura dels Baus, con textos de Rafael Argullol (sin acompañar) que no tenián nada que ver con los diálogos originales pero que daban un mensaje trascendente a lo que se veía en escena. Mientras la maravillosa música mozartiana no quede alterada, las posibilidades de mostrar las peripecias comunes e iniciàticas de los personajes de un cuento fantástico son infinitas. Dichoso me has dejado.🙂

    • José Luis dijo:

      Dichoso me deja a mí ver que he sabido transmitir algunas de las razones de mi entusiasmo. Los primeros minutos no son los mejores y como ya iba con cierta prevención, me sembraron de dudas, temiendo que, una vez más, la puesta en escena no ayudase a la música. Y de eso nada. Disfruté como un niño, y no recuerdo otra ocasión en la que eso haya sido tan literalmente cierto, pero ningún niño disfrutará tanto como lo hice yo, con lo que creo que resuelvo tu duda. Esta flauta pasa la prueba del nueve de las condiciones de lo excelso, sólo que aquí el momento dura tres horas: Se piensa en lo que hubiera disfrutado Mozart viéndola, y no por coincidir con el caracter divertido que le suponemos, sino porque amplifica la felicidad que causa su música, que, solo es alterada en los añadidos de piano, y se desparrama y comparte entre todos los asistentes, que salimos boquiabiertos y encantados. Tanto, que los cantantes no son tema de conversación, ni he querido decire nada aquí, porque además, el reparto en el Liceo será diferente. Pero debo citar a Sophie Bevan, Pamina, que cantó escandalosamente bien su aria del segundo acto. El resto, voces muy agradables y limpias, poco impostadas, ayudadas seguramente por cantar con una pantalla a la espalda, y aunque habrán Sarastros con más presencia y Reinas de la noche más poderosas, el disfrute era tal que el crítico no tenía tiempo ni de asomar cabeza. Y me parece que a esta ópera le va muy bien un reparto sin divos (aunque aquello de tener a Schwwarkopf y Ludwig de damas, tampoco estaba mal…). En fin: No me importaria nada repetir en el Liceo, o esta noche, y mañana, y el otro, y el otro…

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