El Canto de las Sirenas (XXXIII) – Haydn: El ascenso hacia la luz

Circulo de Rembrandt -Tobias y el Angel curando la ceguera de su padre

El retorno de Tobías es un oratorio anterior a La Creación y a Las estaciones, de la época intermedia de la trayectoria de Haydn, que gira en torno a la recuperación de la vista de Tobit, el padre del joven Tobías, y la identificación del mensajero de Dios, Rafael, compañero de Tobías en sus travesías marítimas. Se trata de una variante que da curso musical a una de las ideas musicales haydnianas más recurrentes: el ascenso hacia la luz, o la recuperación de ésta en victoria sobre las fuerzas de las tinieblas. Casi todo Haydn gravita en torno a la expectativa de un ascenso hacia la luz.

Charles Rosen señala que uno de los grandes gestos musicales de Haydn consiste en una ascensión de notas muy breves escalonadas que llegan a alcanzar una atalaya tonal, expresión simbólica de ese impulso ascensional hacia la luz. Los introitos lentos de las grandes sinfonías últimas también presagian y presienten la oscuridad y tiniebla que se logrará esquivar y vencer. Algo semejante se advierte en la célebre «representación del caos» (y el primer coro pianissimo) de La Creación, antes de que el tutti orquestal y coral pronuncie por segunda y definitiva vez la palabra Licht, Luz. Ese ascenso en breves notas hacia una cima en la altura del sonido lo descubrimos en la descripción del surgimiento del sol en levante venciendo las brumas -la aurora– en el inicio del cuarteto que lleva ese nombre.

Esa puja y porfía a través de semicorcheas hacia la cima de la frase musical da inicio al cuarteto La alondra

Ese proceder, perceptible en muchos de sus mejores temas, y su correlación simbólica, la idea de la ascensión hacia la luz, constituyen quizás el principal núcleo en el que idea y forma se dan cita en el estilo de Haydn. La energía a la que da forma de la manera más dinámica y vigorosa es, no se olvide, energía radiante. Sea porque se crea la luz a partir del caos, en virtud de la palabra de Dios, o porque esa misma luz se recupera después de una vida de dolorosa ceguera, o porque se vencen las últimas brumas de la noche, antes de la emergencia de la aurora, o porque se asiste a la elevación del sonido canoro de una de las aves más melodiosas, como es la alondra, lo cierto es que este Gran Tema del Ascenso hacia la Luz termina siendo quizás uno de los más recurrentes e insistentes en toda la aventura musical de Haydn.

Ese Gran Tema (…) se traza ya con mano firme en aquella obra en la cual, por vez primera, demuestra Haydn de manera elocuente todo su arsenal musical, y algunas de sus mejores cualidades, (…) la primera sinfonía que sugiere un verdadero salto cualitativo en su trayectoria de compositor. De hecho es una tríada sinfónica, o un tríptico que comenta los episodios principales del Día: el amanecer matutino, el mediodía, el atardecer. Con esas tres piezas -que componen una verdadera pieza única, a modo de premonición auroral de Las estaciones– se estrenó Haydn en la corte de Esterházy en su nuevo estatuto de Kappelmeister.

En la primera de las tres sinfonías, La mañana, se escucha un introito en forma de irresistible crescendo que va venciendo los últimos obstáculos para que de pronto se produzca la aurora del día recién creado. En ese proto-tema se halla la razón seminal de Las estaciones, pero también de La Creación; y hasta de todos los primeros temas precedidos de introducciones lentas de tantas sinfonías de madurez y vejez.

Se produce una ascensión en crescendo que prepara, con toda la dramaturgia escénica de la expectativa que así se crea, el surgimiento de un tema saltarín, que a su vez parece ser el “fenómeno originario” de tantos temas iniciales en allegro vivace con características semejantes: ligereza en su enunciado, gracia propia de la pubertad, belleza casi ingenua, ritmo trepidante, transparencia y claridad inequívocamente diurna. En general, un clima musical nítidamente matinal.

Se tiene la impresión de que ha surgido, en enunciado temático, una criatura en su despertar adolescente, o en la primera jornada matutina de su vida, que muestra su naturaleza grácil y danzarina, y que va descubriendo el mundo por vez primera en toda su riqueza, asombrándose de todo lo que la luz solar le permite ver. Todo Haydn se reconoce en este tema, hasta el punto de que muchos inicios de allegro, primer movimiento, en cuartetos y sinfonías, no harán sino comentar, evocar, recrear o variar, de manera indirecta quizás, ese tema tan lozano y de mentida sencillez, pretendidamente naíf, o hasta infantil, que puede ser estirado, encogido, desglosado en pequeñas células o motivos, como sucede en general con esos temas iniciales tan peculiares (sobre todo los de su obra madura final).

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son citas literales del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, a menudo de la wikipedia.

Acerca de José Luis

Las apariencias engañan... o no.
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