Hace medio siglo: Muere Claude Rains

Paradigma del secundario que supera al principal, el debut cinematográfico de Claude Rains como El hombre invisible, fue simbólicamente premonitorio. Había tenido problemas de dicción en la infancia, pero hemos tenido que esperar a escucharlo en v.o. para comprobar que los había solventado sobradamente y que bastaba su voz para explicar el éxito que obtuvo con esa película, uno de los pocos relevantes como protagonista, en la que sólo se le veía el rostro unos segundos, al final.

Aquí lo habíamos visto en aquel maravilloso Robín de los Bosques pero apenas le recordaríamos, eclipsado como quedó, no ya por Errol Flynn y Olivia de Havilland, sino por el secundario con mayúsculas de la película, Basil Rathbone, el malvadísimo Sir Guy de Gisbourne. Y sobre todo, porque toda la memoria quedó ocupada por escenas como la de la pelea de espadas, seguramente la mejor de la historia del cine, en cuyo mismísimo inicio podemos reconocerle ahora, en el papel del rey usurpador, Juan Sin Tierra.

Luego vino Caballero sin espada de Capra, y también en ella su estupendo trabajo como el senador corrupto quedó eclipsado por la treta de James Stewart con el discurso de nunca acabar que provocaba su arrepentimiento, otra secuencia memorable

Y entonces llegó Casablanca, y su figura quedó incorporada para siempre a la historia del cine con aquel comisario con nombre de coche que recogía sus ganancias tras declararse profundamente escandalizado de que en aquel local se jugase,

y cerraba la película con una de esas últimas frases capaces de sobrevivir a su mito.

Luego, lo volvimos a encontrar en Encadenados, donde, pese a la primera conjunción de dos estrellas como Ingrid Bergman y Cary Grant y aunque su nombre no pasase de encabezar la lista de secundarios, destacaba su magnífica interpretación del antiguo oficial nazi, merecedora de una de las cuatro nominaciones que tuvo para el Oscar que nunca ganó

Y todavía nos regalaría otro papel en su registro más clásico, el de malo más o menos simpático pero siempre cínico, encarnando a Mr. Dryden, el oficial del Arab Bureau que movía los hilos de Lawrence de Arabia

Un año después, tras hacer un último villano secundario, Herodes en La historia más grande jamás contada, y casi con menos ruido que ahora, fallecía tal día como hoy de hace 50 años ese enorme actor británico que llevaba al protagonismo a sus personajes secundarios, pero que aún hoy es más reconocido que conocido; al menos por el gran público y en sentido literal, porque un desconocido nunca hubiese llegado a ser el primero en cobrar más de un millón de dólares por una película (eso sí, de protagonista, en Cesar y Cleopatra, con su exalumna Vivian Leigh y Stewart Granger, un fracaso de taquilla firmado por Gabriel Pascal), y porque tampoco cualquiera es bíblicamente conocido por seis esposas como lo fue Claude Rains.

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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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