Mozart y la flauta: El definitivo argumento del Adagio

Flautista - William Bouguereau (1878)

Mucho se ha escrito sobre si Mozart odiaba o no la flauta, algo que, sin más información, parece impensable en quien la hizo protagonista mágica de su última y fundamental ópera. Aunque, si le obligaron a tocarla en el parvulario, cualquier cosa es posible. Pero, al margen de otros argumentos, es difícil pensar que no se enamorase del instrumento al comprobar su efecto en el Adagio del Cuarteto en re KV285, una de las obras que, junto al conocido Concierto nº 1 para flauta y orquesta, compuso por encargo de un rico aficionado holandés llamado De Jean. E imposible si hubiese podido escucharlo tal como lo interpreta aquí Emmanuel Pahud acompañado por Christoph Poppen, Hariolf Schlichtig y el cellista Jean-Guihen Queyras.

Imposible, por más que se disculpase ante su padre por el retraso que le llevó a incumplir parcialmente ese encargo con las líneas que más han sustentado la teoría contraria: “Usted sabe que puedo ser un inútil cuando me veo obligado a escribir para un instrumento que no soporto.” Claro que, por esas fechas, en Mannheim, Mozart se había enamorado de la cantante Aloysia Weber (con cuya hermana Constanze se casaría finalmente), y algo había que decirle al padre padrone si el pedido no iba a estar acabado a tiempo. Y por si el abrupto final de ese Adagio ha hecho pensar que también lo dejó a medias por estar a enteras con Eloisa, aquí está la obra completada y completa en la versión del gran cuarteto de la familia Kuijken.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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2 respuestas a Mozart y la flauta: El definitivo argumento del Adagio

  1. Josep Olivé dijo:

    Creo haber leido que eran todos los instrumentos de viento que en general el pequeño Amadeus no soportaba. Pero en particular, la trompeta se llevaba la palma. Lo que hizo con esos instrumentos más tarde confirma palmariamente que también, también Mozart tenía cosas de crios. Menuda la criatura.

    • José Luis dijo:

      Yo he leido que echó pestes de la flauta y el arpa, que no sé si sería echar pestes de encargos intempestivos. La verdad es que si la posteridad se entretuviese en analizar lo que un dia dice cualquiera de nosotros…

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