Un corazón de paloma

Cazando palomas

El asombro de Ocupada ante la afición insólita de su perro a las migas de pan. Lo lleva al parque y, cuando la viejecita de turno vacía su bolso entre las palomas, el perro irrumpe en la idílica escena y en un abrir y cerrar de ojos se come todas las migas. Lo hace con una extraordinaria habilidad, de forma que mientras la anciana despierta de su arrobo él ya ha dado cuenta del pan y se dirige feliz hacia su avergonzada dueña, que, a esas alturas, ha corrido a esconderse detrás del seto que tiene más a mano. No hay perro entonces más alegre y feliz que el suyo, y ella no puede ocultar mientras se aproxima esa punzada de satisfacción que siempre sienten las madres ante el espectáculo de la vivacidad de sus hijos. Por eso, y aunque su primera intención es reprenderlo, no puede resistirse a sus zalamerías y termina por transformar su enfado en un aluvión de caricias. “¿Qué culpa tiene -parece decirte cuando te lo cuenta- si lleva un corazón de paloma?”
Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

 2 Enfrentamiento

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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