I de Intermezzo -y de Im Abendrot- (De la A a la Z, 26 cosas -y más- que quizás no sabes de Richard Strauss)


La octava ópera de Strauss explora temas similares a Die Frau ohne Schatten, su inmediata predecesora, aunque en un tono más ligero. Strauss le había dicho a Hoffmansthal que estaba harto de simbolismos y que La mujer sin sombra iba a ser su última ópera romántica, pero ni su libretista ni ningún otro escritor quiso colaborar en una obra que pretendía retratar un conflicto de pareja de un modo realista, acorde a la dominante “Neue Sachlichkeit” (Nueva Objetividad), y fue el propio compositor quien tuvo que acabar haciéndose cargo del libreto, en prosa por facilitarse la tarea. Pero no se trató de una pareja cualquiera, sino de la suya propia, pues en Intermezzo, Strauss puso en escena un incidente que realmente vivió cuando Pauline, su temperamental esposa, leyó una amorosa carta dirigida (erróneamente) a él. Su papel, el de una mujer que, ya harta de tener que compartir con el mundo a su marido, un famoso director de orquesta, cree haber descubierto su infidelidad, lo interpretó en el estreno Lotte Lehman, quien, al felicitarla por el cariñoso regalo y el tributo que con esa ópera le hacía Strauss, se encontró con una enfurecida respuesta de Pauline, que hasta entonces no había sabido nada del argumento de la ópera: “Me importa un comino”. Y eso que la ópera, como su propia relación, acababa bien.


El título alude a los “Intermezzi” que se intercalaban en los descansos de la ópera durante el siglo XVIII, pequeñas comedias de enredo, a menudo sobre conflictos matrimoniales. Y de hecho, lo poco que se escucha con cierta frecuencia de esta “Comedia burguesa con interludios sinfónicos en dos actos”, como la calificó su autor, son precisamente sus interludios orquestales, nada menos que doce.

Porque, aun con joyas del calibre de este Ein hübscher Mensch! (¡Un hombre guapo!), maravillosamente interpretado aquí por Lucia Popp,

el conjunto suele ser considerado como un apagado eco de El caballero de la rosa.

Pero sería imperdonable no recordar la I de Im Abendrot, última en la edición de sus Cuatro últimas canciones y emocionante despedida de una larga vida en común.

IM ABENDROT
Wir sind durch Not und Freude
gegangen Hand in Hand,
vom Wandern ruhen wir (beide)
nun überm stillen Land.
Rings sich die Täler neigen,
es dunkelt schon die Luft,
Zwei Lerchen nur noch steigen
nachträumend in den Duft.
Tritt her und lass sie schwirren,
bald ist es Schlafenszeit,
dass wir uns nicht verirren
In dieser Einsamkeit.
O weiter, stiller Friede!
So tief im Abendrot,
wie sind wir wandermüde-
ist dies etwa der Tod?
EL CREPÚSCULO
Con penas y alegrías,
mano a mano, hemos caminado.
Reposemos ahora de nuestros viajes,
en la tranquila campiña.
A nuestro alrededor se inclinan los valles,
ya la brisa se ensombrece.
Sólo dos alondras alzan todavía el vuelo
soñando de nuevo en el oloroso aire.
Acércate y déjalas trinar,
pronto será hora de dormir,
para que no podamos perdernos
en esta soledad.
Oh, inmensa y dulce paz,
tan profunda en la puesta de sol,
qué fatigados estamos por haber caminado.
¿Será esta, entonces, la muerte?
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El texto introductorio resaltado en azul pertenece a “26 things you may not know about Richard Strauss”, un trabajo de Chris Shipman en la web de la Royal Opera House.
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Acerca de José Luis

Las apariencias no engañan
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