La música en Carta de una desconocida

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Fiel adaptación de la novela del mismo título de Stefan Zweig, Carta de una desconocida es una de las más magistrales películas del magistral Max Ophuls, una exhibición de su exquisito buen gusto, de su refinamiento y su ironía, de su cuidadísima planificación, una maravilla de ritmo y también de color, pues de colores es el deslumbrante blanco y negro de sus obras. Y, transcurriendo la historia en Viena y con un pianista como coprotagonista, la música tenía que ser y es muy importante en esa película, un elemento narrativo fundamental que el gran director manejó aquí con la misma pericia que las imágenes.

El autor de la banda sonora original fue Daniele Amfitheatrof, un compositor y director ruso que pasó buena parte de su vida en Hollywood, responsable de la música de películas como El zorro del desierto o Cuando ruge la marabunta. Pero el tema principal de Carta de una desconocida parte de Il sospiro, el estudio de Liszt con que el pianista empieza a enamorar a la adolescente Lisa antes de ser visto,

cuya melodía se escucha en diversas variaciones orquestales a lo largo de la película.

Además de la música original (o arreglada) de Amfitheatrof (curioso apellido, propio de las historietas de Asterix),  la película está dominada por la música que forma parte de la historia, “diégética” la llaman, como este estudio que interpreta el protagonista masculino. Así, tenemos también la de la representación de La flauta mágica de Mozart a la que la pareja asiste en la ópera, o el vals que empiezan bailando en el Pratter y les acompaña hasta el fundido en negro de su primer beso.

Naturalmente, se escucha música de los Strauss, pero este vals no es de ninguno de ellos. Se trata del vals de Weaner Madl’n, op. 388 de un prolífico compositor de danzas,  marchas y de alguna opereta llamado Carl Michael Ziehrer, unas Muchachas vienesas que debieran haber sido identificadas sin necesidad de recurrir a ciertos infernales artilugios, pues formó parte del programa del último concierto de Año Nuevo y tiene la peculiaridad de tener un pasaje silbado

De Strauss hijo, algo de su Sangre vienesa, y del padre, la Marcha Radetzky, que interpreta la banda militar justo después de la Canción a la estrella de la tarde de Tanhauser, el quesesto del mes. Es en esta secuencia donde quizás se aprecia mejor el mucho partido que saca Ophuls de la música, que no sólo subraya unas escenas, sino que aporta su propio significado: Estamos en Linz, ciudad de provincias, y aunque haya conciertos, en vez de la sofisticada música vienesa nos encontramos con una banda; el pretendiente dice que también tienen buena música, pero el aria de Wagner es cantada por los metales militares y rematada por la marcha de Strauss, que firma y confirma el descubrimiento y la decisión de Lisa, porque el amor del pobre teniente está a años luz del que ella ofrece y espera encontrar en su pianista,

en su música (que podría ser ese mismo Wagner adaptado por Liszt)

y en sus palabras, las que quisiera que pronunciase su amado como hace Wolfran en Tanhauser:

O du, mein holder Abendstern, / Oh tú, mi sublime estrella de la tarde,
wohl grüßt ich immer dich so gern: / a la que siempre he saludado con gusto:
vom Herzen, das sie nie verriet, / de parte de mi corazón, que nunca la ha traicionado,
grüße sie, wenn sie vorbei dir zieht, / salúdala cuando pase a tu lado,
wenn sie entschwebt dem Tal der Erden, / cuando se eleve sobre este valle terrenal,
ein sel’ger Engel dort zu werden! / y se convierta en un bendito ángel del cielo!

Y, será casualidad o no, porque la meticulosidad de Ophuls era y es manifiesta en esta película(*), pero la protagonista de Tanhauser y de la petición de Wolfram se llama Elizabeth, en diminutivo, Lisa.

No es difícil, además, imaginar Carta de una desconocida como una gran ópera romántica, guiada por la lectura de una carta, como las de Eugene Onegin, con rosas como en Der Rosenkavalier, hijos a los que debe renunciarse como en Madame Buterfly, bailes, pases de modelos y, sobre todo, escenas de amor, de anhelos y de desengaños, momentos culminantes que, tal como decidió Berlioz para su Romeo y Julieta, transcurren sin palabras  dejando que sea la música la que exprese lo inefable. Zweig, además de escribir para Richard Strauss el libreto de La mujer silenciosa, era un gran melómano y entre los manuscritos que recopilaba también los había musicales, de Mozart, de Wagner, de Beethoven y de Schubert. Sin embargo, en su Carta de una desconocida no hay apenas música ni referencia musical concreta alguna, de modo que la decisión de darle la importancia fundamental que tiene en la película sería de Ophuls y de quien la adaptó para la pantalla, Howard Koch, guionista de la radiofónica Guerra de los mundos de Orson Welles y coautor del guión de Casablanca.

En cualquier caso, una de las magníficas novelas de Zweig (en PDF, aquí) y una de las mejores películas de Ophuls, con La ronde, El placer, y Madame de… (la pista/despista del juego), a las que el tiempo no resta sino suma.

Conclusión
La música es un poderoso creador de de atmósferas, y más que cualquier otro elemento fílmico, actúa a nivel de las emociones más que al de la comprensión intelectual. En Carta de una desconocida, se utiliza de dos maneras distintas: la banda sonora, tanto refuerza el clima de las imágenes como lo contradice. Este doble uso de la música se corresponde con la tensión de la película en su conjunto. Por un lado, Carta de una desconocida es un típico relato de Hollywood, conservando un alto grado de unidad, ya que cada elemento tiene una clara función en la narración de la historia. Por el otro, la película es altamente auto-reflexiva, sugiriendo múltiples significados que se abren paso tras las apariencias y descubriendo contradicciones internas. La música es una de las múltiples voces que cuentan la historia, pero la historia en sí es también musical. En la narración se hallan repeticiones y variaciones como en la partitura, y los patrones rítmicos y los cambios de ritmo tipifican las imágenes tanto como la banda sonora. Así, la música no es sólo un recurso narrativo importante para Ophuls, sino también una poderosa metáfora para describir su obra.
Alexander Dhoest, Music and Musicality in Letter from an Unknown Woman.

-♦-

(*) En la secuencia en que Lisa explora la vivienda de su nuevo vecino, pasa ante una pared en la que encontramos un tríptico con retratos de Brahms, y a la derecha, suntuosamente enmarcado, uno de Mahler.

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En 1948, cuando se rodó Carta de una desconocida, apenas empezaba el redescubrimiento de Mahler, que ni era desde luego un favorito del gran público ni el músico en que cualquier director artístico pensaría para la habitación de un pianista. Pero Zweig admiraba mucho a Mahler, al que dedicó un par de ensayos, de modo que la elección parece intencionada y quizás fue un reconocimiento de Ophuls al escritor.

Ni los malignos inventos han sido capaces de identificar el retrato que hay encima de los de Brahms: Dedicado a quien lo logre, un viaje a Suiza y a aquel glorioso cine:

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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4 respuestas a La música en Carta de una desconocida

  1. Vicicle dijo:

    Seguro que se ha dicho, y que tú lo has pensado más de una vez: Ophüls es uno de los directores más proustianos, junto a Visconti; que por cierto, también utiliza el mismo pasaje del concurso en su Luis II, en la escena de la cueva con barca incluida. Qué gozada de películas, y de post. Gracias, José Luis. Ah!, yo diría que el que está sobre Brahms es su colega Joseph Joachim, es lo que pasa con los dúos🙂 Lo del viaje a Suiza va en serio, no?

    • José Luis dijo:

      Muy en serio: Solo has de hacer clic. Y no sé si decir que no esperaba menos o que me dejas pasmado; las dos cosas son ciertas.

      Visconti desde luego, pero no hubiera asociado Ophuls con Proust, es demasiado transparente. La secuencia que dices es de las que mejor recuerdo de Ludwig, pero había olvidado que era con esa música

  2. Magnífico artículo. Me interesa todo. Gracias, José Luis.
    Y, también a Vicicle, por tu aportación.

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