El canto de las sirenas (XL) – La última carta de Mozart a su padre, la belleza y la muerte

Quizá la mejor metáfora de esa concordia discors que forma el binomio de vida y obra de este gran músico lo constituye una de sus últimas piezas, el Adagio y rondó en do mayorK 617, compuesto para un mecanismo de relojería hecho de cristales.

Una pieza compuesta para el más frágil de los materiales, y escrita en el estribo de una vida a la que solo quedaba dar su definitiva despedida a través de algunos oratorios masónicos y de la Misa de Réquiem. 

En esa obra póstuma e inacabada (el Réquiem), o concluida por el discípulo Sussmayr, parece como si la Muerte pueda ser palpada y acariciada en su horror y en su promesa de “eterna luz” y de “perpetua paz”. Y es que Mozart, por convicción acentuada tras su conversión masónica (…) concebía la muerte como la finalidad cumplida de la propia vida, cuyo rostro debía ser descubierto en su brillo y en su belleza, o en todo su esplendor. 

Ya que la Muerte, mirándola bien, es el verdadero objetivo final de nuestra vida, y por eso desde hace unos años me he familiarizado tanto con ese amigo verdadero y bueno del hombre, cuya imagen no tiene ya nada de espantoso para mí, ¡sino de muy tranquilizador y consolador! Y doy gracias a Dios que me ha concedido la felicidad de tener ocasión (usted me comprende) de conocerla como la llave de nuestra verdadera felicidad. Nunca me acuesto sin pensar que quizá, por joven que yo sea, no veré el día siguiente, y nadie de todos los que me conocen podrá decir que fui malhumorado o triste en mi trato. Y por esa felicidad doy todos los días gracias a mi creador y se la deseo de corazón a todos mis semejantes.

¿Quién puede seguir afirmando, ante esta confesión, pronunciada para dar aliento a su padre Leopold a punto de morir, pero emergida de la más interna y radical convicción, que Mozart no consiguió en sus cartas comunicar las grandes verdades musicales que expresó en sus composiciones? 

Y el gran misterio de la música de Mozart estriba en que incluso en sus composiciones más trágicas, las que utilizan la fatalista tonalidad del sol menor (el quinteto en esta tonalidad, la penúltima sinfonía, n.° 40), o los conciertos para piano y orquesta en tono menor (re menor, n.° 20, y do menor, n.° 24), jamás está ausente la sensualidad más voluptuosa. 

Quizá la clave de ese misterio (…) se halle en esa percepción de la muerte que nos transmite la carta última a su padre. En lo cual no hace sino cumplirse el más hondo pensamiento sobre la inextricable vinculación entre la belleza y la muerte. Algunos grandes poetas y escritores han sabido constatarlo: Von Placen, en un célebre poema, Thomas Mann en muchos pasajes de sus obras, especialmente en La muerte en Venecia, y en algunos de sus ensayos. Charles Baudelaire en su “Himno a la belleza” en Las flores del mal, por citar los más obvios. 

La belleza es, quizás, el aparecer mismo, en el límite, de un misterio que nos huye y se nos sustrae, y al que irremediablemente nos encaminamos: el que la muerte encierra como incógnita que no puede despejarse en esta vida, y que se nos impone a modo de puerta cerrada (…), es el rostro visible y sensual de ese misterio que en la muerte se materializa y encarna. Es el esplendor sensible y sensorial del rostro de la muerte. Eso es quizá la belleza. Mozart lo supo a la perfección. Y su música lo mostró y demostró del modo más contundente. 

La extraordinaria carta de Mozart a su padre, la última que le escribió, prueba la lucidez que acompañaba a su aventura musical, o la profundidad e inteligencia de que podía hacer gala en los momentos extremos. La misma que a manos llenas desplegaba, en forma de composiciones musicales, a través de toda su obra de creación. 

____________________________________________________________________________________________
Todo lo que en estas páginas aparece en este color verde, son citas literales del libro El canto de las Sirenas de Eugenio Trías; en negro están los ajustes gramaticales, lo resumido y todo lo que proviene de su texto. Y en este azul, lo añadido, comentarios propios y definiciones o explicaciones de terceros, a menudo de la wikipedia.
Anuncios

Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
Esta entrada fue publicada en Clasicismo, El canto de las sirenas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

12 respuestas a El canto de las sirenas (XL) – La última carta de Mozart a su padre, la belleza y la muerte

  1. Josep Olivé dijo:

    Maravilloso el manuscrito con que arrancas el post! Preciosa ortografía! I el texto de la carta es magnífico y estremecedor. En su brevedad se encierra un profundo y sentido aliento no por la muerte, sino por la vida. Tal vez de las mejores cartas de Mozart, si no la mejor. Y es cierto que a través de sus cartas podemos seguir su paradigmática evolución artística, pero también sus contradicciones e inconsistencias vitales y humanas, que las tuvo. Y del texto de Marías pues yo creo que destila más filosofía que la que el propio Mozart podría intuir. Las tonalidades menores no són fatalistas estricto sensu. Ni tienen por qué ser trágicas. Que tengan momentos estremecedores no quiere decir que globalmente lo sean. Ninguna de las obras que menciona Marías lo es, y una de las cualidades probadas de Mozart es que nunca su música denotó sus momentos trágicos, más bien todo lo contrario. Que la belleza sea el rostro visible y sensual de la muerte me parece un cita filosófica un poco atrevida. Al menos por lo que yo entiendo por la belleza. Precisamente yo creo que si hay un músico absolutamente desprendido de intenciones filosóficas en su obra ese es Mozart.

    • José Luis dijo:

      Lo cual no quiere decir que otros no puedan filosofar a partir de su obra. La verdad es que no me gusta nada ni el tono ni el “nivel” en el que se mueve Trías, pero siempre encuentro en las páginas de ese libro cosas interesantes.

      No me parece tan aventurada la cita, si piensas en la belleza de la música triste. Cambia la belleza por “una de las formas de la belleza” y muerte por dolor. Y en cambio, muy agosarado 😀 me parece decir que la música de Mozart “nunca” “denotó sus momentos trágicos”, empezando (o acabando) por el requiem. Y esta semana sale un apunte que vale al respecto.

      Ya va bien que Trias cabree un poquito para animar el cotarro…

      • Josep Olivé dijo:

        Ni su Requiem denota “su” momento trágico. Si de un músico no puede hacerse un guión de lo que fue su vida a través de su música ese músico es Mozart. Ninguna de sus partituras trasluce sus penurias, sus enfermedades, sus problemas familiares, su rápido descenso de popularidad en Viena, su declive social, su soledad y su muerte. Ninguna. Ni el Requiem. El Requiem fue un encargo de un individuo influyente, no ercuerdo ahora el nombre, con cierto conocimiento musical en el que a cambio de un precio pactado dispondría de la partitura de Mozart y le pondria su nombre. Mozart estaba en aquella época hundido en deudas y teniendo que costear la estancia de Constanze en un balneario enferma (cosa altamente dudosa…lo de enferma). Necesitaba ese dinero y por eso se prestó a hacer de “negro”. Así como suena. Tampoco ahora recuerdo la razón por la cual no se llevo a cabo tal atropello, però Mozart empezó y desarrollo gran parte del Requeim bajo estas circunstancias. Y lo que la música del Requiem denota es toda la tragadia que un Requiem debe atesorar.

        • José Luis dijo:

          Toda la tragedia que un requiem debe atesorar, pero que uno expresa tanto mejor cuanto más lo sienta. Seguramente tienes razón en que no se dedicaba a componer esto o lo otro en función de su estado de ánimo, y parece evidente que en las peores circunstancias era capaz de hacer música muy alegre, pero si estaba viviendo una tragedia y lo que componía era trágico, habría que estar en su piel para afirmar que eso no añadía un plus de sentimiento. En todo caso, creo que tu comentario es más que conveniente, porque lo que no hacía era escribir para sí mismo, y leyendo a Trias, aunque tampoco diga lo contrario, puede quedar esa sensación.

  2. timamót dijo:

    Molt d’acord amb els adjectius que Josep Olivé dedica a la carta de Mozart a son pare.
    Menys d’acord amb les cites d’en Trias. En tots els fragments que de tant en tant reprodueixes i il·lustres, em fa sempre la impressió que l’autor té una idea o raonament a priori i el col·loca forçant “la demostració”.
    Aqui sembla que el contingut d’aquesta carta estigui marcant les seves últimes obres. Però si la carta és d’abril del 1787 i Mozart, com ja sabem, mor a finals de 1791 hi ha moltes més coses en la seva música. Només cal pensar que en aquests 3 anys i mig de distància hi ha molta producció de Mozart: Don Giovanni, Cosí fan tutte, La Clemenza de Tito, La Flauta màgica … concerts de piano, sonates de piano, quintets i quartets, danses i lieders i la música masònica … i el famòs Rèquiem amb la història del misteriós encàrrec.
    Si penso en tota aquesta producció a mi no em sembla que la bellesa en Mozart sigui
    “el esplendor sensible y sensorial del rostro de la muerte. Eso es quizá la belleza. Mozart lo supo a la perfección. Y su música lo mostró y demostró del modo más contundente”.

    • José Luis dijo:

      Coincideixo plenament amb aquesta sensació de que fa trampa, però avui no és dels pitjors dies… Naturalment, Mozart no es passaria tres anys pensant a la mort, però la carta dóna mida de com anava madurant la qüestió, que sortia a la música, quan sortia. I, com li dic a JO, l’afirmació de Trias, que tampoc és d’ell, es pot entendre i acceptar si no es fa una generalització: Es absurd que ell pensés que era aquesta “la bellesa en Mozart”, però si una de les coses belles a la música de Mozart, a una vessant que la consciència adulta de la realitat de la mort fa més punyent i més bona

  3. lluisemili dijo:

    En lloc de “El canto de las sirenas” s’hauria de dir “El mareo de la perdiz”.

  4. Pau dijo:

    Corprendera carta…. el que em sobta sovint és el discurs a l’entorn del Rèquiem de Mozart, meravellós i celestial evidentment, però en bona part inspirat per aquest altre rèquiem de 1771 del seu mestre Michael Haydn:

    Mozart va ser un geni però va tenir molt en compte el seu entorn musical més sovint del que tots plegats imaginem i aquest rèquiem n’és un exemple eloqüent.

    Salut,

    • José Luis dijo:

      Sempre a punt per reivindicar tants noms desconeguts. Sortosament, no cal despullar ningú per vestir a cap altre, però aquest sorprenent exemple et dóna tota la raó. I just acabo d’escoltar el començament…

      • Pau dijo:

        Apa, ja tens material per una futura entrada al blog. Tenint en compte la magnitud del Rèquiem de Mozart, crec que situar-lo en antecedents ens pot ajudar a enriquir-lo en el seu conjunt. I en aquest cas, i per la importància històrica que ha tingut aquesta obra pòstuma de Mozart, reivindicar la figura de Michael Haydn és just i necessari. A Viena ho saben i fa pocs anys el Rèquiem seleccionat en el funeral solemne del darrer “monarca” va ser precisament el rèquiem d’Haydn:

        PD: Aquest funeral solemne és alhora un testimoni històric extraordinàriament fidel de la plenitud reial austríaca de l’Imperi dels Habsburg. Certament curiós…

Dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s