La octava de Shostakovich, algunas dudas (y 2)

Stalingrado Barmaley

Tercer movimiento. Pregunta: ¿Qué es un Ostinato? Un ostinato es esto a lo que obstinadamente se entregan  las violas en este scherzo nada bromista

Cuarto movimiento. Habría que escuchar primero la totalidad de la tenebrosa “Epopeya del Sufrimiento” que es este Largo (aquí por Rudolf Barshai con la NDR Sinfonieorchester) pero si se tiene en cuenta que los contrabajos repiten doce veces la marcha fúnebre con que se inicia, pueden bastar un par de minutos para plantearse otro par de dudas.

Primera: ¿Es masoquismo disfrutar con tanta desolación, tanta angustia y tanta desesperanza?

Segunda. Así pontificaba en 1948 Vladimir Zakharov, Secretario Principal de la Unión Soviética de Compositores:  “Todavía hay discusiones en torno a la cuestión de si la Octava es buena o mala. Tal discusión no tiene sentido. Desde el punto de vista del pueblo, la Octava no es en absoluto una obra musical; se trata de una ‘composición’ que no tiene nada que ver con el arte.” Toma ya. Y la duda: ¿A cuántas obras maestras seguiremos tratando hoy así?

Quinto movimiento. Leamos ahora las sabias palabras de Phillip Huscher en las notas de un programa de la Chicago Symphony Orchestra:

“El Allegretto final, iniciado con el descubrimiento del Do mayor, tiene un inesperado aire de inocencia. La música es sencilla e incluso alegre -escúchese la melodía diatónica de apertura del fagot o el jubiloso silbido  del flautín algunos compases más tarde- y la escena es fresca y pastoral.

A pesar de que a medio camino se recuerda la música más inquietante -el inicio de la sinfonía

irrumpe en el clímax-

es un final audaz y provocador para una sinfonía trágica y oscura. También se ha demostrado controvertido. Los críticos lo encontraron decepcionante; las autoridades soviéticas, incapaces de reconciliar estos pocos rayos de sol que caen sobre tanta desolación, calificaron la sinfonía como ‘una tragedia optimista.’ Pero optimista es una palabra demasiado ambigua para sus serenas, soñadoras, y emocionalmente complejas páginas finales. Shostakovich deja en las manos de cada uno de nosotros escuchar esta música, tan introspectiva y personal como toda su producción sinfónica, a nuestra propia manera.”

Este es su enigmático final:

¿Sereno? ¿Ominoso? La duda ha de resolverla cada uno, aunque no del todo libremente, porque la opinión de los directores puede ser determinante. Este final era de Rudolf Barshai, el que sigue es de Gennady Rozhdestvensky,

y este otro, de Bernard Haitink.

-♦-

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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2 respuestas a La octava de Shostakovich, algunas dudas (y 2)

  1. Josep Olivé dijo:

    La tristeza y desolación que transmite esta sinfonia és espeluznante! Xostakövitx escribió algunas partituras tràgicas, pero pocas tan reconcentradas como en esta sinfonia. Para ser escuchada con devoción. Con respecto a Vladimir Zakharov, eso de atribuirse el punto de vista del pueblo…de qué pueblo esta hablando? Costero? Interior? Pequeñito? Hay que ver lo mal parados que han salido/salen los “pueblos” de los que los han usado/usan a su conveniencia!

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