Un gran disco de “la otra” Ella

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Aunque Ella solo hay una y muy una, es cierto que a menudo se la recuerda y hasta considera más por su scat y su fantástico swing que como la grandísima cantante de baladas que era, rebosante de lirismo y de buen gusto. En esta “otra” faceta, en realidad la más valorada por muchos aficionados, destaca espectacularmente un disco no muy conocido que se editó en 1960, acompañando su aparición en la película Let no man write my epitaph. Ese título, traducido piadosamente para los hombres como Que nadie escriba mi epitafio, sirvió entonces para el LP, reeditado posteriormente y disponible en CD como The intimate Ella, lo que suena a recopilación y quizá no le haya ayudado mucho. Pero se trata de una maravillosa colección de interpretaciones en las que, tal como había hecho diez años atrás cantando a Gershwin en otra grabación llena de sentimiento, Ella sings Gershwin, está acompañada únicamente por un piano, en aquella ocasión el de Ellis Larkins, en ésta, el de Paul Smith.

En la película, en la que en realidad sólo se escuchan a medias tres de las canciones del disco, Ella Fitzgerald es una pianista y cantante adicta a la heroína, pero sus intervenciones musicales en el bar en que trabaja no detienen sino que acompañan la acción, a veces con tanto acierto como en su primera aparición, al poco de iniciarse la película, cuando la palabra “happiness”, felicidad, de una sorprendentemente melancólica I can’t give you anything but love, coincide con su mirada al niño alrededor del que gira la historia, el hijo que la camarera del local, Shelley Winters, tuvo con un delincuente ejecutado en la silla eléctrica.

Una versión muy distinta de la canción de Jimmy McHugh y Dorothy Fields, una de las más conocidas y representativas de Ella Fitzgerald, con la famosa imitación a Rose Murphy/Marilyn Monroe y Louis Armstrong:

La segunda intervención es con Angel eyes, de Earl Brent y Matt Dennis, poniendo el perfecto fondo musical a una conversación en el bar entre el héroe de la película, Burl Ives, un ex-juez con problemas con el alcohol, y una prostituta de buen corazón, Jeanne Cooper.

Aquí, el tono es el original de esta magnífica canción, el mismo que empleó en esta interpretación suya de 1957

Y la tercera y última, Reach for tomorrow, de Jimmy McHugh y Ned Washington, que suena en el final feliz, con aquel niño ya crecido que, gracias al sacrificio del juez, logra escapar del sórdido mundo al que parecía predestinado: “No importa cuántas veces parezca que los sueños no son para ti: Alcanza el mañana y haz que se conviertan en una realidad”

contraportadaEn el disco original, explicaban y justificaban la portada y el título, indicando que todas sus canciones habían sido grabadas expresamente para la película, a sabiendas de que sólo tres iban a ser escogidas para aparecer en ella. Lo cual no debió ser nada fácil, porque son antológicas las interpretaciones de todas y cada una de esas baladas; baladas o canciones convertidas por Fitzgerald en baladas, como aquella Who’s Sorry Now? que ha sido la estupenda de este mes, el comentado I Can’t Give You Anything but Love, y I Cried for You de Gus Arnheim, Arthur Freed y Abe Lyman. De las que originalmente ya eran lentas, vale mucho la pena escuchar la que abre el disco, Black Coffee, de Sonny Burke y Paul Francis Webster

y esta insuperable versión del famoso Misty de Johnny Burke y Erroll Garner

Pero cualquiera de las restantes, la también ya citada Angel Eyes, Then You’ve Never Been Blue, I Hadn’t Anyone Till You, My Melancholy Baby, September Song, One for my baby, I’m Getting Sentimental Over You, o la última de la película y del disco, Reach for Tomorrow, todas merecen ser escuchadas en posición genuflexa (salvo mejor criterio) y todas dan buena medida de la calidad y sensibilidad de aquella inmensa cantante, mucho más que el mejor scat y toneladas de swing.

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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5 respuestas a Un gran disco de “la otra” Ella

  1. Por siempre “Ella” es portentosa, 😀 😀 adióoooooooos

  2. josep dijo:

    Gran, molt gran… única i irrepetible Ella!

  3. Pingback: Estercolero « Demasiadas palabras

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