La música contemporánea

Con la llegada del siglo XX llegó la música del siglo XX. A lo largo del tiempo fueron desapareciendo como por encanto los compositores románticos, y sólo quedaron los contemporáneos.

La música sufrió una apasionante revolución.

Aparecieron nuevos instrumentos. Brotaron nuevos conceptos, se materializaron nuevas emociones y surgieron formas musicales que se apartaban del sistema tradicional, como La música dodecafónica y la música concreta y electrónica.

Fue un desastre.

Cantando bajo la ducha. Jorge Maronna (Les Luthiers) y Daniel Samper.
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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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6 respuestas a La música contemporánea

  1. Josep Olivé dijo:

    Magnífico el youtube. Siempre se ha creado música que no se entendió en su día por ser demasiado “compleja”. Hoy nos parece inconcebible que Salieri o Martin Soler fueran mucho más exitosos que Mozart, y que gran parte del notorio descenso del aprecio de Viena por la música de éste se debiera, precisamente, a que su música era demasiado elaborada. O sea, demasiado complicada. Nada “teorizó” sobre ella él mismo. Simplemente creó lo que salia de su genio. Veamos no solo sus òperas, también sus últimas sinfonías. Años más tarde muy pocos comprendieron las últimas sonatas y cuartetos de Beethoven, y lo único que adujo Beethoven ante tal incomprensión fué que le parecía comprensible esa fria recepción y que esas obras serian valoradas en el futuro. Nada “teorizó” sobre ellas. Asistimos en la actualidad a un fenómeno musical incomprensible. Piezas contemporàneas, normalmente de no muy larga duración, se situan al principio de los conciertos. Incomprensible. Son obras que requieren cierto grado de concentración para entenderlas y se situan al inicio cuando los tardones hacen sonar ostentosamente el ruido de sus butacas y bufidos de ultima carrera. Es como si los programadores (y director) fueran conscientes del mal trago que el auditorio va a pasar y que todo lo que venga a continuación sera no solo de su agrado sino un descanso auditivo y casi mental. Pero sucede más, y más grave. Los creadores se dedican ahora a explicar lo creado micrófono en mano en una especia de “teorización” sobre lo que se va a escuchar. Se trata al público de poco más que de analfabeto musical, haciendole entender lo que lo creado tiene su justificación, y que su recepción debe ser atenta y acorde con los esfuerzos y sudores que ha conllevado. De alguna manera se “teoriza” sobre lo creado. Se hace un acto de presentación que en todo caso debería hacerse en los conservatorios, que es el lugar donde se pueden y deben dar explicaciones teóricas, no en un auditorio. Nada teorizó Mozart. Nada teorizó Beethoven. De nada quisieron convencer a nadie. Simplemente alumbraron para el futuro músicas para las que su tiempo no estaba preparado. Alguien se imagina a un Beethoven presentando previamente su Gran Fuga? Alguien se lo imagina presentando su op.111, n.32? La necesidad de autojustificarse por parte de muchos músicos contemporaneos dice poco o nada de lo creado. Y ya va siendo hora de que su música suene sin más y de que en función de su calidad sea apreciada o olvidada, o apreciada posteriormente…o olvidada para siempre.

    • José Luis dijo:

      Contundente. Y visto lo que, pese a la buena voluntad y al tiempo ya pasado, no funciona ni a tiros, creo que algunos se metieron en un camino equivocado. Lo bueno es que todo deja un poso aprovechable.

  2. Tú ya lo has dicho todo. 😀 😀 adióooooos

  3. lluisemili dijo:

    Tindria una pila de reflexions a fer, però no les faré.
    Només una: la música “mainstream” del segle XXI ja no fa fugir la gent: Gubaidulina, Arvo Pärt, Adam,… Parlem de “clàssica” no de la Primavera Sound

    • José Luis dijo:

      És un jardí massa gran, més propi per tertúlia presencial, amb cafè i copa. I no crec que dissentíssim gaire. De fet, he escrit el mateix que dius, que amb noms com els que dius, com Adams o Tan Dun, sembla que es va trobant un camí nou, accessible i molt interessant pels aficionats. Però el que diu J.O. també és cert; de vegades, la primera peça “nova” sembla una mena d’impost revolucionari. I sobretot, benvingudes les explicacions, però si calen, comencem malament. I si ni així, pot ser que esperem una dècada, o un mil·lenni.

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