Cleopatras (1)

El banquete de Cleopatra (Jordaens, 1653)

El banquete de Cleopatra (Jordaens, 1653)

Aunque sus arias en el Giulio Cesare de Handel bastarían para haberla hecho famosa, Cleopatra le debe menos a la música que Dido, y menos que a Shakespeare y al cine. Pero tampoco fue solo Handel quien la vistió con sus notas: Aún prescindiendo de las obras exclusivamente instrumentales, tal como vamos a hacer también en este nuevo recorrido, no son pocos ni sólo ilustres desconocidos los que, siguiendo por lo general a Plutarco o al Antonio y Cleopatra de Shakespeare quienes tuvieron ocasión, escogieron como personaje muy principal de sus obras a esta reina que sedujo a Julio Cesar y a Marco Antonio, y se suicidó cuando vio que con Augusto no iba a poder ser. Una vida y una muerte que no podían ser desaprovechadas por la música.

Hay al menos una anterior, La Cleopatra de 1653 de Antonio Canazzi, pero la primera de la que podemos escuchar algo es La Cleopatra de 1662, la única ópera que ha sobrevivido de las tres que compuso un organista italiano llamado Daniele da Castrovillari, estrenada en nuestro tiempo el pasado marzo de este año, en San Francisco, de la que Cecilia Bartoli ya había cantado el lamento A Dio regni, a Dio scettri en 2012, en el Mozarteum Salzburg, al que pertenece este precario fragmento.

La siguiente es del Giulio Cesare in Egitto de 1676, de Antonio Sartorio, con textos de Giacomo Francesco Bussani que , casi medio siglo después, emplearía Nicola Haym para el libreto de la ópera homónima de Handel. En su aria Cuando voglio encontramos a una Cleopatra exultante y segura de sus poderes. Y en el video, Patricia Petibon la interpreta con toda su gracia y buen hacer: “Cuando quiero, con un gesto / sé herir a quien me admira”

Alessandro ScarlattiLa fecha es dudosa, pero algunos sitúan en 1701 a Marco Antonio y Cleopatra de Alessandro Scarlatti, una de las muchas cantatas seculares para dúo del fundador de la escuela napolitana de ópera. En el siguiente video, de nuevo Cleopatra es una mujer feliz cantando Vò goder senza contrasto, una afirmación que sugiere las mismas interesantes posibilidades etimológicas del godiamo verdiano, rápidamente frustradas porque, con jota, no viene de un gozoso godere sino del latín futuĕre, como los catalanes saben bien. Aquí, Marco Antonio está de Don Tancredo y Cleopatra es una estudiante llamada Janna Critz que no lo hace nada mal.

Porträt Johann Mattheson (1681-1764) von Johann Jakob Haid (1704-1767) nach Johann Salomon Wahl? (1689-1765). Die Bildunterschrift lautet: "IOANNES MATTHESON Celsitudinis Imperiali Magni Russiae Princip. Supremi Holsatiae Ducis Legationum Consiliarius cet. nat. Hamburg d. 28. 9. A. 1681." Das Blatt ist signiert mit: "Wahll pinxit. V. Dec. Ioh. Iac. Haid Sc. et exc. Aug. Vend". Der Hamburger Komponist und Musikschriftsteller Johann Mattheson war mit Händel befreundet und veröffentlichte in "Grundlage einer Ehren-Pforte" (Hamburg 1740) eine der frühesten Biographie über diesen. Nach Händels Tod übertrug er Mainwarings "Memoirs of the Life of the late George Frederic Handel" (London 1760) ins Deutsche.

1704, cambio de siglo y de tono con Cleopatra  [Die unglückselige Cleopatra, Königin von Egypten, oder Die betrogene Staats-Liebe], “[La infortunada Cleopatra, Reina de Egipto, o Los fraudulentos amores de estado]”, una opera del hamburgues Johann Mattheson, el principal teórico musical de la Alemania barroca. El libreto es del teólogo Friedrich Christian Feustking, nombre que nos vuelve a anunciar la proximidad de Handel, pues suyos serán los textos de Alcina, y profesión que, junto al subtítulo de la ópera, sugieren que va a ser seria. Y, efectivamente, aquí encontramos a Cleopatra (Isabel Bayrakdarian) meditando tras el suicidio de Marco Antonio, Mein Leben ist hin, “Mi vida se ha ido”, poco antes de la conclusión, con la triunfal entrada de Augusto en Alejandría.

Y llegaríamos ya al gran Giulio Cesare de Handel, que, no por conocido deja de merecer un capítulo individual, y dejamos entonces para el de mañana.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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