D de Dresde -y de director y de discovideografía- (De la A a la Z, 26 cosas -y más- que quizás no sabes de Richard Strauss)

d-dresden

El bombardeo en la Segunda Guerra Mundial de Dresde, la que quizá fue su ciudad favorita, sede de la Staatskapelle y en cuyos escenarios estrenó sus grandes óperas (en la Hofoper primero y en la Staatsoper a partir de Intermezzo) consternó a Strauss y le inspiró una de sus mejores últimas obras, Metamorphosen.  Uno de los temas de esta impresionante composición [1:23] cita la Marcha Fúnebre de la Heroica de Beethoven, en quien probablemente pensaba Strauss a la vez que lloraba por la ciudad destruida. En la partitura, junto a los cuatro primeros compases de la Heroica que se escuchan cerca del final, Strauss anotó las palabras “In Memoriam”, en la que algunos quisieron encontrar un homenaje a Hitler, algo difícilmente sostenible teniendo en cuenta que el dictador nazi se suicidaría dos semanas después de la conclusión de la obra. La teoría  fue además inmediatamente desmentida por Willi Schuh, un musicólogo muy cercano a Strauss, que señaló a Beethoven como lógico destinatario de la locución y de toda la pieza, en la que también se escucha la llamada del destino de la Quinta.

Pero, lamentablemente, también podría ser V de Viena en vez de D de Dresde, pues, aunque ya venía trabajando en Metamorphosen desde hacía tiempo, su partitura está datada el 13 de Marzo de 1945, un día después de la destrucción de la Wiener Staatsoper, y quizás fue ese hecho el impulso determinante de su rápida conclusión. O M de Munich, su ciudad natal, cuyo Nationaltheater fue también bombardeado en octubre del 43, y también se dice que fue la visión de sus ruinas la que le sugirió esa composición. Lo cierto es que llovió sobre mojado, y motivos no le faltaron.

D de destrucción y desastres, pero sin olvidar la D del director que trabajó en todos esos escenarios, una faceta en la que también destacó, aunque a veces pareciera aburrirle y él mismo se riese diciendo que dirigía con la corbata.

Curiosamente, en sus primeros años como director, su gesticulación era muy exagerada, y se cree que fue una recomendación médica la que, persiguiendo no fatigar excesivamente su corazón, le llevó al extremo opuesto. Pero en sus Reflexiones y Recuerdos prevenía a los directores contra el mal gusto de mostrar placer y sudar en público. Y tres meses antes de su muerte, mantenía su hieratismo cuando relevó en el podio a Georg Solti para dirigir el final del segundo acto en un ensayo de la representación de El caballero de la rosa con que le obsequiaron en su 85 aniversario.

Solti explicaría como le había aconsejado Strauss al preparar la ópera: “Recita nada más el texto y encontrarás el tempi adecuado… [y]… no hagas como suele hacer Clemens Krauss, marcando el vals en tres. Intenta mantenerte en uno.  Eso hace el fraseo más natural”.

Estilísticamente, Strauss “cultivaba la estética imperante en el siglo XIX del llamado espressivo, es decir, del manejo retórico del fraseo rubato, que le permitía, por ejemplo, diferenciar los diferentes temas de una obertura o un movimiento sinfónico a través de las modulaciones del tempo”, según explica Pablo L. Rodriguez, quien considera que el Strauss director ya merecía  pasar a la historia como tal, especialmente por su forma de abordar las óperas de Mozart. Y si se puede opinar en este sentido es porque Strauss se interesó pronto por los registros fonográficos y han quedado pruebas de su hacer. Lo que nos lleva a la última D, la de Discovideografía, con unas recomendaciones de Miguel Ángel González Barrio:

Música orquestal. La “Clásica integral”, de Rudolf Kempe con la Staatskapelle Dresden (años setenta) sigue siendo la mejor introducción al mundo straussiano. Interpretaciones inmarcesibles en las que brillan la transparencia, la claridad de texturas, la viveza, la musicalidad intachable y la finura de uno de los grandes directores straussianos. La reciente (2014) reedición en Warner (el grupo Warner compró EMI Classics en 2013), con nuevo procesado, da lustre a una colección definitiva. Como complemento, antologías de otras grandes batutas straussianas, como Fritz Reiner (Sony / RCA), Lorin Maazel, mago del color orquestal (Sony/RCA), Herbert von Karajan (DG) o Karl Böhm (DG). Quien busque lo último, el joven y dinámico Andris Nelsons con la City of Birmingham Symphony Orchestra (tres CD, Orfeo).
Lied. EMI Red Line publicó un CD impagable con una generosa selección a cargo de la exquisita y delicada soprano checa Lucia Popp y una Margaret Price en magnífica forma, acompañadas al piano con su solvencia habitual por el director Wolfgang Sawallisch.
Notable la integral de las canciones con piano de Juliane Banse y Andreas Schmidt, acompañados por Rudolf Jansen (Sony / RCA). Es de obligado conocimiento la mítica grabación de las Cuatro últimas canciones de Elisabeth Schwarzkopf y George Szell (EMI). Como la de Jessye Norman (una voz con mayúsculas, bella, cremosa, ancha, con cuerpo) y Kurt Masur (Philips).
Ópera
Salomé. Permanece inigualada la grabación de Karajan, lírico sin rehuir el expresionismo, de 1977 (Warner), con una esplendorosa Filarmónica de Viena y una joven y lozana Hildegard Behrens, de voz fresca y luminosa, como matizadísima protagonista. José van Dam, Agnes Baltsa y Karl-Walter Böhm completan el imponente reparto. El mejor registro moderno lo firma Giuseppe Sinopoli (DG), analítico e hiperdramático, con una toma de sonido espectacular. Cuenta con la estupenda Cheryl Studer, una Salomé que recoge el testigo de Ljuba Wellitsch y Maria Cebotari, Bryn Terfel en su debut discográfico y la experimentada Leonie Rysanek (Herodías).
En DVD es imprescindible la versión del gran Karl Böhm, insigne straussiano, y la Filarmónica de Viena, con Teresa Stratas, Bernd Weikl, Astrid Varnay y Hans Beirer, e inquietante puesta en escena de Götz Friedrich (DVD DG).
Elektra. La modélica grabación de estudio de Georg Solti (Decca), con una suntuosa Filarmónica de Viena y la gloriosa Birgit Nilsson en plenitud, de insultante facilidad en el agudo y un volumen que le permite campar a sus anchas sobre la orquesta, es justamente un clásico de la fonografía. En el Festival de Salzburgo de 1957 plasmó Dimitri Mitrópoulos una impresionante interpretación de la compleja partitura, desgarradora, poderosa, rica en matices, un tour de force que contó con feliz reparto: la gran cantante-actriz Inge Borkh, Lisa della Casa, Jean Madeira y Kurt Böhme (Orfeo d’Or). El mejor elenco, de auténtico ensueño, lo tenemos en una representación en vivo de 1965 en la Ópera de Viena. Nilsson, Rysanek, Resnik, Windgassen, dirigidos por Karl Böhm (Orfeo d’Or).
El equipo Karl Böhm-Filarmónica de Viena-Götz Friedrich es asimismo responsable de la mejor Elektra en DVD, un documento fundamental con reparto de campanillas: Leonie Rysanek, Catarina Ligendza, Astrid Varnay (grotesca, genial) y Dietrich Fischer-Dieskau (DVD DG).
El caballero de la rosa. Lo excelso es antiguo o está en DVD. Karajan, al frente de la Orquesta Philharmonia, firmó en 1956 un clásico ineludible, versión refinada y vívida, vienesa al 100%, que inmortalizó la Mariscala de Elisabeth Schwarzkopf, arropada por un elenco de altura: Christa Ludwig, Teresa Stich-Randall y Otto Edelmann (Warner). El vínculo con la gran tradición, el sello de lo auténtico, nos lo proporciona el virtuoso Erich Kleiber en un venerable registro (1954) de buen sonido (Decca). Transparencia, equilibrio, férreo control rítmico y reparto “de los de antes”: Maria Reining, Sena Jurinac, Hilde Güeden y Ludwig Weber.
En DVD es imprescindible Carlos Kleiber, inalcanzable, inimitable, genial, en Múnich (con Gwyneth Jones, Brigitte Fassbaender, Lucia Popp y Manfred Jungwirth) o Viena (con Felicity Lott, Anne Sophie von Otter, Barbara Bonney y Kurt Moll), ambos en DG. Christian Thielemann (con Renée Fleming, Sophie Koch y Diana Damrau), el más grande straussiano vivo, es responsable de una excelente versión moderna (DVD Decca).

Para abrir boca y como muestra de la calidad de estas elecciones, vale la última que hace Miguel Ángel Gonzalez Barrio, uno de los mejores tríos de El caballero de la rosa, con Soile Isokoski, Angelika Kirschschlager, Genna Kühmeier, la Filarmónica de Viena y el más grande straussiano de nuestros días, Christian Thielemann.

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El texto introductorio resaltado en azul pertenece a “26 things you may not know about Richard Strauss”, un trabajo de Chris Shipman en la web de la Royal Opera House.
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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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