El canto de las sirenas (XXVII) – Las estaciones de Haydn, la naturaleza como protagonista

Si la música popular adquiere una inmediatez en Haydn que sólo reencontramos en Gustav Mahler (…) lo mismo debe decirse de su percepción de la naturaleza, que en él desprende un carácter físico, objetivo, inmediato que sólo la música de Mahler será capaz, de nuevo, de representar.

A la generación que renegó o relegó a Haydn, no le importaba la naturaleza en su forma física de ser y de presentarse sino algo bien distinto: el sentimiento que ésta despierta en la subjetividad. Hegel, en sus Lecciones sobre la estética, en consonancia con el gusto romántico de su generación, caracterizaba la música como el arte de la subjetividad por excelencia. Y no le interesaba poco ni mucho la naturaleza, que se había vuelto para él poco «interesante»; un puro avatar del espíritu (…).

A Beethoven le importaba, desde luego, la naturaleza, pero sólo en su resonancia en el sentimiento que suscitaba en su subjetividad: el “despertar de impresiones gozosas al llegar al campo”, tal como subtituló el primer movimiento de su Sexta sinfonía, “pastoral”, género entendido entonces como resonancia de la naturaleza (…) en la emoción y el sentimiento de un sujeto convertido en principio rector de la sensibilidad, del gusto y de los principios estéticos. Y lo mismo acontece en el séquito de seguidores que esta peculiar «pastoral» de Beethoven produjo: en el Hector Berlioz del tercer movimiento de su Sinfonía fantástica, en los poemas sinfónicos de Franz Liszt (Ce qu’on entend sur la montagne) , y sobre todo en Wagner, con los murmullos de la selva, o las ondulaciones y refulgencias del oro del Rin en la Tetralogía.

Por esta razón no pudo comprenderse ni gozarse el feroz «objetivismo» de una obra que aún hoy despierta reticencias: ese mosaico sintético de toda la trayectoria creadora de Haydn que es Las estaciones. La naturaleza y la vida rústica asumen, en esa obra, una franqueza que sólo puede reencontrarse, aunque con todas las mediaciones de ironía, de distanciamiento o de sarcasmo que la época le impuso, en Gustav Mahler.

En Las estaciones lo natural, y la vida campesina, con sus ritmos de tiempo, correspondientes con las edades de la vida, se descubre en su forma más despejada y sincera, sin el lastre decimonónico romántico de la subjetividad como filtro necesario. De pronto tiene lugar la tormenta, no el resonar de ésta en los sentimientos que despierta en un sujeto; o se oyen los cuernos de caza tras haber visto cómo un perro husmeaba y acosaba luego frenéticamente a un pájaro que acababa cayendo abatido por un disparo


Birger Radde. Le Concert d’Anvers, Bart Van Reyn.
Seht auf die breiten Wiesen hin! / ¡Mirad la gran pradera!
Seht, wie der Hund im Grase streift! / ¡Mirad cómo vaga el perro
Am Boden suchet er die Spur / olfateando con su nariz el pasto!
und geht ihr unablässig nach. / Busca una huella en la hierba
Jetzt aber reißt Begierd’ ihn fort; / y la sigue sin detenerse.
er horcht auf Ruf und Stimme nicht mehr; / Lo arrastra el apetito,
er eilet zu haschen da stockt sein Lauf, / no escucha la voz de mando,
und steht er unbewegt wie Stein. / corre para agarrar su presa.
Dem nahen Feinde zu entgeh’n, / De repente, se queda paralizado como una piedra.
erhebt der scheue Vogel sich; / Para escapar de los enemigos que se aproximan,
doch rettet ihn nicht schneller Flug. / una temerosa ave levanta el vuelo, pero es inútil.
Es blitzt, es knallt, / Un rayo, un estallido,
ihn erreichet das Blei / el plomo la alcanza allá arriba
und wirft ihn tot aus der Luft herab. / y cae muerta a tierra.

o se canta la vendimia y se celebra ésta de forma orgiástica, o se propicia la ronda invernal en torno al fuego, con los relatos nostálgicos de la juventud que se fue, o con la expresión simbólica de una vida que se agota y agosta, y que parece prepararse para un resurgimiento primaveral al traspasar las «puertas del cielo»


Ida Falk Winland, Yves Saelens, Birger Radde. Octopus Symphony Chorus. Le Concert d’Anvers, Bart Van Reyn
SIMON
Dann bricht der große Morgen an, / Entonces nace la mañana excelsa,
der Allmacht zweites Wort erweckt / y la segunda palabra del creador del mundo
zum neuen Dasein uns, / nos despierta hacia una nueva existencia,
von Pein und Tod auf immer frei. / libre por siempre de pena y muerte.
LUCAS, SIMON
Die Himmelspforten öffnen sich, / Las puertas del cielo se abren
der heil’ge Berg erscheint. / y aparece la montaña sagrada
Ihn krönt des Herren Zelt, / con la casa de los dioses coronándola,
wo Ruh’ und Friede thront. / donde la calma y la paz reinan.
(…)
COROS
Dahn gehn wir ein / Entonces entraremos
in Deines Reiches Herrlichkeit. / en la majestad de tu reino.
¡Amén!

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son citas literales del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, a menudo de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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2 respuestas a El canto de las sirenas (XXVII) – Las estaciones de Haydn, la naturaleza como protagonista

  1. Josep Olivé dijo:

    Siempre oigo voces y resonancias de Handel (a priori) y Mozart (a posteriori) en los oratorios de Haydn. Obra bien poco programada, al menos en las temporadas barcelonesas, de manera injusta por cierto. Se agradece, por tanto, que alguién se acuerde de ella.

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