La maxixe (2) es española

La melodía citada por Gershwin en Un americano en París, efectivamente muy popular a principios de siglo en esa ciudad, proviene de un coro de la zarzuela “Los inocentes”, una “revista extravagante en un acto, en verso y prosa” astutamente estrenada el 28 de Diciembre de 1895 en el Teatro Apolo de Madrid (el mismo día en que los Lumière presentaban en París su invento), música del valenciano Ramón Estellés Adrián y letra de José López Silva e Isidro Sinesio Delgado con un glorioso “No me crió mi madre / Para casada, / Porque de solterita / No pierdo nada” convertido en el futuro (entre otras muchísimas cosas) en nuestro “Mi madre (o tu padre) no me (te) quiere / Barbero loco / Mi madre no me (te) quiere / Y (ni) tu (yo) tampoco” y sin ningún buen señor conquistador ni nada de machiches en toda la obra.

La historia hubiese acabado aquí de no ser porque un actor y cantante italiano llamado Leopoldo Fregoli, transformista de fama legendaria* por la velocidad con que se convertía en sus múltiples personajes, actuaba por esas fechas en el mismo Teatro Apolo, y le faltó tiempo para incorporar la copla a su repertorio. Así empezó a circular la melodía por Europa, de la mano luego de las orquestas zíngaras que se escuchaban en locales públicos y quizás de organillos como estos, de largo mi versión favorita

hasta que en 1905, cuando ya era muy popular, los franceses, cosa rara, la hicieron suya con una letra en la que “un español severo” enseñaba a una obrerita francesa una nueva danza que debía bailar con aire canalla y agarrándose las tetas tal como haría “una española alegre y loca”, pidiéndola luego, tras llevarla a su cuarto, no ir demasiado deprisa a fin de que la cosa durase lo más posible y acabar deseando al personal que, aprovechasen su juventud para repetir cinco o seis veces seguidas. La danza en cuestión, que daba título a esta nueva letra, no tenía nada que ver con su música porque era La matchiche, el ritmo brasileño. Los autores de tal letra se llamaban Paul Briollet y Léo Lelièvre, el del arreglo, que se pondría las botas cobrando derechos de autor, Charles Borel-Clerc, y el cantante que la hizo famosa, Félix Mayol.

Si los caballeros conocían algún auténtico maxixe, que de hecho ya se había cantado en Paris, o fueron otros los que habían asociado antes el baile a esa música, se ignora. Pero lo cierto es que La maxixe que escucha el americano en París no es ningún ritmo brasileño de moda en la ciudad (como ya parecía extraño por más que se reitere sin cesar, tanto al referirse a la cita de Gershwin como a la canción en cualquiera de sus múltiples versiones) sino una marcha de origen español que arrasó en medio mundo. Y que, a partir de esa versión francesa mantuvo el título de La machiche incluso en letras en las que ya no se hablaba del baile. Sin ir más lejos, el citado Fregoli, que jugaba con la letra original parodiando a una chula madrileña bautizada después como “La bella Fregheró”, la grababa un año después que Mayol con el subtítulo “Machiche” (entre paréntesis y sin artículo, lo que también induce a pensar que se trata de un ritmo) sin mencionar para nada el baile. Vale la pena escuchar a la bella Fregheró, antecedente directo de nuestra llorada Esmeralda Clamores.  Y premio para el que descifre todo lo que dice.

La canción entró luego en un larguísimo e intrincado laberinto lleno de arreglos, letras y pleitos que ahora no vienen al caso, pero del que los interesados pueden hallar abundantísima información y referencias en un exhaustivo y documentadísimo trabajo sobre “O Caso de La Mattchiche” publicado en una web dedicada al 150 aniversario de Ernesto Nazareth.  Sin embargo, todavía hay que encontrar al barbero loco, y asumir la parte de responsabilidad que nos toca con lo que aparece en la trayectoria española de la machicha. Pero procastinaremos, al menos hasta mañana, no sin dedicar un último minuto al libretto de la zarzuela de Estelles, en el coro que cantaba esa canción:

CORO DE CONVIDADOS
No me crió mi madre
para marido.
Más vale ser buey suelto
que buey uncido.
Yo no tengo deseos
de ser casada,
porque de solterita
no falta nada.
Hoy se casa el Chapuza
con la Teresa;
yo apuesto cinco duros
á que le pesa,
porque cuando ella note
que tié mal vino,
pueda ser que se marche
con un vecino.
Hoy se casa Teresa
con el Chapuza,
que coge toas las noches
una merluza.
Yo apuesto á que á los ocho
días cabales
la pone el cuerpo negro
de cardenales.
¿También seis de la boda?
¿También vosotros seis?
Nos ha convidao ella.
Nos ha convidao él.
¿Verdá que es una
barbaridá?
¡Por parte de ella
sí que es verdá!
¡Vaya una boda!
¡Vaya un pastel!
¡Por parte de ella!
¡Por parte de él!
Eso no tiene
remedio ya;
¡arza pa alante,
vamos pa allá!
Vamonos á la boda
de la Teresa;
cerquita de este cura
ponte en la mesa,
y verás á los postres,
monona mía,
cómo los dos tenemos
más alegría.
Vamonos á la boda
de la Teresa;
pero has de tener juicio
luego en la mesa,
porque al llegar los postres,
me cargaría
que metieras la pata
con la alegría.
Vamonos á la boda, etc.
Vamonos á la boda, etc.
No me crió mi madre.
para marido.
No me crió mi madre
para casada.
Más vale ser buey suelto
que buey uncido.
Porque de solterita
no falta nada.

 

(*) Algunas muestras del renombre que llegó a alcanzar [Leopoldo Fregoli], son que la lengua italiana incorporó el vocablo “fregolismo” para indicar un modo de actuar a velocidad vertiginosa, que la psiquiatría bautizó como Síndrome de Frégoli el trastorno mental en el que se cree que impostores toman el aspecto de familiares y conocidos, o que en Cataluña, casi un siglo después de sus frecuentes pasos por Barcelona, sigue vigente la expresión “ser más rápido que Fregoli”. Precisamente aquí fue objeto de repetidas evocaciones por parte del poeta Joan Brossa. (Wikipedia)
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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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2 respuestas a La maxixe (2) es española

  1. ¡Qué interesante! Muchas gracias.
    Esa melodía la conocí de niño. Mi madre la cantaba con otra letra que me parecía propia de un humor muy antiguo:
    “Federico es un muchacho
    muy divertido,
    que se limpia los mocos
    con el vestido.”
    Unos años más tarde conocí Un Americano en París y di por hecho que esa melodía tenía una vida anterior. Mira por dónde, hoy la he conocido. ¡Gracias!

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