El Canto de las Sirenas (XXXI) – Haydn, novelista

Cristo en la cruz (Goya)

La razón de fondo para que Haydn no encajase en el canon entronizado por el Romanticismo (…) es que todavía registra sus argumentos, sean de música vocal o instrumental, en un referente mítico o simbólico compartido de carácter objetivo: el Gran Relato cristiano, desde la Creación del Mundo hasta el Juicio Final , (…) que se despliega en una forma de vida cósmicamente ordenada según ritmos de estaciones o por el triple episodio -matutino, de mediodía y de atardecer-en que se desglosa el microcosmos argumental del Día.

Pero todo este Gran Relato posee todavía en Joseph Haydn consistencia objetiva: la emoción y el dramatismo deben hallarse siempre en referencia al mismo, o en conjugación con él. Nunca, por tanto, en el sentimiento de una subjetividad autónoma que se vaya desprendiendo de ese relato religioso objetivo, como comienza a suceder en Mozart, sobre todo en su Réquiem; y desde luego en Beethoven, en su Missa solemnis; o a su manera en las misas, especialmente la última, de Franz Schubert. Y aun así, ¡qué conmovedores son los ocho adagios (más el Terremoto) que constituyen Las siete últimas palabras de Cristo! (…)

 

Joseph Haydn, en su modo emotivo, llega a las raíces más hondamente subjetivas del sentimiento a partir del pronunciamiento en alemán de cada una de las palabras, que es comentada por la frase musical con la que cada movimiento lento da comienzo. Pero todo ello se registra en el marco argumental de la pasión y muerte de Nuestro Señor.  Así, el relato sobredetermina la emergencia de una subjetividad que está hondamente explorada hasta el último entresijo de sus trasfondos emocionales. Haydn, igual que Kant, consumó también, a su modo y estilo, un peculiar «giro copernicano».

Gracias a él, a ese imperativo de la subjetividad, pudo derivar las grandes consecuencias formales, especialmente la forma sonata, que es el más genial modo que se ha inventado en música para dramatizar los avatares de ese sujeto trascendental recién hallado y colonizado: merced a esa forma se le da curso argumental, que se desglosa en motivos y episodios susceptibles de florecer en sus desarrollos, como en las grandes novelas de formación de la época, con todo el dramatismo que les caracteriza. Hasta que esos despliegues se logran remansar en una recapitulación y coda final que nunca en Haydn es cosa simple y mecánica.

Con Joseph Haydn, y su invención de la forma sonata, se dio curso novelesco a la música. Ésta, por fin, asumió en todas las consecuencias el designio de cultura dramática que es propio de toda la cultura occidental. Y con razón considera Marc Vignal que Haydn es, quizás, el mayor narrador musical que ha existido

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son citas literales del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, a menudo de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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