El Canto de las Sirenas (XXXIV) – Haydn y Mahler, tan lejos y tan cerca

En la sinfonía primera de la trilogía El día parece irrumpir el genio de Haydn en su momento fundacional. Joseph Haydn en cierto modo es y encarna ese tema peculiar, (…) ese irresistible crescendo que va venciendo los últimos obstáculos para que de pronto se produzca la aurora del día recién creado.

Este ascenso, en clave dieciochesca, parece  una especie de anticipo de lo que será también -a gran escala, según corresponde al tiempo histórico que le es propio- la emergencia del Titán (…) del allegro de la Primera sinfonía de Gustav Mahler. En ella surge la melodía entera de ese Titán, el que descubre, como en el correspondiente Lied de Gustav Mahler (….) que el mundo es hermoso para habitarlo, vivirlo, gozarlo (o también sufrirlo). Esa melodía brota, también en Mahler, después de una introducción lenta -de mucha mayor extensión- que conduce inexorablemente a ella.

No se habla aquí de semejanza ni de parecido musical sino de una afinidad electiva profunda, o de una correspondencia simbólica subterránea. El tema del Titán, basado en el Lied correspondiente del primer ciclo sinfónico de canciones de Mahler, parece estirar, dilatar y ampliar lo que en forma embrionaria, con sonoridades que todavía evocan la instrumentación barroca, se descubre en esa sinfonía matutina que inaugura la trilogía del día del todavía juvenil Joseph Haydn.

Ese tema de la sinfonía La mañana de Haydn puede muy bien imaginarse como un embrión del tema del Titán mahleriano: nuevo encuentro anticipado entre estos dos músicos tan afines, y a la vez tan extremadamente opuestos en sus caracteres, en sus inserciones históricas y en sus destinos creadores. Ambos poseían el don de la orquestación, de la estereofonía, de la calidad tímbrica instrumental, y de la justa y sabia combinación de sonidos a través del conocimiento de todas las posibilidades de los instrumentos.

Ambos, además, pusieron a prueba esas cualidades en un reencuentro con la naturaleza de carácter más franco e inmediato que el que propició el Romanticismo, desde Ludwig van Beethoven a Richard Wagner (o a Antón Bruckner). Y también a través de un acercamiento a la música rústica, popular, mediante un constante uso de todo un amplio arsenal de Landler que recorren sus respectivas trayectorias creadoras. Ambos, con diferentes dosis de ironía y sarcasmo, con formas muy contrastadas de distanciamiento humorístico, se impregnaron de toda la gama canora del inventario popular -inventado o imitado- de claro sabor procedente de los distintos climas territoriales, folclóricos y musicales del Imperio austrohúngaro.

Ambos descubrieron una naturaleza que no se hallaba mediada o mediatizada por su evocación, su despertar o su resonancia en un sujeto sentimental, como sucedió en la Pastoral de Beethoven, en el episodio campestre de la Sinfonía fantástica de Berlioz, o en algunos poemas sinfónicos de Liszt y en el propio Wagner de la Tetralogía, o en los «episodios de canciones» -según los llamaba Bruckner- situados estratégicamente en las segundas secciones de los movimientos extremos de sus obras sinfónicas. (…) Haydn podría haber hecho suya esa definición que Gustav Mahler dio de su música: «Es un trozo de naturaleza».

Joseph Haydn y Gustav Mahler fueron, quizás, el alfa y omega de la gran aventura sinfónica. Mahler definió las sinfonías que iba componiendo como verdaderas «creaciones de un mundo». Y toda la obra de Haydn se esclarece desde el relato cosmogónico al que dio forma musical al final de su vida, desvelando así, discretamente, la auto-percepción y auto-reflexión sobre su propia obra, o sobre su aventura creadora. Él también dijo a la luz: «Hágase». Y surgieron de su cabeza la sinfonía y el cuarteto como las modalidades más insignes de música instrumental.

Después de Gustav Mahler han seguido componiéndose excelentes sinfonías, como lo prueban las de Nielsen, Martinú, Shostakóvich o Lutoslawski. O las de Prokófiev y Stravinski. Pero muchas de ellas seguramente se hallan impregnadas por el sesgo que dio Mahler a esa modalidad orquestal. De hecho Mahler remató la tarea que inició Haydn, y que prosiguieron Mozart, Beethoven, Schubert, Schumann, Berlioz, Brahms y Bruckner. Entre uno y otro se gesta una modalidad sinfónica capaz de crear y de recrear mundos plenamente singularizados, como los que fue configurando Joseph Haydn desde el principio, y como los que de manera grandiosa y enciclopédica llevó a culminación Gustav Mahler a través de sus grandes sinfonías.

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Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son citas literales del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, a menudo de la wikipedia.
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