El canto de las sirenas (XXIX) – Haydn, la “energeia” en la forma sonata

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Si los misterios de dolor también se expresan en la obra de Haydn, en las grandes sinfonías parisinas y londinenses parece celebrarse principalmente el gran misterio del gozo de haber vivido: la joie de vivre en su más alta y exaltada ex­presión artística. Se trata de un tour de force en la capacidad de expresión de la exuberante y desbordada vitalidad de un espíritu jovial (en el sentido jupiterino del término) que al­canza a expresar, en Idea Musical, una de las más altas ideas filosóficas de la tradición occidental: la idea aristotélica de energía (energeia), o de ser-en-acto.

Haydn plasma esa ca­tegoría aristotélica a través del gran recurso de la forma so­nata con la exposición de las posibilidades latentes que el material ofrece, el desarrollo de las mismas a través del nudo conflictivo correspondiente al segundo gran momento de esta forma, y por fin la reexposi­ción que vuelve a enunciar lo expuesto, pero una vez madu­rado y actualizado.

sonata

La forma sonata era para Haydn, como bien dice Charles Rosen, mucho más que una forma musical: era el lenguaje musical mismo, su código, su gramática, su sintaxis y hasta su semántica y su pragmática. Por eso tendía a absorber todas las demás formas y terminó por contaminar toda su obra. Con ella, Haydn ponía a prueba su capacidad para dramatizar un único tema aparentemente es­caso, concebido con mentalidad minimalista y con gran recurso humorístico e irónico. Por lo general era un tema intenciona­damente ingenuo, naïf, o que podía parecer hasta infantil, como salido del patio de un colegio, o de ambientes rústicos.

Allegro con spirito, Cuarteto op. 76 Nº 1.  Jasper String Quartet.

A partir de esas bases tan parcas y económicas Haydn desplegaba una forma narrativa en claroscuro, en constante alternancia de lo grave y de lo cómico. No necesitó el con­traste temático, ni la dialéctica «hegeliana» de opuestos o de contrarios que hallamos en Ludwig van Beethoven, y que desde él tiende a consagrarse como paradigma de forma so­nata.

Esa forma sonata inventada por Haydn se aviene, como se ha señalado, con el concepto aristotélico del ser como ener­gía y entelequia (o ser-en-acto), en el que importan la gesta­ción, formación, conflicto y culminación de la forma a través del dominio de lo que es materia potencial, o caos pródigo en razones seminales.

Ésa es la gran Idea Estética, o Idea Musical, que despren­de la música de Haydn. Acertó a concretarla a través de su in­gente e impresionante despliegue de creación; y no sólo en los primeros movimientos de los cuartetos, tríos con piano, so­natas para piano o sinfonías, sino en todos los movimientos.

Presto, Sinfonía Nº 92 “Oxford”. Concentus Musicus Wien, Nikolaus Harnoncourt

La energía y el brío que se despliega en sus cuartetos y sin­fonías, especialmente en el período posterior a las sinfonías de París (o hasta en las dos anteriores que parecen ya presa­giarlas), no tienen parangón posible. Es energía radiante en estado puro. Algo que no se descubre en otros compositores; en ninguno de ellos; tampoco en Beethoven o en Mozart.

Esa energía no se halla predeterminada, como en Beetho­ven, por un estilo heroico que exige la dialéctica del contras­te y de la oposición temática, o por su peculiar combinación de la rudeza heroica cuasi-marcial y de la pastoral naturalis­ta, femenina y emotiva.

El argumento musical, en Haydn, se halla sobredeterminado por un código de gran comedia dramática libremente interpretada que admite pasajes de honda gravedad o de se­veridad sin tacha, sin que sea el registro humorístico, que se desparrama con generosidad por todos los rincones de esas obras, el que necesariamente tenga la última palabra. Y ha­rán bien los críticos en no exagerar su relevancia, pues de ese modo se desvirtúa el sentido altamente dramático de esas im­ponentes composiciones.

Las mejores obras sinfónicas evidencian una grandeza épica y un despliegue de energía que puede resultar avasalla­dor, como a lo largo y ancho de la Sinfonía n.° 102, una de las más hermosas (y enérgicas) de la serie londinense, espe­cialmente en sus dos movimientos extremos, magníficamen­te contrastados por el nostálgico y emocionante adagio, y por el encantador trío con sonoridades populares.

Sinfonía n.° 102. Orquesta Sinfónica de Radiotelevisión Española, Sergiu Celibidache.

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son citas literales del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, a menudo de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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2 respuestas a El canto de las sirenas (XXIX) – Haydn, la “energeia” en la forma sonata

  1. Josep Olivé dijo:

    Yo también me lo he pasado pipa con esa producción y con esa maravillosa….ópera!!!🙂 Y en casa de Kalamar he dejado constancia. Y que Haydn, Trías, las sirenas y colegas comentaristas me perdonen… Tengo que soltarlo! :-))))))))))

    • José Luis dijo:

      Aún tienes puesta la sonrisa, yo salí feliz de esa flauta realmente mágica que me hizo disfrutar como pocas veces de la fantasía y la alegría de Mozart gracias a una puesta en escena tan original como cuidada y ejemplar

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