El barbero equivocado

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Ves El Gran Dictador y te conmueve la forma en que Chaplin resuelve esa difícil conversión del personaje del vagabundo en ese otro más acorde con los nuevos gustos de los espectadores. La creación del peluquero es uno de los grandes hallazgos de Chaplin. Es un personaje amnésico; ha perdido la memoria de ese otro que fue a partir de un grave accidente, y se ha pasado varios años en un hospital apartado de todo y de todos. Un buen día recupera la identidad perdida y se escapa para regresar a su casa, convencido de que apenas han pasado unas horas desde que la abandonó. Pero han pasado muchos años. Entra en la peluquería, realiza los gestos preparatorios de siempre y de pronto se da cuenta de que algo pasa, porque todo está polvoriento y sobre los objetos las arañas ensimismadas han tendido sus telas. Ese instante inolvidable, la visión de ese reino de abandono, marca su propia distancia respecto al mundo.
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Ha perdido la gracia que le vinculaba a las cosas, y se transforma en un ser torpe y aturdido, un mero superviviente que incluso en su trato con la chica de turno (una Paulette Godard en la plenitud de su hermosura) resulta soso y sin su antigua y poderosa gestualidad. Es esa condición de superviviente la que le hace incurrir en un error en que nunca habría caído el vagabundo, sin duda el más grande husmeador de la condición femenina que ha existido en el cine. Me refiero a la escena del afeitado de Paulette Godard. Se sienta esta en el sillón de la peluquería y él, sin ilgrandedittatore1darse cuenta, se dispone a afeitarla. Es una escena de las que justifican toda una obra. Ese error expresa a la vez el fin y el momento más excelso del vagabundo. El fin, sí, puesto que el vagabundo, en sus buenos momentos, nunca habría cometido un error semejante: confundir a una muchacha con un hombre; el más excelso, porque es a través de ese error cuando la belleza de la muchacha se nos muestra más milagrosa y radiante. Lo cómico no supone aquí una degradación del objeto, sino que se relaciona con la gracia. Esa gracia que aparece ante nuestros ojos en todas esas inadecuaciones que de forma imprevista llaman nuestra atención sobre algo: el inesperado bostezo, la prenda que se pone al revés, la carrera en la media, la nariz tiznada de merengue. Es en esa escena inolvidable donde se despide el vagabundo de nosotros; la escena de la suplantación final del dictador, del discurso con que se cierra la película dice menos acerca de la dolorosa belleza de la vida que esa otra, tan humilde, en que un pobre peluquero enjabona sin darse cuenta la cara de la chica de la que está enamorado.
Gustavo Martín Garzo – El cuarto de al lado

Poco después tenemos el famoso afeitado a ritmo de la Danza húngara nº 5 de Brahms, que podría ser cómica por “degradación del objeto” y también por “inadecuación”.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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