R de Ritter -y de revolucionario y de Ruhe, meine seele- (De la A a la Z, 26 cosas -y más- que quizás no sabes de Richard Strauss)

Alexander Ritter (cuarto por la derecha) en el círculo de amigos de Richard Wagner

Sin la influencia radicalizadora de Ritter, Strauss nunca habría escrito obras tan revolucionarias como Salomé y Elektra. Alexander Sascha Ritter (1833-1896) fue un compositor y violinista alemán de origen ruso que veía como auténticos dioses a Liszt y a Wagner, con cuya sobrina Franciska estaba casado, y que, con el terreno ya abonado por la emergente  estética del propio Strauss, le persuadió para que abandonase la santísima trinidad heredada de su padre, “Mozart (por encima de todos), Haydn y Beethoven” y  abrazase la nueva música. También fue Ritter quien le animó a componer poemas sinfónicos y a escribir su primera ópera, Guntram, aunque le decepcionó ver en su libreto un rechazo de la mezcla de ideales Schopenhauerianos y cristianos que también había tratado de imbuirle. Strauss reconocería en sus memorias que él había sido el responsable de su “conversión” a Wagner. Ya nada más conocerlo, lo comentaba a un amigo, el compositor austríaco Ludwig Thuille:

Mi educación me había dejado con algunos prejuicios contra las obras de Wagner y, en particular, de Liszt, y apenas conocía los escritos de Wagner. Ritter me puso al corriente pacientemente de ambos y de Schopenhauer hasta que los conocí y entendí. El tipo es magnífico y diabólicamente bueno para sacar petróleo de las pobres ideas de uno.

Así pues, algo tuvo que ver Ritter en que, cuando procedía y aprovechando la herencia recibida, Strauss levase anclas y llegase a ser un autentico  revolucionario, título que no le discutió ni el mismo Schoenberg: “Nunca fui un revolucionario. El verdadero revolucionario fue Richard Strauss”.

Pero la calidad se lleva ya en la sangre y, en este sentido es significativa otra R, la de la canción Ruhe, meine Seele! (Descansa, alma mía), sobre un texto del poeta Karl Henckell, primera de la colección de cuatro de su regalo de bodas a Pauline de Ahna en la que se halla la famosa Morgen. Esta canción de juventud contiene ya algo de esa atmósfera extática de una de sus últimas, la grandiosa Im abendrot.  Y es curioso que Strauss volviese a Ruhe, meine Seele! al final de su vida, orquestándola precisamente después de haber compuesto  Im abendrot.

Aunque la distancia no es solo temporal. La vida, y más la de un revolucionario, siempre deja su huella.

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El texto introductorio resaltado en azul pertenece a “26 things you may not know about Richard Strauss”, un trabajo de Chris Shipman en la web de la Royal Opera House.
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Las apariencias no engañan
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