El corregidor y la molinera, la filigrana de El sombrero de tres picos

beethoven-el-corregidor

“El éxito mundial de El sombrero de tres picos supuso casi una tragedia personal para su autor”. A esta conclusión llega el musicólogo George-Albrecht Eckle en el librillo de la grabación de El corregidor y la molinera que Lopez Cobos y Teresa Berganza hicieron con la Orquesta de Cámara de Lausana para Claves, argumentando que el más auténtico Falla se halla en la pantomima de ese Corregidor, que para convertirse en el ballet atendiendo a las deseos y necesidades de Diaghilev y Massine (su coreógrafo y bailarín principal) además de sustanciales cambios de acento en la trama, tuvo que perder su original carácter camerístico, tan acorde con la discreción natural de Falla y con el arte de la representación muda, no sólo de incidentes, sino de diálogos que es la pantomima. Así pues, El Corregidor y la Molinera sería, no un primer boceto de El sombrero de tres picos (un encargo de Diaghilev que de hecho se produjo cuando Falla ya estaba trabajando en la pantomima), sino la versión en filigrana, o quizás mejor decir la versión abstracta o metafísica que sustenta la magia profana del ballet, en la que toda la paleta de colores del folclore español que será mostrada en la partitura del ballet está ya esbozada (…) y no hay instrumentos de percusión, no hay instrumentos exóticos, sólo participa el piano, lo cual es un hecho muy significativo: Falla utiliza el piano para dibujar colores potenciales y la realidad del mundo sensible percibida desde un punto de vista espiritual.

Y vamos ya con Beethoven, miserablemente usado aquí como reclamo publicitario.

En el camino que va de El Corregidor y La Molinera hasta El sombrero de tres picos, se pierde también el divertido tono de la pantomima y dos de las tres humorísticas referencias a Beethoven que se escuchan en ella*; la que se mantiene, y es por eso y por su claridad muy conocida, es la del ta-ta-ta-taaa inaugural de la Quinta empleado para representar los aldabonazos con que, no el destino sino los alguaciles enviados por el corregidor, llaman a la puerta del molinero para prenderle,  una simpática y explícita broma que cuestiona por sí sola la afirmación de Stravinsky acerca de la “falta de humor” de Falla. Pero hay dos más, no tan aparatosas. Una, totalmente ausente en El sombrero de tres picos, es el de por sí simpático inicio del Cuarto movimiento de la Primera Sinfonía,

que  parece hecho a medida para que Falla lo usase en el momento en el que el molinero se plantea  y decide vengarse. Y la otra, tan diluida en el ballet que apenas se reconoce, la melodia del maravilloso pasaje central fugado del Scherzo de la Quinta

citada poco después por Falla cuando el corregidor descubre el cambio de ropas y deduce que le van a pagar con su misma moneda: Prueben a localizar esos pasajes en El corregidor y la molinera que dirige en este video un juvenil (y entre chaplinesco y aznaresco) Lopez-Cobos, y podrán comprobar además que esos compases iniciales del Allegro de la Primera de Beethoven recuerdan en la flauta de Falla a la de Papageno, cuando también estaba pensando en tomar una decisión. Aunque más vale dejar el juego para los cuatro últimos minutos, a partir del minuto 32 en el video, que es donde se hallan ambas citas, y disfrutar sin distracciones de esta estupenda obra, menos suntuosa pero más teatral a la vez que más abstracta (pues el trabajo de la orquesta es aludir, sugerir, no ilustrar) y también más simpática que el grave Tricornio.

Con mayor calidad de audio, la arriba citada grabación del mismo López-Cobos, pulsando en su portada.

cd-corregidorY, propina por la paciencia, la Nana que canta Teresa Berganza en ese disco

(*) En esas citas a Beethoven hay bastante de humor con un punto de mala uva hacia la escuela germánica de la forma, del desarrollo motívico, etc. Falla se ve incluido en el “bando” de Cocteau, Stravinski… Tipos raritos todos ellos (Stravinski era el más normal…)  (Enrique de Burgos dixit)

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Las apariencias no engañan
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